La silla vacía de los abucheadores – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

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La silla vacía de los abucheadores - José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días 1

Acaba de culminar una jornada más en la que el arte y la cultura se unen de manera sincrónica a los emblemáticos eventos como en la recién Semana Santa celebrada por el pueblo católico y que a decir verdad en esta oportunidad desbordó todo cálculo y pronóstico por la inmensa afluencia de público que colmó los escenarios en diferentes puntos estratégicos del departamento y el país, como el caso de la capital Boyacense donde no hubo cama pa’ tanta gente. 

Conciertos, recitales, exposiciones, festivales gastronómicos, teatro, cine, literatura, danza y demás manifestaciones del espíritu, complementaron los rituales litúrgicos que, como el Santo Viacrucis o Los Monumentos exhibidos en Iglesias y capillas el día Jueves Santo, registraron una afluencia abrumadora de público; muchos de ellos llegados de otras partes del país y el mundo quienes disfrutaron de todas las programaciones, y con cuadernillo en mano iban haciendo sus anotaciones para no perder detalle alguno. 

Los aforos estuvieron como se dice en el adagio popular «a reventar» y muchas personas llegaban hasta con una hora de anticipación con tal de asegurar una locación en el aforo y disfrutar luego de esos banquetes extraordinarios protagonizados por grandes tenores, sopranos, grupos de cámara, danzarines, coreógrafos, actores,  pintores, fotógrafos, escultores, literatos, chef, relatores y en general los cultores que engrandecieron con su talento las nutridas agendas culturales que fascinaron a propios y visitantes. 

Detrás de todo este andamiaje hay grupos muy entregados con una mística a toda prueba, por cuanto deben sacrificar sus momentos en familia para estar tras bambalinas proporcionando todo el accionar tan valorado por unos y tan desconocidos por otros, pero que aun así y con lo desagradecido que a veces resulta este oficio ellos permanecen de pie como el roble para que todo lo que se presente a la mesa tenga ese sello de calidad con el que se ratifique luego el éxito de los eventos. 

Lo que llama poderosamente la atención es la «silla vacía» que siempre queda en los aforos a la espera de aquellos que vociferan y se rasgan las vestiduras pidiendo y exigiendo a pulmón herido por que se hagan esta clase de actividades y cual revolucionarios sin causa salen a las redes a exigir y pedir que se “haga cultura” en una especie de activismo exhibicionista con el que logran engañar a algunos incautos que los siguen y los ven como sus defensores.

Esos personajes, aunque no hacen falta en los auditorios y teatros porque el lleno es tan abrumador que no se notaria su presencia, se quedan atrincherados en sus cuarteles de resentimiento al acecho de cualquier falla y error para caer cual avestruz a la presa y aniquilar con sus venenosos comentarios a quienes trabajan desde la sombra para propiciar esta clase de espacios.

El país y las regiones están cansados de esta clase de caudillos que todo lo critican, todo lo juzgan y todo lo sancionan con ese dedo inquisidor que destruye, divide y genera ruido y desconfianza. Colombia y las regiones están hasta la coronilla de los que pretenden ganar grandes sumas de dinero sin que para ello se elaboren propuestas sólidas y de calidad capaces de defenderse por sí solas sin la necesidad de acudir a palancas ni políticos para hacerse meter a las programaciones a los gorrazos y a codazo limpio. 

Hay tantos procesos que por fortuna están surgiendo donde se avizora esos relevos generacionales que requiere el arte y la cultura para que surjan los semilleros y se generen nuevos talentos hechos a pulso y disciplina y con una perspectiva distinta a aquella que promueve el asistencialismo.

En lo personal llevo 50 años en estas líderes, desde aquella primera vez que llegué a la televisión colombiana con escasos 8 años e incluso antes cuando de pantaloncitos cortos me presentaba en los escenarios de mi natal Tunja o en los programas de la pantalla chica de la época; desde ese momento entré a este medio para escalar luego y desde varios puntos en los que me he desempeñado presenciar y ser actor fundamental en el surgimiento de nóveles artistas que hoy escollan con éxito en los escenarios de diferentes países. 

Esos 50 años me dan la autoridad para referirme como lo hago en esta columna de opinión respecto a aquellos sujetos que mercadean la cultura politiqueramente y se amangualan con el que más grite, más vocifere y más irrespete; mal repugnable que desafortunadamente ha hecho carrera en nuestro entorno y que injustamente le otorga a estos abucheadores los espacios ganados tras la difamación y la discordia mientras otros productos de calidad liderados por seres humanos respetuosos, cautos, educados y silenciosos quedan en el anonimato porque ellos no saben competir en esos espacios en los que otros son expertos. 

La creación de públicos en esta clase de jornadas es urgente y desde que tengo uso de razón en estas lideres he venido insistiendo en la necesidad imperiosa de generar nuevos y cualificados espectadores capaces de formar criterios propios de apreciación, atributos que se logran tras el estudio, la investigación y de asistir a conciertos, recitales, exposiciones y demás muestras artísticas para apreciar el arte en todo su esplendor y poder entregar luego un calificativo responsable basado en el acervo y el conocimiento, mas no en el murmullo, el ruido y las triquiñuelas. 

De la misma manera sigue siendo apremiante el surgimiento de jóvenes artistas, educados en centros de formación responsables que dispongan de docentes capacitados dispuestos a transmitir no solo las técnicas del arte sino el conocimiento a través de modelos ejemplarizantes donde los valores del respeto, la responsabilidad y la calidad sean siempre los derroteros que marquen el camino. 

¿Qué porque o para quien hago esta reflexión? 

Esta reflexión la hago porque veo con inmensa alegría que el relevo de públicos se está dando y lo mismo sucede con el relevo y la circulación de nuevos talentos que están llegando a la escena con propuestas de muy alto nivel y eso es muy esperanzador para los gestores que en silencio y de manera sostenida trabajamos por la valoración del arte y la cultura. 

Sin embargo, en medio de este resurgir cultural aún permanecen esos abucheadores a los que me refiero y que al igual que otros enquistados actores que por desgracia hay en las regiones incomodando, intrigando y lo más grave, allanando el pensamiento de niños y jóvenes en quienes siembran desde pequeños el odio y el irrespeto; como aquellos que se llevan los infantes al monte para adoctrinarlos convertirlos en “guerrilleros de cafetería”. 

Como quisiéramos ver a esos abucheadores en las jornadas culturales sentados en la locación del aforo disfrutando de esos espectáculos que tanto exigen desde la trinchera de las redes. Como quisiéramos encontrarlos en los salones de exposición, en los recitales, en las funciones de danza y teatro y en todos los escenarios por los que supuestamente pelean pero que al final no es más que la práctica calculada del populismo y la figuración con las que logran algunos réditos para su lucro personal. 

En lo público se cometen grandes injusticias porque los mandatarios y funcionarios de turno al verse intimidados por estos sobornadores prefieren callarles la boca con un contrato, en tanto que a quienes hacen las cosas bien, con ética y rectitud los ignoran y los dejan en el anonimato; acción incoherente que no tiene sentido y no hace justicia con la verdad y menos con esos talentos ocultos que muchas veces resultan influenciados por esas fuerzas oscuras y se convierten en activistas culturales dando palo a diestra y siniestra a todo lo que se mueva.

Que sigan surgiendo procesos en ciudades, campos y regiones formando verdaderos artistas para que antes de grandes exponentes sean seres humanos íntegros con la aplicación de valores sobre los cuales puedan forjar sueños y futuros posibles.  

Que continúe el afortunado relevo generacional para que la renovación de públicos y el afianzamiento de los ya existentes siga creciendo de manera exponencial como por fortuna está sucediendo y que los recursos del estado se entreguen a través de convocatorias y curadurías honestas y bien hechas para premiar, no al que más grite intrigue ni agreda, sino al que mejor presente propuestas sólidas producto del trabajo, la dedicación, la ética y la diciplina. 

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