Gini no me decepciones – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

El coeficiente de Gini puede usarse para medir la desigualdad en los ingresos, la desigualdad en la riqueza, entre otras formas de distribución desigual. Es Corrado Gini (1884-1965), un italiano estadístico, demógrafo y sociólogo, quien desarrolló este coeficiente a inicios del siglo XX.

Cuando en las noticias se habla de crecimiento económico, esas noticias siempre estarán incompletas si no se analiza concomitantemente los niveles de desigualdad en los ingresos. Como bien lo ha explicado el contemporáneo economista francés Thomas Piketty, vivimos tiempos en los que el crecimiento económico no siempre se correlaciona con mejoras salariales o con más empleo.

Aunque Corrado Gini era de esos intelectuales que pensaba que “un hombre de ciencia” podía, e incluso debía, liberarse del contexto político para mantener su plena objetividad, evidentemente en la actualidad las lecturas del coeficiente de Gini para medir la desigualdad en los ingresos de un país pueden variar en función a la postura política que se le aplique.

Después de una larga tradición de Robin Hoods al revés, que promueven impuestos regresivos que exponen como progresivos, ahora resulta que hablar de equidad lleva a que algunas personas declaren un miedo, en apariencia matemáticamente justificado, por la posibilidad de que “nos igualen por lo bajo”, como si el único camino hacia la equidad fuera el de hacer a todo el mundo pobres para que todos seamos iguales.

Volvamos a las matemáticas, o a la estadística y la economía, para ser más exacto, el uso del coeficiente de Gini requiere que nadie disponga de una riqueza neta negativa; digamos de manera sencilla que los ingresos de unos no se desaparecen para equiparar la balanza.

Una política gubernamental eficiente para luchar contra la desigualdad debe trazar caminos claros de desarrollo y de crecimiento para que se pueda repartir la torta mejor para todos.

Hay casos de países con poca desigualdad, pero con mucha pobreza, nadie va a afirmar que ese escenario es maravilloso, pero tampoco tiene sentido suponer que la desigualdad es la mejor opción.