Beso en el pescuezo y pal charco – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

En el marco de la democracia y la libertad de expresión resulta maravilloso que las personas se expresen sin recurrir a la violencia, aunque existe una tipología que algunos denominan violencia simbólica que vale la pena descifrar en los discursos que circulan en las calles.

Tal vez la intolerancia más extrema consiste en preferir la muerte sobre el diálogo, por eso puede generar algo de tristeza, o como mínimo sorpresa, el resentimiento o la ignorancia que lleva a alguien a manifestar que es mejor matar a discutir.

Aunque puede ocurrir que lo que algunos señalamos como ignorancia o resentimiento, para otros puede significar realismo o conciencia histórica. Vale la pena pensar en un presente diferente y en un futuro con más tolerancia, así parezca una pretensión romántica o una negación de una parte de la historia.

En lugar de ríos que ocultan muertos, víctimas y victimarios, prefiero pensar en la imagen del charco, con una profundidad baja, que permita visualizar los rostros, alegres, tristes o serenos, con vida, con la mesura de aguas tranquilas pero abundantes en encuentros y juegos que enaltecen la amistad y la emancipación.

Contrario a un tiro en la cabeza como una forma de confrontación; sueño con palabras que enarbolen cultura y educación para que las ideas no se combatan con muerte sino con deliberación; prefiero el mensaje juguetón de un beso en el cuello, cuando no se alcanzan las mejillas o los labios; besos que no representen la posesión del otro, ni la imposición de una única forma de amar, así sean inesperados, simplemente besos para amar y dejar vivir.

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