Aunque mal paguen ellos… – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Durante siglos todos hemos escrito versos, máximas, décimas y catálogos de frases cargadas en elocuentes mensajes a la mujer.

También lo he hecho yo desde mi condición de compositor, sin embargo, hoy como homenaje a ellas, y a propósito de la pasada conmemoración del día internacional de la mujer, deseo llamar la atención de los lectores para fortalecer un frente común y elevar una voz de protesta por los permanentes atropellos que reciben las mujeres en medio de una sociedad machista, con errados conceptos que han ocasionado la más aterradora descomposición en los últimos tiempos de la que tengamos memoria.

La Organización Mundial de la Salud señala que la violencia contra la mujer, ejercida especialmente por su pareja, como la acometida sexual, constituye un grave problema de salud pública y una violación a los derechos humanos, ya que las estimaciones indican que alrededor de una de cada tres mujeres, es decir el 30% en el mundo, han sufrido violencia física y acceso carnal forzado.

Se indica que en la mayoría de los casos el agresor es la pareja y en todo el mundo casi un tercio, es decir el 27% de las mujeres de 15 a 49 años que han estado en una relación, informan haber sufrido algún tipo de intimidación física y sexual por su par, afectando negativamente la salud mental, genital o reproductiva de las mujeres y aumentado el riesgo de contraer el VIH.  

No obstante, aseguran los científicos, los crímenes contra la mujer pueden prevenirse y el sector sanitario tiene una importante función que desempeñar para proporcionar atención integral de salud a las damas que sufren violencia y como punto de entrada para derivarlas a otros servicios de apoyo que puedan necesitar.

Así las cosas, no basta con llevarles rosas, chocolates y serenatas, dedicarles versos y entregarles felpas con corazones encintados, acciones que muchas veces son protagonizadas maquiavélicamente por esos agresores que piensan reivindicarse con frases rebuscadas ausentes de su atrofiado léxico, por lo que las copian de manera torpe de los atesorados escritos construidos en la pluma de grandes pensadores.

Con cinismo y desfachatez algunos de esos morbosos pervertidos dicen, por ejemplo, que «la celebración a las secretarias es el día de ellas y la noche de los jefes”, aseveraciones que lamentablemente han hecho carrera y se convierte en modelos que siguen absurdamente algunos hombres para quienes la mujer se convirtió en campo de recreación y satisfacción de su voraz deseo corporal.

Esa mujer que está en un escritorio todos los días aguantando las fanfarronerías de su jefe, tiene en ocasiones esposo, hijos y familia, al igual que la cónyuge de aquel que con la manipulación de su poder piensa que se puede llevar a la cama todo lo que se mueva para ratificar su imperio y seguirlas subyugando fuera de la empresa.

En ocasiones las mujeres, a las que se les rotula con la etiqueta de secretarias o asistentes, logran librase de las garras de aquellos acosadores en la oficina y huyen de la escena sin sospechar siquiera que al llegar a casa hay otro agresor esperando por ellas. Como quien dice, “salen de Guatemala para entrar a guatepeor”.

Lo más triste es que ya se agotó la capacidad de asombro, porque los reiterados titulares de la prensa han vuelto costumbre lo que antes era tan asqueroso, que el solo hecho de leerlo, verlo o escucharlo causaba repudio. Ahora no, porque la parrilla de avances de los noticieros contiene en su gran mayoría el abuso a mujeres, e incluso las agresiones en contra de niñas y adolescentes se anuncia en tono tan animado, que más parece la narración de un partido de fútbol.

Entre los factores asociados a la crueldad de pareja y la violencia sexual se encuentran, el bajo nivel de instrucción, la exposición al maltrato infantil, el haber presenciado escenas de ferocidad al interior de la familia, trastorno de la personalidad antisocial, uso nocivo del alcohol, comportamientos masculinos dañinos como el tener múltiples parejas, normas comunitarias que otorgan privilegios o una condición superior a los hombres y una inferior a las mujeres, escaso acceso de la mujer a empleo digno remunerado y bajos niveles de igualdad de género; leyes discriminatorias que agudizan cada día más el problema.    

¿Será que esa parte oscura de la sociedad va a seguir corroborando con sus asquientas actitudes, que haber nacido mujer es una desgracia para muchas de ellas? 

La respuesta debe tener un NO rotundo, y para que no siga siendo simplemente el trillado tema de floridos discursos y esquemas propagandísticos, se deben intensificar las tareas uniendo a unos y otros: gobernantes, estado, entidades públicas y privadas y mucho más las entidades encargadas de la educación, ONG´s, medios de comunicación, familia y en general a todos los actores vivos del consorcio social para emprender cruzadas y detener a  estos pendencieros que al parecer vendieron su alma al diablo y ahora los tenemos con su cola larga, sus cachos enrojecidos y su aliento putrefacto haciendo de las suyas y causando temor y dolo.  

Muy importante también conocer los informes de los expertos donde se señalan las causas que originan tan repudiable aberración como: los antecedentes de agresión, discordia e insatisfacción marital, dificultades de comunicación entre los miembros de la pareja, conductas de control de la dupla por parte del hombre,  creencia en el honor de la familia y la pureza íntima, ideologías que consagran privilegios sexuales del hombre y aquellas sanciones jurídicas insuficientes ante actos de terrorismo erótico, así como la desigualdad de género y la aceptabilidad normativa de la agresión contra la mujer; causas profundas de esta demoledora realidad.  

A esta borrascosa faena se suma la repercusión que tiene el problema en los niños, por cuanto los menores que crecen en núcleos en los que hay crueldad pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales y estos modelos se asocian a la comisión o el padecimiento de actos de crimen y perturbación en las fases posteriores de su vida.  

Por fortuna, ya son muchas las fórmulas de escape que ante la alarmante crisis se han creado y por eso se implementaron procedimientos y protocolos donde incluso hay símbolos con lenguajes de señas para ser utilizados por las agredidas en espacios públicos, así como códigos y alarmas para dejar al descubierto a los soterrados psicópatas que muchas veces están más cerca de lo que ellas se imaginan.  

Cabe destacar la atención oportuna que ahora prestan las instituciones policiales ante cualquier aviso de acorralamiento, mecanismos éstos que deben ser impartidos de manera masiva a niñas, adolescentes y mujeres en el hogar, la escuela, la empresa y a través de programas de capacitación y prevención adelantados por los gobiernos locales, para que tanto las que lanzan los angustiosos S.O.S. como a quienes nos llegue el mensaje, lo entendamos para reaccionar de inmediato.  

Como lo he mencionado en varias oportunidades en estas columnas de reflexión, es apremiante y conveniente que los padres controlen y vigilen las publicaciones de imágenes que, de su cuerpo, hacen las adolescentes en las redes sociales, para no tener que justificar algunos de estos atropellos con adagios populares como: «si no te gusta lo que recibes, fíjate bien en lo que das».   

Claramente sabemos que estos casos no se pueden generalizar, toda vez que para tranquilidad de todos existe en mayor porcentaje, hombres y familias que actúan de manera correcta y mantienen en sus hábitos el respeto a la mujer, la aplicación de valores y lo más importante, el ejemplo que es la única y verdadera herramienta para educar y formar seres humanos de bien.  

De todas maneras, el caso de afectación y vulneración de los derechos de niñas, adolescentes, veteranas y matronas, tiene manifiesto de urgencia y por eso se debe tratar con la oportuna rigurosidad que el caso amerita, para que la comunidad toda se arme de valentía y de elementos de juicios con los que podamos salirle al paso a este cáncer tan malévolo como el alma misma de los cobardes bravucones.  

Mientras ello ocurre y se despiertan las conciencias, seguiremos rindiendo homenajes a ellas y hostigaremos el corazón pervertido de los violentos, si es que lo tienen, con el eco de acopiados versos, como los escritos en la bella obra “Orgullosamente Mujer” del maestro Héctor Ochoa Cárdenas, el pasillo de Alexander Cuesta «Mujer», el de Arnulfo Briceño «Siempre Mujer», la obra de Lucho Vergara «Mujer» o este verso que dejó aquí, de la pluma pródiga del compositor boyacense José Jacinto Monroy Franco.  

Mujer…   

Mujer beso de Dios hecho dulzura   

Ángel de la esperanza y del amor   

Inspiran sus miradas la ternura   

Que alejan la nostalgia y el dolor   

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