¿Colombia somos TODOS? – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Luego de conocerse el resultado de las elecciones presidenciales, y siendo coherentes con las reflexiones escritas en estas columnas de opinión donde el común denominador es y seguirá siendo la reconstrucción del tejido social, hoy es momento para hacer varias reflexiones.  

En primer lugar, y como sucede al otro día de una contienda, se debe restablecer el orden y la armonía que quedó desquebrajada a causa de la aguda polarización que mancilló las buenas relaciones entre los ciudadanos. Esto de ser posible, por cuanto los agravios fueron tantos y las heridas quedaron tan profundas que difícilmente se curan en un corto plazo, pero, sin embargo, hay que intentarlo con humildad, sin egos y con aplomo.

Muchos se darán cuenta que, con el fervor de sus acalorados escándalos, solo causaron parcelación, aborrecimiento y resentimiento entre los pueblos hasta el punto de vilipendiar sin pudor el nombre de viejos amigos a quienes señalaron con descalificados adjetivos y a los desconocidos para quienes solo hubo ultrajes, desprecios y falsedad encarnizada.  

Otros seguirán destilando resentimiento por todos sus poros y arremeterán con más fuerza a su adversario ya sea «triunfador» o «perdedor» y todo porque se debe hacer oposición al costo que sea llevando la contraria siempre al destino, llamando noche al día y luz a la oscuridad. 

Hoy el país amaneció con un presidente electo y así suene a frase de comodín, todos óigase bien, todos, sin importar colores ni partidos, debemos rodearlo porque estamos montados en un bus donde el elegido es el timonero y no debemos olvidar que al conductor se le debe acompañar, auxiliar en momentos de dificultad, conversarle para que no se quede dormido y nos mande a botes por el abismo.  

El recién elegido, por su parte, debe organizar sus cuadros directivos para saber rodearse de profesionales capaces, idóneos, visionarios y honestos, entendiendo la honestidad, no solo como el hecho de no robar, sino como aquellas acciones que se tienen que ejercer con coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace y es que nuestro país, tiene gente capaz que muchas veces por falta de oportunidades y padrinos políticos se convierten en cerebros fugados; aplicando al pie de la letra el pasaje de la biblia que reza: “nadie es profeta en su propia tierra”.   

Los retos que asume el nuevo mandatario son tan grandes que requieren de un equipo sólido, técnico, experimentado y sin mañas para arrojarse con audacia a las decisiones asertivas requeridas en momentos de tanta dificultad, procurando gobernar sin ese mediático retrovisor que nubla la mente y causa tanto daño a los que llegan a dirigir los pueblos empecinados en creerse el cuento que la historia comienza con ellos y que todo lo hecho antes de su arribo es malo, desconociendo la filosofía que asegura: «los hombres pasan y las instituciones quedan» y más cuando esas instituciones se han construido con la plata de todos los colombianos. 

En la salud, por ejemplo, el reto es enorme para mejorar la calidad del servicio, con oportunidad y eficacia, ampliando la cobertura y nutriendo de músculo financiero el sector, ya que, la debilitación y desaparición de ips hicieron tocar fondo al paupérrimo sistema y hoy el país atraviesa una de las crisis más agudas de la que se tenga referencia en toda su historia.  

Lo mismo ocurre con el sistema pensional que tiene en vilo a muchos colombianos, la deuda pública, el conflicto armado, las vías destruidas y colapsadas que impiden sacar los productos de la ruralidad, el desempleo, la cobertura y financiación de la educación superior, el fortalecimiento de tecnología, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales, el agro que no encuentra canales ciertos de proyección que beneficien de una vez por todas a nuestros campesinos, los impuestos agobiantes que mandan al traste cualquier deseo de hacer y crear empresa en el país, la inflación que alcanzó topes insospechados frente a un irrisorio salario mínimo que no está en sintonía con la realidad de la economía global, el abuso de la banca que se aprovecha de los más necesitados con tasas que ponen a pagar dos y hasta tres veces más los montos tramitados, la inseguridad disparada especialmente en los últimos tiempos, el tibio manejo de la cultura y de muchos otros sectores, y en fin…. tanto que hacer en un país donde el hampa y la corrupción se han convertido en el rótulo nacional que con dolor y vergüenza nos distingue en el mundo.  

Son muchos los desafíos que tiene el nuevo presidente de los colombianos y por eso las instituciones, los expertos, las agremiaciones y el ciudadano de a pie, todos debemos rodear al elegido mandatario y no como los que a partir de hoy llegarán con sus publicitados respaldos de partidos para pretender acomodarse nuevamente en la silla del poder y seguir “mamando de la teta” que por años les ha dado leche para el engorde de sus arcas y la de sus allegados. 

Cada mandatario llega con sus reformas debajo del brazo, sin embargo, el país no necesita más documentos escritos con letra muerta, sino realidades y soluciones a inmediato, mediano y largo plazo que logren de alguna manera curar los males que han hecho carrera en medio de leyes y más leyes con las que pupitrean y se rasgan las vestiduras los elegidos por el pueblo en una especie de show mediático utilizado como punta de lanza para sus astutas estrategias electorales. 

Las cifras y los resultados de las elecciones del día de ayer, es decir un 50.4% versus un 47.2 % demuestran que el país está más dividido que nunca, por lo que es urgente la unión cierta y pacífica de TODOS, y ese es otro de los tantos desafíos que tiene el hoy electo mandatario de los colombianos.

Pasó la campaña del odio, el desprestigio, los agravios, los abucheos y el rencor, y ahora debemos promover otra campaña, la del perdón, la solidaridad, la unión, la comprensión y la tolerancia, porque no hay otra forma de sacar a flote este barco en el que estamos navegando todos: ricos y pobres, creyentes y no creyentes, asalariados y desempleados, negros, mulatos, blancos, indígenas, mestizos, pacificadores y subversivos, y en fin…. TODOS los que hacemos parte de un bello mapa pintado de amarillo, azul y rojo llamado COLOMBIA.

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