¡Después del ojo afuera, …! – Carlos Andrés López #Columnista7días

Al margen de los impactos económicos que ocurren al peso colombiano y que le achacan en parte a cada cambio o a cada anuncio que hace el equipo del Gobierno nacional, hay algo tanto o más inconveniente para el país.  Se trata del riesgo de tener una recesión mundial en el año 2023.

Para entender de que trata, comencemos por su definición técnica. Se dice que un país entra en recesión económica cuando la producción de bienes o servicios se reduce durante dos períodos (trimestres) consecutivos, lo cual tiene un impacto negativo en la generación de empleo y en la disponibilidad de dinero en la población.

La causa principal de este riesgo económico mundial está dada por diferentes factores. La invasión rusa a Ucrania que desató una complicada crisis energética y un desorden de los suministros globales de productos rusos y ucranianos como cereales y fertilizantes. La marcada desaceleración de la economía china y la inflación creciente en muchos países del mundo, incluido Colombia. Económicamente hablando, según el Banco de la República, la inflación es «el aumento generalizado y sostenido de los bienes y servicios más representativos del consumo de los hogares de un país». Esto tiene como efecto que al tener que pagar mas por estos bienes y servicios, se pierde valor económico, por lo tanto, se podrá comprar menos productos con el mismo dinero.

En resumen, si China desacelera, la guerra recrudece la crisis energética de Europa, los suministros mundiales de productos rusos y ucranianos no se reestablecen o se recobran y no se logra un control sobre la inflación, estaremos ad portas de una crisis económica mundial.

Entendido esto, nos queda rezar por el buen juicio de nuestros gobernantes y padres de la patria para que dada las condiciones económicas externas (del resto del mundo) logren un balance entre las eufóricas ganas de cumplir rápidamente promesas de campaña (antes de perder popularidad) y la salud de la economía de nuestro país. Las cartas están sobre la mesa y de la forma como se jueguen dependerá también la forma como amortigüemos los impactos pronosticados por el Fondo Monetario Internacional para el 2023. Recordemos que «después del ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga».

lopezrinconcarlosandres17@gmail.com