¿Por qué crucificaron a Jesús? – David Sáenz #Columnista7días

Hoy la Iglesia Católica rememora la Pasión de Cristo. Los templos se llenan de nuevo para el culto de la exaltación de la Santa Cruz, rito en el que los fieles se arrodillan para besar el lado inferior del madero. En la noche, la asamblea se congregará para escuchar el sermón de las Siete Palabras y en muchos casos, depende de la liturgia, se recurrirá a las artes escénicas para representar el momento en que Jesús es bajado de la cruz y llevado al sepulcro.

Todos estos ritos se repiten año tras año y renuevan una pedagogía que ha tenido gran impacto en la cultura de muchos países, por ejemplo, Colombia. En este momento los lugares de culto se encuentran llenos, Chiquinquirá, Buga, Popayán, Monserrate, entre otros.

Sin embargo, aunque la comunidad de los fieles viva los ritos, poco reflexiona sobre las razones por las que crucificaron a aquel hombre nacido en Galilea y que según la tradición, murió a petición de la capa más observante y conservadora del judaísmo de la época y por orden del gobernador Poncio Pilato, quien tenía la función de velar por los intereses del emperador romano.

Es necesario decir que, buscar culpables a la muerte de Jesús sólo ha ayudado a ver la situación del crucificado de manera superficial y que ha conducido a graves prácticas como el antisemitismo. Por consiguiente, se hace indispensable pensar en qué cosas hizo Jesús para que incomodara tanto a quienes ostentaban los poderes religiosos y políticos de su época.

Jesús cuestionó la ley y la quiso humanizar, verbigracia, ayudó al enfermo y al desvalido en los momentos en los que la legislación lo prohibía. Esto le valía más que el cumplimiento de la ley a rajatabla que decía que los sábados no se puede hacer absolutamente nada.

Por otra parte, desafiaba a la ley de forma inteligente y sin recurrir a la violencia. Sus sentencias eran capaces de frenar la ira de la piedra, que en otras palabras era la ira de los machos. Hace unos días un teólogo me decía que la escena en la que los hombres más leguleyos le decían a Jesús que una mujer fue encontrada cometiendo adulterio y que según los preceptos de Moisés tenía que ser apedreada, era también un intento de apedrear a Jesús. Realmente ellos querían apedrear al nazareno. A él era a quien pretendían eliminar, precisamente por eso se agachó, después de decir que quien estuviera libre de pecado tirara la primera piedra. El teólogo me decía que, este evento no se explica bien y que se usa para dar a entender que todos somos pecadores y pare de contar. Lo que pretendía Jesús era desnudar la hipocresía, la doblez de aquellos hombres, pues si esa mujer fue encontrada en adulterio y los otros estaban tan seguros, era porque la causa del adulterio estaba en ellos mismos. ¿O acaso quién invita a un tercero a la intimidad?

Además de ello, Jesús cuestionó los nacionalismos y los fanatismos religiosos. Puso por encima al samaritano que no era judío. Le dio más importancia al hombre que se obsesionó por cuidar de otro, servirlo, ayudarlo, sólo porque era un humano. En este caso, hizo superior la bondad humana del que no era judío según la tradición de Jerusalén, antes que la de los hombres que encontraron primero al moribundo, que sí eran religiosos “correctos”.

A Jesús los milagros le parecían patéticos, tanto así, que les pedía a las personas que no contaran nada. De acuerdo con el teólogo español, José María Castillo, lo que demuestran los milagros de Jesús, es que al galileo le importaba la enfermedad, el hambre y los dolores existenciales de la humanidad, por eso les ayudaba, no porque fuera un vulgar milagrero.

Jesús puso de ejemplo al publicano en el templo, aquel que se sabía imperfecto, en cambio, desdeñó la figura del fariseo que se creía admirable. Jesús comió con los pecadores y los hizo sus amigos. Además, participó de la alegría de su pueblo en las bodas de Caná y se entristeció con los dolores de sus amigos, como en la muerte de Lázaro.

Ahora bien, querido lector, todo lo que se ha dicho en esta columna son lugares comunes, seguramente usted podría seguir pensando en qué otras cosas hizo Jesús, no obstante, hay una pregunta importante para pensar, ¿y si era tan bueno por qué lo mataron?, ¿por qué incomodaba tanto?

Lo mataron porque su vida y su carácter iban en una lógica distinta a los proyectos de los poderosos. Todo lo que hacía Jesús, así nos parezca bello, era incómodo, pues ponía en peligro los privilegios de algunos. Jesús era un maestro que invitaba a la gente a pensar. Les proponía una libertad interior. Los invitaba a no ser nacionalistas y priorizaba al ser humano y no a los ritos religiosos.

Ahora bien, hoy a ese Jesús liberador, amigo de las mujeres, pensante, crítico, bondadoso, también se le encarcela en los ritos, para que nos quedemos solamente con la imagen de un mesías todopoderoso, y no con la imagen de quien, en un país como Colombia, tan afectado por la violencia, nos dice que, primero hay que ir a reconciliarse con el hermano antes de traer la ofrenda en el altar.