
Los últimos días del mes de junio han estado llenos de esperanza para quienes habitan este país. Quienes fueron los candidatos presidenciales de este año, se encontraron, se abrazaron y le enviaron un mensaje de respeto y de unidad a la ciudadanía y a los electores.
Por otra parte, lo que se pensó imposible también se logró: la reunión amistosa y respetuosa del Presidente electo, Gustavo Petro y su antigua némesis, Álvaro Uribe. Creo que es muy importante decir que es su antigua némesis, puesto que, a partir de ahora, estos dos políticos tan representativos para el país, pueden empezar a ayudar a Colombia a encaminarse por la senda de la reconciliación a través de sus prácticas y de sus ejemplos.
Otra de las grandes alegrías que el país está viviendo, es la entrega del Informe final de la Comisión de la verdad. El día martes 28 de 2022, el país recibió de manos del presidente de la comisión, Francisco de Roux, un informe que nos permitirá empezar a sanar heridas que se hace necesario perdonar para poder reparar un país que ha vivido una guerra tan injusta y sangrienta, la cual ha dejado más de nueve millones de víctimas inocentes.
Para que esta alegría no se empañe, se hace urgente que estos informes sean leídos y estudiados en las escuelas y las universidades. También se hace necesario que se lean entre amigos y en familia. Conocer lo escrito allí nos ayudará a comprender lo que ha sucedido en el país. Este nuevo conocimiento que ha sido construido especialmente con las voces de las víctimas, nos permitirá sentir este país y reconocerlo. Este nuevo sentimiento nos posibilitará transformarnos.
Hace unos años, Francisco de Roux decía en una entrevista que le concedió a la Revista Arcadia que, “un país sólo alcanza la grandeza cuando reconoce sus desgracias y sus bajezas. Alemania, ha logrado erigirse como una gran nación, no negando el Holocausto, sino aceptándolo y reconociéndolo”.
Ahora bien, en un país en donde los niveles de lectura son tan bajos, ésta también puede ser una oportunidad para mejorar en este aspecto. Seguramente, leer sobre nuestro dolor como país nos haga entender que la lectura puede ser una de las curas para sanarnos y para imaginar una nueva Colombia.