La historia de brujería que marcó al municipio de Sora en Boyacá

En el siglo XIV la llamada santa inquisición liderada por Inocencio VIII instauró la caza de brujas que se extendió hasta el siglo XVIII y con la que se condenó a la hoguera a miles de mujeres en todo el mundo. En aquellos tiempos de hambre las mujeres solo tenían la opción de ser hija, esposa, beata, monja o bruja.

En Sora se dice inclusive que en tiempos de la inquisición se llegó inclusive a quemar a unas mujeres dentro de la iglesia. Foto: Archivo/Boyacá Sie7e Días.

Cualquier mujer que quería sobresalir en la sociedad podía ser catalogada como bruja ya que por su rol de cuidadora adquiría unos conocimientos relacionados con las yerbas para curar los males y esto de inmediato era castigado. Para sobrevivir las mujeres debían ser ‘normales’ es decir sumisas.

Según los antropólogos Carlos Pinzón Castaño y Rosa Suárez Prieto, para los soranos existieron tres clases de brujas: la escuchona que siempre era mujer, lleva el cabello largo y se transformaba en lechuza, se orientaba por la luna.

El segundo tipo de bruja era la cósmica que actuaba por medio de brebajes, tabaco, imágenes, tierra de cementerio, huesos y cabello. A la tercera categoría se le denomina espiritistas porque hacían sus brujerías a través de espíritus.

El origen de la historia de la brujería en Sora se remontaría a la leyenda de Bochica según la cual un día bajó Huitaca que era una bella mujer que enseñó al pueblo a emborracharse y a olvidarse de los cultos religiosos.

Ella también les enseñó las artes de la brujería y así aprendieron a convertirse en animales nocturnos que robaban la energía a los otros. Huitaca propagó la envidia y por ello fue castigada por Bochica quien la convirtió en Lechuza. Por eso en Sora dicen que hay mujeres Lechuza.

La leyenda de Bochica que se habría desarrollado en la Laguna de Iguaque, a pocos kilómetros de Sora, habla además de que la luna regiría en adelante las enfermedades, la muerte y la hechicería y el sol sería el productor de la energía vital.

Y es que, aunque ya no queda sino el cuento, el municipio de Sora, a tan solo 20 minutos de Tunja, fue reconocido como una de las tres potencias de la brujería en Colombia, junto a Cartagena y Mompox.

Su corto nombre proveniente de vocablos muiscas traduce ‘Adoradores del diablo’. Sin embargo, hoy a muchos, incluidas sus autoridades, les incomoda solo que les mencionen o que les recuerden ese oscuro capítulo de su historia, esos mismos hechos que llevaron a Sora inclusive a ser motivo de estudio por parte de antropólogos de la Universidad Nacional y de la que salió hasta un libro: ‘Las mujeres lechuza, historia y cuerpo de la brujería en Boyacá’. 

No todos los soranos lo aceptan, aunque no pueden olvidar los nombres de Leoncia y Saturia, las brujas más famosas, junto a otras que hacían males, pero que ya murieron. Estas mujeres vivían cerca del pueblo y eran conocidas por sus poderes. Algunos al nombrarlas aún lo hacen con miedo.

Según Carlos Pinzón, uno de los antropólogos que ha investigado sobre el tema, “desde un punto de vista académico no hay brujas allí, pues éstas son un producto occidental, de la Edad Media, que cumplía un papel específico de contracultura ante el poder religioso. Lo que había en Sora eran más bien hechiceras”.

Aunque en la actualidad la figura de la bruja se ha caricaturizado, lo cierto es que estos personajes han permanecido a través de los siglos. Las brujas han dado para todo, hasta para celebrar un día como hoy, la llamada Fiesta de Halloween o también conocida como la noche de los niños.

*Con información de EL TIEMPO