Los peligros del Bullying – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días 

… Madre hoy no me levanto, no quiero ir a la escuela, ¿qué estás diciendo mi niño y a santo de qué te niegas?… 

Así inicia una de las canciones más emblemáticas de la balada en Latinoamérica de Manolo Galván titulada “Hijo de ramera”; una obra compuesta en los años 70 cuando ya se presagiaba el desajuste emocional que sufre una persona, y más un niño al ser rechazado por sus compañeros de clase.  

Los seres humanos queremos y anhelamos siempre ser aceptados por el núcleo más cercano, bien sea en la escuela, el trabajo, el barrio o cualquier otro espacio al que por efectos sociales pertenecemos y hace obligatoria nuestra relación con los demás. 

En la mayoría de los casos al recién llegado se le practica toda clase de pruebas antes de ser admitido y en ocasiones se abusa de esa vulnerabilidad para exigirle dádivas, atenciones y toda clase de prebendas que lo haga acreedor del tiquete final de ingreso a los grupos de nuevos “amigos”, compañeros, vecinos o allegados a los primeros anillos de indulto. 

En el caso de colegios y centros educativos la persona es sometida a toda clase de pruebas y el más astuto diseña un completo catálogo de condiciones entre las que está el soborno y hasta la extorción, toda vez que el que está en periodo de prueba debe hacer sus trabajos, pagar las onces diarias, cargarle la maleta y hasta servir de servil en todos los momentos de la vida escolar, so pena de ser abucheado matoneado y agredido por el hábil cabecilla de la clase. 

Hacer bromas pesadas, poner sobrenombres, ridiculizar, revelar secretos o particularidades físicas, imitar movimientos, poner de florero o de centro de mesa al asediado para hacer de él mofas inoportunas, obligar a la víctima a practicar algún acto irregular como fumar o beber alcohol para demostrar su fortaleza y juzgar peyorativamente todo lo que expresa el novato, son algunas de las repugnantes prácticas utilizadas por aquellos que se creen aventajados y posan de líderes implacables. 

De este desagradable momento se derivan graves consecuencias que marcan la vida de un individuo y muchos de ellos quedan sumergidos para siempre en hábitos inadecuados como las adicciones, el consumo de alcohol, las drogas y las demás derivadas de estas prácticas impuestas por quienes acosan, amedrantan e intimidan a sus sacrificados. 

Los expertos califican el bullying como el maltrato psicológico, físico o verbal que se da ya sea entre escolares, dentro del aula, redes sociales, entornos de trabajo y/o fuera de ellas y aseguran que por lo general se da durante un tiempo prolongado. 

Así las cosas, una víctima de bullying suele tener secuelas y cicatrices imborrables, más aún cuando en estos tiempos se pone en vitrina todo y se vocifera sin racero por las plataformas digitales donde queda para siempre en una especie de memoria colectiva muy difícil de borrar o corregir, por cuanto lo hecho, hecho está y difícilmente puede enmendarse lo publicado.  

¿Pero cómo podemos detectar a los protagonistas de tan sombría manipulación? 

Estos personajes por lo general son aquellos a quienes conocemos como extrovertidos y agresivos, a veces callados y escurridizos, amistosos, empalagosos y falsos, estrategas y de pocas habilidades sociales, inseguros y acomplejados, desordenados y mentirosos, fantasiosos y envidiosos. 

Todas estas características se les atribuye a esos maquiavélicos que quieren predominar sobre los demás a través de estrategias que les dé poder, ya que sus limitaciones son tan grandes que cualquiera los puede superar y entonces acuden a esas maniobras para convertirse en los capos de la gallada. 

Las consecuencias del bullying han sido funestas para la sociedad, porque a causa de esta abominable práctica hay miles de personas con problemas de salud mental propensas a desarrollar ansiedad, depresión y llegar, incluso, a la autolesión y el suicidio. 

Ante esta amenaza social es importante conocer lo que dicen también los científicos respecto a la manera como se puede combatir y aminorar esta deforme anomalía y por ello recomiendan que los adultos ayuden a los niños a entender el fenómeno del bullying para poderlo enfrentar de manera audaz.

Estar en comunicación permanente con los niños y jóvenes para entrar en ese mundo extraño y ensimismado donde no hay más que oscuridad, temor y miedo, es decir, hablar con ellos de forma regular, preguntar e indagar sobre sus “amigos” de cómo estuvo su día en la escuela y lo demás que pueda dar pistas sobre la verdad de sus actos y emociones es muy importante, porque, aunque pareciera que no, la víctima siempre envía mensajes de alerta de los que se debe estar vigilantes cual centinela.  

El ejemplo será siempre la mejor herramienta para empoderar a nuestros hijos de esos valores que nos ayudan a combatir las adversidades de la vida y por eso el respeto, la comunicación, la amabilidad, la tolerancia, la verdad y el aplomo en todos los actos se convierten en herramientas certeras con las que podemos combatir la arrogancia, el engaño, la mentira, la envidia y la traición cuyas características son atribuibles a los matoneadores. 

Con el surgimiento y crecimiento indiscriminado de las redes, ahora existen clanes, grupos y hasta organizaciones con estructuras jerárquicas dedicadas al matoneo, es decir que esta feroz estrategia se ha convertido en una empresa orquestada por personas inescrupulosas para quienes el dolor y la deshonra ajena son el néctar que los embriaga y sacia su voraz apetito. 

Un reciente caso acontecido en la universidad de los Andes de la capital de la república puso al descubierto a una red de matoneo liderada por un estudiante egresado del establecimiento quien había craneano una completa organización en facebook para flagelar a sus víctimas, por lo general de estirpe humilde, que no satisfacían el gusto del arribista matoneador. Otro de los tantos y aberrantes casos que a diario se presentan al interior de los centros educativos, tanto de básica primaria, bachillerato o de nivel profesional, a los que tampoco se escapan las empresas y entidades públicas y privadas. 

Otro ejemplo, no menos repugnable, es el matoneo y acoso que reciben algunos estudiantes por parte de sus docentes y directivos, quienes no soportan ver a un alumno exitoso, aventajado o precoz en sus prácticas y conocimientos y por eso se ensañan de manera tal en contra de ellos que no desaprovechan momento alguno para bajarles su autoestima aduciendo en todo momento que en el salón no hay estrellas y todos son iguales, una doble moral que atenta de frente contra la estabilidad emocional de niños, niñas y jóvenes. Este fenómeno es muy frecuente también en el ambiente laboral y hay varios lesionados que han tenido que recurrir a especialistas y centros de tratamiento mental para poder superar tales envestidas.

Esta recordación me remonta a las épocas de mi infancia cuando los domingos participaba en un programa de la televisión colombiana que se transmitía en vivo desde la sede del CAN en Bogotá y a mi regreso a mi ciudad y a la academia de música donde adelantaba estudios, una profesora me repetía en tono burlesco que «allí tocaba estudiar porque nadie tenía corona y la academia no era Animalandia»… por supuesto que las notas y el rendimiento eran muy sobresalientes lo que alimentaba aún más el rencor malévolo de la mal recordada «educadora».

Pero, quién lo creyera, en el hogar se presenta también este acoso cuando uno de los padres castiga al hijo a escondidas de su conyugue y le amenaza que: si dice algo le ira mucho peor; el bullying entre hermanos como otra forma de intimidación que causa trauma y deja heridas abiertas para siempre nacidas en la entraña misma de hogar entre hermanos, primos y cercanos a la familia.

De todas maneras, el acoso escolar, laboral, familiar o social siempre será una bajeza aborrecible y está en manos de todos, combatirlas, detectar e identificar a esos infiltrados que se agazapan tras máscaras de falso liderazgo y ahora se esconden también detrás de una pantalla para matonear al que sea sin contemplación alguna o para tratar de desquitarse de lo que, según ellos, la vida no les dio.  

Debemos estar siempre atentos para que nuestros hijos y cercanos no sean víctimas del matoneo, ni tampoco victimarios.