Julio Flórez, poeta de transición

El poeta chiquinquireño de aspecto planetario, reconocido como vate popular, romántico, sensibilidad predominante, ideas sencillas como los trovadores, apta para tocar los sentimientos del ser humano, por lo cual le han dado el calificativo de poeta del pueblo colombiano, sin detenerse en estudiar la calidad de su arte poético de clara transición y no simplemente espontáneo porque tiene factura, vigilia y clara observación intelectual como cofundador de la Gruta Simbólica con un grupo de intelectuales de la época, es decir, a finales del siglo XIX (guerra de los Mil Días).

Un episodio repentino hizo detener a siete amigos por reunirse en la calle, estando la ciudad en estado de sitio: lograron no ser detenidos, sino llevados a casa de un amigo, donde amanecieron en una inolvidable tertulia literaria. Era el precio del gobierno de José Manuel Marroquín, hacia 1900. Los amigos continuaron sus reuniones en el mismo local, en la carrera 5 No. 203.  Así empezó La Gruta Simbólica, agrupación de jóvenes poetas de postrimerías del siglo XIX, quienes nombraron como presidente al doctor Rafael Espinosa Guzmán, dueño de la casa. Su reglamento fue la buena educación, y los miembros llegaron a 70. Los contertulios encontraron en el fondo del zaguán una vela de cebo encendida, un farol adornado con rojo y dorado, también con la leyenda; el salón de reuniones lo arreglaron así, en forma de gruta con motivos referentes a los escritores clásicos, románticos, modernos europeos.

Aunque el principio estético que los guiaba era expresar la belleza por medio del símbolo, movimiento francés de moda en contra del romanticismo, y como no pudieron inclinarse por la nueva tendencia, por eso son de transición. Tienen algo de clasismo, romanticismo y modernismo.

Al examinar el estro poético de nuestro poeta, es consecuente con los objetivos de la agrupación. Empecemos por la factura de sonetos, que conserva la arquitectura de los 14 versos con los dos cuartetos y los dos tercetos, y versos endecasílabos y rima consonante, provisto de imágenes y símbolos de gran representatividad. Examinemos el siguiente ejemplo:

Abstracción

A veces melancólico me hundo

en mis noches de escombros y miserias,

y caigo en un silencio tan profundo

que escucho hasta el latir de mis arterias.

Mas aun oigo el paso de la vida

por las sordas cavernas de mi cráneo

como un rumor de arroyo sin salida,

como un rumor de río subterráneo.

Entonces presa de pavor y yerto

como un cadáver mudo y pensativo

en abstracción a descifrar no acierto.

Si es que dormido estoy o estoy despierto,

si un muerto soy que sueña que está vivo

o un vivo soy que sueña que está muerto.

  1. El soneto es de factura clásica: 14 versos de 11 silabas, y rima consonante.  Miremos los cuatro primeros versos:
  2. A veces melancólico me hundo
  3. En mi noche de escombros y miserias
  4. Y caigo en un silencio tan profundo
  5. Que escucho hasta el latir de mis arterias

Rima el primero con el tercero: hundo con profundo.

El 2 con el 4: miserias con arterias.

Hay equilibrio constante entre fondo y forma, la abstracción es una idea alejada de la realidad y por eso hundirse en noches de escombros y miserias, en un concepto abstracto que concuerda con el título del poema: Abstracción, que se conserva en los 14 versos; ese equilibrio entre contenido y expresión es clasicismo.

Ese meditar profundo ofrece símbolos de abstracción con símiles y metáforas.

Noches de escombros y miserias = abstracción.

Silencio tan profundo = soledad, profundo meditar como cadáver mudo y pensativo: símbolo perfecto de abstracción.

Como susurro de arroyo sin salida, símil perfecto.

El soneto es de un poder filosófico y sicológico, de un equilibrio entre contenido y expresión innegables y por la conservación de la forma en versos endecasílabos es parnasiano.

Es posible que, al intentar introducir el verso endecasílabo, para acomodarlo al verso castellano, de lo cual es indicio el hecho de haber adoptado la misma copla, característica de este último metro. Sobre la base de los varios tipos de endecasílabos de las lenguas romances, que, al decir las siete virtudes, demuestra la influencia del arte mayor y del endecasílabo dactílico, seguido del paradigma italiano introducido a la lengua española por Boscán de Almogáver y Andrea Navagiero, luego usado por Garcilaso de la Vega; más tarde el enjundioso estudio de Rafael Lapesa, quien hace notar el uso de endecasílabos por el Marqués de Santillana, con más aproximación al modelo italiano.

Lo anterior indica a las claras que nuestro poeta Julio Flórez tiene cultura poética, por eso tenemos que profundizar en su poética, si pensamos que el grupo de poetas de la Gruta Simbólica son personas de reconocida cultura, como Roberto Mac-Douall, clásico romántico (1850 Zipaquirá – 1921 Bogotá); Diego Uribe, romántico simbolista (1867 – 1921 Bogotá); Maximiliano Grillo, romántico simbolista (Marmato Caldas 1868 – Bogotá 1949); Luis María Mora, clásico romántico (Bogotá 1869 – Fontibón 1938); Clímaco Soto Borda, romántico simbolista (Bogotá 1870 – 1919);

Enrique Álvarez Henao, romántico simbolista (Bogotá 1871 – 1914); Víctor Londoño, parnasianista simbolista (1870 Viani, Cundinamarca – 1936 Bogotá).

Como podemos observar, los contertulios son reconocidos intelectuales de la época y Julio Flórez fue un contertulio infaltable, así lo demuestra la historia de la fundación de La Gruta Simbólica, cuando hizo la improvisación jocosa SON…SONE…TES con ocasión de las exequias del Tirolés, el sombrerero que usó por siete años el poeta Carlos Tamayo.  Lo encontramos en cuatro sonetos bajo el mismo título.

De tal improvisación nos dicen J. V. Ortega y Antonio Ferro en su obra La gruta simbólica: El entusiasmo llegó al delirio con esta recitación de Julio Flórez; seguimos analizando los elementos de transición que se encuentran en la obra de muestro poeta, para ubicarlo en el sitio que le corresponde en el ámbito de la poesía colombiana.

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