Dos municipios, una vida #UnsigloSinJulioFlórez

Esa fría mañana, el manto de la neblina empezó a levantar vuelo, disuelta por los cálidos rayos del sol, que se desbordaban incontenibles por el horizonte en los cerros de Iguaque. 

En tanto la madre del pequeño Julito, después de revisarle el traje de pies a cabeza, iniciando por la cuidadosa compostura del rojo corbatín, el consabido paso de sus blancas manos por las tirantas de colores, para luego vestirle la descuidada camisa entre la pretina del pantalón corto, el que le dejaba descubiertas las rodillas del inquieto pequeño, con la cosecha de cicatrices, las que ella quiso esconderle, tirando sin misericordia las medias  escocesas, en tanto la madre dejaba aflorar una sonrisa, en el instante que vio reflejada su imagen en el negro charol de los zapatos.

Entonces le depositó un tierno beso en la frente del niño , y alisándole los negros cabellos con la mano, procedió a humedecérselos con gotas de jugo de naranja,  para luego pasarle el peine de carey heredado de alguna de las abuelas, y seguidamente tomados de la mano, salir a la calle para con paso apresurado atravesar la plaza mayor, al ritmo del tañido de las campanas, que alegres llamaban la feligresía a misa.

El pequeño odiaba el jugo de naranja en su cabeza, solo se lo permitía por las tiernas historias, las que muchas veces la delicada voz de su madre, le contara con lujo de detalles, o los poemas que ella recitaba, mientras el enhebraba las agujas para zurcir las medias.

Una tarde, ella levantó esa caracola gigante, la que usaban para trancar la puerta de la sala, y acercándosela al oído, le dejo oír el sonido del mar, el que estaba guardado en el corazón de la caracola, mientras le contaba que su padre le había comprado la mágica concha al turco Abdala, para espantarle a las hijas todo pretendiente.  

Muchas tardes la dama le recitaba poemas del Caribe y otros mares desconocidos, el niño dejaba que su inquieta imaginación infantil, empezara a construir sueños en el encantador y mágico mundo de la poesía.

Los años se desgranaron, igual que las avemarías en el rosario de su madre, y el niño ya viejo, hoy permanecía sentado bajo la sombra de un enorme Caracolí, en la cima de una de las tantas colinas de la colonial Usiacurí, entonces la brisa fresca del atardecer le trajo recuerdos de familia, de pueblo chiquinquireño y rezos infantiles, sobre los que había construido su vida, en ese ocaso sintió con más fuerza la cercanía de la ternura materna, cuando Petrona se sentó a su lado y silenciosa como siempre, le depositó un beso en la mejilla.

El poeta amaba esos momentos, los consideraba sublimes, entonces sintió que su vida, igual que el atardecer del día, ya estaba cumplida, y quiso compartirle a la compañera de la vida, una de las tantas historias de la caracola, la de esa tarde cuando niño, que el pretendió con su pequeña mano, alcanzar el mar que se escondía en el fondo de la caracola, quedando atrapado en las profundidades misteriosas del mundo fantástico, donde hoy entregaba a la brisa marina, el último suspiro de su vida, para que se disolviera como la neblina sobre las verdes praderas de Chiquinquirá y las tropicales colinas de Usiacurí en el abrazo fraterno de dos regiones, llevando en el corazón del viento  sus versos, a los senderos de la eternidad en el tiempo sin tiempo.

*Por: F.J.S.C.

Flórez propiciador de Turismo Histórico

Usiacurí lugar de el ultimo respiro del Poeta Julio Flórez, es un municipio del departamento del Atlántico.

Llamado ‘El Pesebre del Atlántico’ sus viviendas pintorescas está montada sobre una irregular topografía, dando alusión a una tradición cristiana navideña. Cuenta con varios sitios de interés cultural y turístico como son la casa del Poeta Julio Flórez y las fuentes de aguas termales, su economía movida principalmente por la artesanía realizados con la palma de Iraca.

Uno de los principales y más importantes atractivos históricos y Turísticos esta la casa museo del Poeta Julio Flórez. A quien hoy rendimos homenaje por ser el precursor del Turismo Histórico en esta Ciudad, lo que ha impulsado su economía, y esa gran apropiación por cada uno de sus habitantes.

El municipio Hermano, Chiquinquirá, capital de la provincia, conocida por su riqueza en esmeraldas, se destaca por ser un destino de fe con un potencial en turismo histórico y ecológico. Aquí, precisamente por la visita del papa Juan Pablo II, en 1986 se construyó el parque que lleva su nombre constituyéndose un lugar de reflexión por su entorno natural.

Pero sin lugar a dudas el parque Julio Flórez hace parte de ese valioso patrimonio cultural, sede por varios años del comercio informal de esmeraldas, valioso tesoro ubicado frente a la casa y cuna de nuestro conmemorado poeta Julio Flórez.

Allí en el centro encontraremos su escultura, rodeado de amigos poetas, escultores, como Pio Alberto Ferro Peña, Rómulo Rozo, José Joaquín Casas. Generación tras generación Chiquinquirá mantiene su cultura de literatos y escritores, dando fuerza a encuentros anuales con los mejores escritores del país.

Este es el legado de nuestro poeta, y al cual damos gracias a través de instituciones como el Imdecur y la Secretaria de Turismo de Chiquinquirá, propendemos por cultivar en nuestros jóvenes procesos educativos y de alianzas que motiven las tradiciones, las pasiones por el arte y la cultura de nuestra ciudad, buscando atravesar horizontes, dándole el valor a nuestra identidad cultural y siendo sede importante del turismo nacional y regional.

Gracias, maestro Julio, gracias por el encanto, la magia y el sarcasmo impreso en cada verso tal vez será siempre la mejor manera de recordar al incomprendido y más recordado poeta.

*Por: Elsa Milena Ortega Pinilla,

Secretaria de Turismo, Patrimonio y Comunicación Pública de Chiquinquirá.