Política sui generis – Carlos David Martínez #Columnista7días

Hasta hace unos pocos años parecía imposible un gobierno de izquierda en nuestro país, haciendo la salvedad que hoy hablar de izquierda o derecha puede resultar anacrónico; lo más cercano en el tiempo a un gobierno progresista nos puede remontar a la década de 1930. Muy posiblemente la historia se puede repetir y es altamente probable que muchos de los cambios que se están proponiendo en la actualidad encontrarán límites presupuestales.

De cualquier manera, analizar la contemporaneidad no es algo tan fácil, la influencia de variables macroeconómicas, con unos procesos de globalización y un capitalismo financiero tan “evolucionados”, hacen muy difícil comprender aisladamente la dinámica local sin tener en cuenta las situaciones de otros países.

Puede resultar curioso, por decir lo menos, que se promuevan marchas para apoyar al gobierno, cuando la “tradición” son las marchas de oposición al statu quo. Pero esto no debería sorprender, si se entiende que se trata de manifestaciones democráticas.

Desafortunadamente, algo que no ha cambiado en este gobierno, que se presenta como uno de cambio, son los nombramientos con una perspectiva clientelista, digamos más política que técnica. Aunque esto es algo relativamente común, cada gobierno pone a la gente de su confianza, es algo se mantiene de la vieja forma de hacer política en nuestro país.

Es decir, estamos experimentando cambios que muchos colombianos han pedido, aunque hay formas “tradicionales” de “hacer las cosas” que se mantienen y muchos quisiéramos que cambiaran.

Entre las décadas de 1950 y 1970 en América Latina las dictaduras hicieron “tocar fondo” a varios países de la región, lo que llevó en algunos al surgimiento de gobiernos de izquierda y políticas de bienestar, los cuales, claramente, también tuvieron errores y defectos, pero se experimentó ese movimiento.

A diferencia de esto, en nuestro país donde la violencia bipartidista se afrontó con el Frente Nacional, digamos, el origen de la naturalización de la mermelada; es decir, mientras es algo común que los partidos se turnen el poder, por la voluntad del pueblo manifestada en las urnas, en nuestro país la repartija del poder se orquestó desde las élites, haciéndola algo “normal” o “natural”, una de las afectaciones más grandes a las formas de hacer política en nuestro país.

Lo que hará de este momento histórico algo sui generis en las formas de hacer la política va a depender mucho más de los ciudadanos que de la “clase” política, el empoderamiento para tener un pensamiento crítico que supere los caudillismos será algo clave para que los debates venideros gocen de argumentación en lugar de reminiscencias de la violencia pasada.