¿Cómo puede responder un docente universitario a las crisis emocionales de los estudiantes? – David Sáenz #Columnista7días

Esta es una pregunta planteada en las universidades. Tanto así que se ofrecen talleres de psico-orientación para que los profesores no sean indiferentes frente a los problemas emocionales de los estudiantes. Esto se hace con el fin de obtener alertas tempranas que permitan prevenir suicidios, o demás calamidades a las que se pueden enfrentar los estudiantes universitarios.

Aunque las intenciones de las universidades son buenas y son muy necesarias, también se hace ineludible considerar el papel del profesor, no como un “psicólogo”, que no lo es, sino como un motivador desde su disciplina. Por ejemplo, si un estudiante tiene situaciones que lo hacen tener pensamientos de animadversión y llega a una clase en la que el profesor es un gran conocedor del tema que enseña y lo sabe trasmitir, puede que el estudiante sienta motivación a conocer más, a aprender y a buscar bibliografía para llenarse de conocimiento.

Si el problema del educando tiene que ver con baja autoestima, colmarse de conocimiento le puede ayudar a ganar un poco de confianza en sí mismo. Si su problema es de soledad, probablemente no se volverá a sentir solo, puesto que los libros son una compañía. Por consiguiente, el accionar de un profesor frente a las emociones de los estudiantes, no es solamente ser empático, también consiste en proporcionar bibliografía y enamorar al universitario del conocimiento infinito.

Ese amor al conocimiento que puede trasmitir el docente, también tiene que estar acompañado de dulzura, de tratar al estudiante como un fin en sí mismo y no como un medio. Tiene que ver con motivar al estudiante a esforzarse, a pensar, a escudriñar y a rumiar. Este acompañamiento tiene que ser amoroso, desde ninguna óptica cabe la arrogancia. No hay pretexto para que el docente sea un ogro, el terrible adagio que dice que, la letra con sangre entra, desacraliza el bello hecho de aprender. La vida ya es lo suficientemente difícil para los estudiantes, así que los espacios académicos tienen que ser un oasis. Lugares en donde se eleve el espíritu.

En otro escenario, si un universitario con situaciones emocionales complicadas llega a una clase en la que el profesor poco sabe, o lo que sabe no lo transmite animosamente, sino que actúa con arrogancia y desdén, el estudiante sentirá más tedio y aburrimiento del que ya tiene.  Sus problemas se agrandarán. Si un docente se esfuerza en ayudarle al estudiante a salir de un estado mental calamitoso a través del conocimiento y del trato noble y humano, no solamente estará haciendo un trabajo importante para la construcción del aprendizaje, sino que también estará alimentando los espíritus abatidos.

En definitiva, si las universidades quieren ayudar en la solución de este problema, no pueden olvidar que una forma de combatir los problemas emocionales de los estudiantes no consiste solamente en tener canales de comunicación con psico-orientación, sino que estriba en hacer virtuosamente, o sea, con excelencia, el trabajo que se han comprometido a hacer: educar.

En efecto, las instituciones de Educación Superior tienen que hacer un gran esfuerzo para proporcionar los recursos necesarios en tiempo, en bibliografía, formación permanente y humanismo, para que los profesores logren hacer su trabajo de una forma humana y científica. Esto podría tener como resultado, estudiantes motivados, que salgan de las clases con deseo de conocer más, de leer, de pensar, de compartir lo aprendido y, sobre todo, de vivir.

Aclaro que con este texto no pretendo demeritar el trabajo de los psicólogos en las universidades, de hecho, creo que hacen mucho con lo mínimo. Solamente se hace necesario recordar que las universidades no son clínicas y no pueden tratar a los estudiantes como los asistirían en centros especializados. Por tanto, como se ha dicho, lo que pueden hacer las instituciones de Educación superior es hacer un trabajo óptimo para que el estudiante pueda transformarse a sí mismo a partir del conocimiento que se construye desde los centros del saber.

-Publicidad-