El grave problema de creer que un estudiante no es un estudiante, sino un cliente – David Saenz #Columnista7días

Ser maestro en tiempos de neoliberalismo y de mercantilización de todo, incluida la educación, es una tarea incomprendida y difícil de vivir y de ser practicada. Quienes regentan los establecimientos educativos, en muchos casos, no saben de educación. Ven en la educación un servicio comercializable y por ende como un negocio. Al ser tratada la educación de tal manera, el profesor no es concebido, como un maestro, sino como un trabajador de servicio al cliente.

Ese cambio de relación que se encuentra tácitamente establecido imposibilita la labor de la enseñanza y del aprendizaje. Para poder enseñar, el maestro necesita pasar mucho tiempo leyendo, pensando, escribiendo, comparando y enterándose del mundo. Sus planteamientos en esta época exigen que no solo sea un asiduo conocedor de su disciplina, sino de los avatares de la sociedad. Sus ideas tienen que iluminar la realidad. 

Sin embargo, para ello, el maestro necesita de una formación permanente, varias horas de lectura diaria y de debate con los otros profesores y con los educandos. Por el contrario, en el modelo que estamos esto no sucede, al profesor le cuentan las horas a dedo de lo que tiene que hacer. Le cargan la espalda y la conciencia con tareas insulsas que poco tienen que ver con la labor de la enseñanza y del aprendizaje. Su tarea es incomprendida. Al maestro se le quiere tratar como un oficinista cualquiera o como un operario de poca importancia.

Del lado del aprendizaje, hay una gran diferencia entre ser un estudiante y un cliente. La palabra estudiante tiene su anclaje etimológico con la palabra latina studium, que hace referencia a afición, afán, inclinación. Por consiguiente, un estudiante es alguien que se inclina ante el conocimiento. Este apasionamiento implica dedicación, contemplación, horas y horas de silencio. Incluye pasar mucho tiempo en soledad para intentar comprender lo que a veces parece ininteligible. Implica la escucha atenta del maestro, quien es un guía, un seductor que enamora al estudiante del misterio de aprender. Un estudiante se parece a un fotógrafo que captura imágenes de animales de la selva que poco muestran su rostro.

Lo anterior compromete al estudiante a esforzarse. El conocimiento, así pretenda ser comercializado, exige consagración. Aprender es un estilo de vida. De eso saben muy bien los que todavía se consideran estudiantes y no clientes.

El cliente, en cambio, se siente rey mientras compra. Cree que tiene la razón. La soberbia del comprador le hace sentir omnipotente y omnisciente. Contrario a lo que tiene que ver con estudiar, que necesita de la humildad, puesto que es necesario reconocer la ignorancia y la carencia para lograr aprender.

Este texto se hace pensando en la grave situación de algunasuniversidades que han perdido su rumbo y su vocación de faros en la vida de los estudiantes y de la sociedad. Ojalá recuperen su sentido y le hagan resistencia al sistema neoliberal, comercial y con ánimo de lucro que no es solamente un sistema económico, sino unsistema de vida y de creencias. La lógica de este sistema demencial lo traspasa todo, incluso aquello que creeríamos que debería mantenerse inmerso en otras lógicas.