¡Cesó la horrible noche!

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¡Cesó la horrible noche! 1

¡Cesó la horrible noche! La libertad sublime
derrama las auroras de su invencible luz.
La humanidad entera, que entre cadenas gime,
comprende las palabras del que murió en la cruz.

Al amparo de esta primera estrofa del himno nacional, el escritor y filósofo argentino Enrique Dussel, desde la agudeza de su mirada sociológica afirmaría que: “Hoy vivimos en un mundo donde nada concuerda, donde la virtud carece de genio y el genio de honor, donde el amor al hombre se confunde con el amor a los tiranos y el ejercicio de la libertad con el desprecio a las leyes. Un mundo donde todo es prohibido y permitido, verdadero y absolutamente falso; un mundo donde la conciencia solo arroja una dudosa claridad sobre los actos humanos”.

Es el análisis epistemológico del relativismo en todas sus acciones, sin que medie un principio ético que actué como árbitro del comportamiento humano. Este relativismo evidencia que no existen principios morales universales, ni absolutos, sino concepciones estrictamente particulares de la vida según el interés o el punto de vista de las propias subjetividades.

Ha terminado una compleja contienda electoral marcada por posturas de poder, por la emulación de los egos, donde escasearon las ideas programáticas y brillaron más las redes sociales con sus efectos virales de descalificación al otro; una contienda que se dedicó a fortalecer las emociones del miedo, la ofensa y el oprobio, alejada de los principios mínimos de respeto y dignidad. Un entramado estratégico complejo que debilito el deber ser como referente de comportamiento humano, y agudizó la crisis personal y social, colocándonos como contradictores en el libre y sano ejercicio de expresarnos, de pensar y decidir.  

Pero hoy es un nuevo día, porque la vida marcha hacia adelante y no se detiene en el ayer. Un cambio en la institucionalidad sin saber su destino final, no debería tener ganadores ni perdedores, debería tener una mirada colectiva hacia la búsqueda del bien común; no votamos por nuestros odios, sino por nuestros sueños de esperanza hacia la construcción de un mejor mañana.

Hoy tenemos la oportunidad en la diferencia colectiva, de construir una visión de futuro que supere las desesperanzas y los miedos. Las elecciones no deberían generar enemigos, sino aliados estratégicos para impulsar proyectos de vida hacia la grandeza de un mejor país.

Es necesario desde hoy ser parte de un diálogo común que como semejantes nos permita recuperar la confianza institucional, celebrar el triunfo de la democracia en condiciones de pluralismo, de diversidad, de dignidad, de bienestar y defensa de la libertad. Es el momento de construir la unidad en la multiplicidad de las diferencias pues la falta de unidad fragmenta la democracia y no nos permite construir oportunidades para solucionar los problemas de nuestro entorno y menos de nuestro país.

Es el tiempo de la participación ciudadana creativa para que muchas de las propuestas hechas en campaña se lleven a su realidad. Una vez terminadas las elecciones desaparecen las posturas de partido y aparecen los verdaderos servidores públicos que conectan la institucionalidad con las auténticas necesidades de las comunidades, la protección de los derechos humanos, la defensa de nuestras vidas, la superación de las brechas sociales, la atención prioritaria a los más excluidos y todas las demás promesas que comprometieron el honor y la voluntad de los gobernantes.

El verdadero poder político cuando es ético está verdaderamente al servicio de la sociedad y no de sus propios intereses, como el mejor correctivo para superar el escepticismo y el desprestigio que lo rodea.

*Víctor Leguízamo

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