Realidades de la vida- Fabio José Saavedra Corredor #Columnista7días

Hoy, en nuestro acostumbrado espacio de Paisaje cultural, quiero compartirles algunos momentos que impactaron mi fibra poética durante la reciente estadía en Puerto Colombia (Atlántico), hasta donde viaje por invitación de Isidra de La Vega Lafaurie, como escritor participante en la versión XIX del Festival Internacional de Poesía ‘Flórez junto al mar’, en homenaje a nuestro escritor chiquinquireño Julio Flórez Roa.

Los momentos y las imágenes que relaciono a continuación los capté en el sector del Nuevo Malecón y la Plaza de La Aduana, en dicho municipio, vecino de Barranquilla.

Ocaso en Puerto Colombia

Repasando los versos de la vida,
navegué en mis sonrisas,
lejos de tristezas y dolores.

Entonces el mar se negó rotundo
a recordar tormentas añejas,
impulsadas por los vientos de la ira.

Allí en la paz del malecón,
arrullado por la brisa,
acopié mi sabiduría,
bajo la sombra del árbol de la vida;
así esperé con mi espíritu tranquilo,
la tarde de mi despedida.

Ocaso en Puerto Colombia

Repasando los versos de la vida,
navegué en mis sonrisas,
lejos de tristezas y dolores.

Entonces el mar se negó rotundo
a recordar tormentas añejas,
impulsadas por los vientos de la ira.

Allí en la paz del malecón,
arrullado por la brisa,
acopié mi sabiduría,
bajo la sombra del árbol de la vida;
así esperé con mi espíritu tranquilo,
la tarde de mi despedida.

Venas de sabiduría

Ríos de la vida,
alimentando vida,
llevando recuerdos,
donde la memoria se hace sabiduría,
para que en esa fuente
beban las generaciones futuras.

Venas de sabiduría

Ríos de la vida,
alimentando vida,
llevando recuerdos,
donde la memoria se hace sabiduría,
para que en esa fuente
beban las generaciones futuras.

Esperanza

El amanecer se desborda en el horizonte

despertando un mundo de vivos,
despertando el mundo de los medio muertos.

Por la ventana sin vidrios
se cuela el sol mañanero,
acariciando unos párpados cansados
rebeldes a dejar el sueño,
para revolcarse en otro día incierto.

El hambre golpea a la puerta
sacándole un profundo bostezo
desde los abismos del ayuno impuesto.

La voz de un gato negro maúlla
escondido en la miseria,
mientras un perro finge ladrar
tirado en las quejumbrosas escaleras.

Los tres en abrazo de sus tristezas,
van tejiendo pasos en la playa,

tres huellas famélicas
soñando como calmar el hambre,
sin sacrificar un compañero.

Las incansables olas van y vienen,
en tanto ellos crucificaron sus sueños,
esperando que algún día puedan alcanzar sus anhelos.

Fabio José Saavedra Corredor,
miembro de la Academia Boyacense de la Lengua.

Esperanza

El amanecer se desborda en el horizonte

despertando un mundo de vivos,
despertando el mundo de los medio muertos.

Por la ventana sin vidrios
se cuela el sol mañanero,
acariciando unos párpados cansados
rebeldes a dejar el sueño,
para revolcarse en otro día incierto.

El hambre golpea a la puerta
sacándole un profundo bostezo
desde los abismos del ayuno impuesto.

La voz de un gato negro maúlla
escondido en la miseria,
mientras un perro finge ladrar
tirado en las quejumbrosas escaleras.

Los tres en abrazo de sus tristezas,
van tejiendo pasos en la playa,

tres huellas famélicas
soñando como calmar el hambre,
sin sacrificar un compañero.

Las incansables olas van y vienen,
en tanto ellos crucificaron sus sueños,
esperando que algún día puedan alcanzar sus anhelos.

Fabio José Saavedra Corredor,
miembro de la Academia Boyacense de la Lengua.

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