Aunque ya lo olvidamos, en el 2022 volvimos a la necesaria presencialidad en la educación – David Sáenz #Columnista7días

Hace un año todavía había mucha incertidumbre sobre lo que sucedería con la humanidad. Aunque la vacuna era un hecho, los contagios por COVID eran altísimos. Vivíamos una gran incertidumbre. En el ámbito de la educación, muchas universidades y colegios todavía no sabían cómo se daría el año 2022.

Afortunadamente, la vacuna permitió que hubiese una tregua y que los colegios y las universidades pudiesen retornar a sus infraestructuras. Con el regreso, no sólo hubo de nuevo alegría en los pasillos, en los patios, en los salones, los laboratorios, los campos deportivos, etc., también regresó el anhelado encuentro.

Ese anhelado encuentro, que después de varios meses, hemos dado por sentado, es necesario en la formación.  El otro interpela las posturas y nutre el conocimiento. El otro también hace que la experiencia de aprender sea más enriquecedora, puesto que, el saber que se comparte y que se transmite en una comunidad académica, logra generar en el estudiante una experiencia, una conexión, un recuerdo, una memoria…

Bien es cierto que, uno de los objetivos de la educación es la adquisición de una técnica, no obstante, la educación también tiene la pretensión, ya sabida, pero muy olvidada, de enseñarnos a vivir juntos, a debatir las ideas, a aprender de los demás y a dirimir los conflictos por la vía del diálogo.