Viejos y nuevos contradictores – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

Muchos celebran como un triunfo de la democracia colombiana la llegada de un gobierno progresista vía elecciones, pero también hay personas que desdeñan del resultado y ponen en duda la legitimidad de algunas instituciones, como también existen quienes simplemente consideran que la democracia no es la fórmula más conveniente y que se debe cambiar todo el sistema para que se dé un verdadero cambio. 

En uno de estos espectros radicales la democracia conviene cuando los aliados están en el poder, pero se pone en duda las instituciones cuando se corre el riesgo de perderlo, una evidente y conveniente contradicción. En este grupo la oposición puede volverse peligrosa si se basa en el desconocimiento o el rechazo de la institucionalidad. 

En otro espectro están quienes siempre han desdeñado de la democracia como sistema político, para este grupo el gobierno actual es simplemente otro promotor del capitalismo salvaje con unos pequeños matices diferenciadores. Acá es difícil saber qué tipo de oposición se ejercerá ya que realmente es una novedad para el país un gobierno progresista en el poder y, adicionalmente, en un ambiente que favorezca la paz, en términos de cumplir lo pactado y promover nuevos diálogos, será muy compleja una oposición eficaz desde ese bando. 

Análisis similares se pueden hacer con algunos medios de comunicación, si bien se espera que sean un contrapoder, hay medios que atacaban a los gobernantes electos desde antes, de manera que será interesante observar qué tanto se moderan sus ataques o su nivel de oposición ante los nuevos dueños de la chequera que puede pagar abundante pauta. 

Puede ocurrir que quienes desean cambios radicales se vean frustrados por los límites de orden fiscal o jurídico, como también puede pasar que quienes estaban temerosos se vean aliviados al presenciar que los cambios se irán dando de manera más moderada a lo que se esperaba.  

El tiempo ayudará a calmar las aguas para que los colombianos entendamos que una mirada progresista no significa guerrilla y que la moderación razonada para lograr cambios no siempre significa complacencia con los poderes económicos. 

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