La doble moral, abominable y usual práctica – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días 

Doble moral. Esta frase la utilizamos frecuentemente cuando las personas manejan fachadas para esconder, tras antifaces, sus genuinas acciones.   

Moral significa normas, reglas de convivencia y conducta, la práctica de buenos hábitos enmarcados en el respeto, la honestidad, la solidaridad, la justicia, la sinceridad, lealtad, gratitud y ecuanimidad.    

Cuando hablamos de moral nos referimos también a las acciones y la manera de obrar de los seres humanos en relación con el bien, que influye por su puesto, tanto en el ámbito personal como en el colectivo.   

Las conclusiones de humanistas refieren al término moral como el sentido opuesto al de inmoral, es decir, todo aquello que está en contra y que tiene que ver con el ejercicio de las personas en todas sus manifestaciones, donde juega un papel preponderante la introducción de valores; tan promulgados por la gente, pero ignorados a la hora de confrontar lo que se dice con lo que se hace.   

En la mayoría de los casos el individuo prepara un libreto con el que se pavonea en público, haciendo aseveraciones de muy alto calibre en materia de redacción o la utilización de adjetivos rebuscados y con ese discurso de portada, convence, atrae, enmaraña, enreda y en muchas ocasiones logra influir tanto en el pensamiento de los demás, que convierte a sus pares y cercanos en fanáticos agitadores de su pensamiento.  

En el campo político la doble moral es utilizada en su máxima expresión y es un secreto a gritos que casi todo lo dicho por un candidato o un político es la revelación de los que el pueblo quiere oír para consolar y adormecer sus dolores a punta de buen verbo y propuestas fantasiosas, pero que a la final distan mucho de la realidad y más aún cuando las soluciones son de enorme tamaño frente a presupuestos e inversiones.  

En esa misma área la doble moral se pone al rojo vivió en el ejercicio del mal llamado control político, las campañas, en el ejercicio del poder, en las componendas amañadas por debajo de la mesa y en esa abominable artimaña donde la palabra pierde valor y las buenas prácticas son atropelladas sin piedad. Pero según afirman los “entendidos”, eso es normal y así se debe jugar en ese campo donde se pervierte la verdad y se ensalza la mentira, la trampa y la hipocresía. 

En el huerto personal la doble moral se usa también de manera frecuente y llevamos a la mesa de familia y amigos la crítica implacable en contra de hechos y personas, a sabiendas que lo que se está afirmando no atiende a la veracidad y menos cuando asumimos el papel de jueces implacables, al mismo tiempo que espantamos el humo que pulula por el ambiente, ya que muchas veces el que habla y vocifera tiene más “rabo de paja” que un nido en primavera.   

Y qué decir de la doble moral cundo nos referimos a relaciones sentimentales y amoríos clandestinos de unos y otros, cuando se tiene un prontuario tan grande que el solo hecho de arremeter contra alguien por deslices, se tipifica como la más grande desfachatez, es ahí cuándo aplica el dicho popular que reza: “un burro hablando de orejas” o la revelación del pasaje bíblico que nos enseña una de las tantas parábolas de Jesús ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Dicho esto, la idea de la doble moral en este marco permite aludir al criterio que usa una persona cuando se comporta de dos maneras distintas respecto a una misma situación y se convierte en injusticia, por cuanto implica una violación a la imparcialidad y la rectitud.   

Para los que usan la doble moral con la misma regularidad que el cambio de ropa interior, se vuelve recurrente acudir a varias artimañas como mecanismo de defensa; entre ellas la victimización, la justificación de todo lo hecho, la “brabuconada” y la utilización del “Fue que”, “es que”, “yo pensé que”, y otros adjetivos manoseados con habilidad soterrada para salir siempre bien librado(a) o caer parado(a) en cualquier circunstancia adversa.  

Cuando una madre o un padre no condena las travesuras de sus hijos con la misma severidad que lo hace con los del vecino a pesar de que sean iguales, también evidencia una doble moral y lo mismo ocurre con los jefes en entidades y oficinas que en ocasiones suelen castigar a unos por cometer faltas iguales o más leves a las que accionan sus protegidos, a sabiendas que los cercanos a su círculo de aduladores son más incompetentes, pero estos últimos experimentados mañosos y habilidosos estrategas a la hora de justificar sus nefastas acciones.   

Al hacer esta clase de deliberaciones en mis ya acostumbradas y a veces controvertidas columnas, me encuentro con datos realmente fascinantes y más cuando indago en los términos e investigaciones como ésta en la que encontré un sabio análisis con el que me identifico plenamente:  

“La pregunta fundamental que debemos hacernos ante este tipo de actitudes es siempre la misma: ¿cuál es su origen? Detrás de todo rasgo negativo, de todo crimen y acto de violencia, hay una historia, probablemente similar a la que ha escrito el sujeto.   

Esto no significa que debamos aceptar el maltrato simplemente porque los victimarios hayan sido víctimas en el pasado; por el contrario, en lugar de simplemente aceptar los hechos, podemos intentar llegar al punto en el cual la persona comenzó a torcerse, para aprender más acerca de ella, de nosotros mismos y de nuestra especie en general.    

Hasta un cierto punto, la doble moral puede ser parte de la tendencia natural adefender a nuestra manada: no nos gusta que los demás hablen mal de los nuestros, y esa necesidad de protegerlos puede llevarnos muchas veces a “maquillar” sus errores. Pero cuando las acciones que encubrimos son de una cierta gravedad, todo cambia, especialmente si nuestra negligencia puede perjudicar a un tercero”.    

De todas maneras, la doble moral será siempre un acto execrable y más cuando es ejercido por aquellos estrategas que juran y creen que con su verborrea impostada engañan a todos, pero no es así, porque siempre habrá personas más inteligentes que a la final los pondrán en evidencia.  

En estos momentos cuando se nos llena la boca hablando de corrupción, desigualdad, polarización y división nacional, bien vale la pena hacer un acto de contrición para empezar por solucionar este mal en cuya práctica se refunde la sinceridad y se niegan posibilidades ciertas a la paz, que ahora y como ejemplo fideligno de la doble moral, ha encontrado en los protagonistas de matanzas, secuestros, narcotráfico, violaciones, masacres y otra serie de barbaries a sus más sínicos representantes, hablando de concordia y acuerdos sin haber revelado siquiera el paradero de tantos miles de asesinados y desaparecidos que aguardan en el fondo de la manigua por un entierro digno que le dé algo de tranquilidad a sus familias.

Finalmente, es importante entender que hay un deseo en la gran mayoría de los seres humanos de llevar a cabo todo aquello que no está permitido y casi siempre se cae en la tentación de hacer lo que no ha sido autorizado en los esquemas individuales o de la sociedad, esos mismos esquemas que nos han trazado la ruta de lo que es o no debido y sobre lo cual reputamos, examinamos y sentenciamos con despiadadas aseveraciones, a sabiendas que todo lo que criticamos y fallamos es lo mismo que hacemos a diario, pero que como el gato, tapamos solapadamente los excrementos, convirtiendo en campo minado nuestra conciencia.