¿Se parece el cristianismo colombiano al fariseísmo que crucificó a Jesús hace 2000 años? – David Sáenz #Columnista7días

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¿Se parece el cristianismo colombiano al fariseísmo que crucificó a Jesús hace 2000 años? - David Sáenz #Columnista7días 1

Cuando se camina a través de las calles centrales de Chiquinquirá en los días de la Semana Santa, inmediatamente se llega a una conclusión: Colombia sigue siendo un país bastante religioso.

Bien es cierto que el lector podría creer que se exagera al hablar de país cuando se está hablando de una sola ciudad del territorio. Sin embargo, sólo se hace necesario agudizar el oído y la vista: en las procesiones y en los templos se escuchan los acentos que caracterizan las regiones colombianas.

Muchas personas compran en los alrededores de la Basílica de Chiquinquirá todo tipo de imágenes religiosas. Algunas personas entran al templo de rodillas, otros cierran sus ojos con fuerza. Las calles se atiborran de personas que quieren observar las imágenes alusivas a la Pasión de Cristo en las procesiones. Las vías se cierran para que los cientos de feligreses se puedan reunir en torno a la piedad popular.

El 97% de la población colombiana se denomina cristiana, ya sea católica o protestante u otra. Entonces, si este es un país tan religioso, ¿por qué somos un país tan inmisericorde con los otros?, ¿acaso es un cristianismo de solas prácticas observantes y no de profundidad?

Hace 2.000 años, el grupo religioso que se encargó de la condena de Jesús en la cruz no fue otro que, un grupo de judíos de prácticas muy religiosas, pero que no tenían compasión ni misericordia con los demás. 

Jesús fue una víctima inocente de su tiempo, fue condenado por el establecimiento, por un lado, por un grupo religioso ultraconservador, como los que pululan en Colombia hoy,  y de otro lado, por el establecimiento político, es decir, por el Imperio Romano.

Han pasado dos milenios, pese a ello las víctimas inocentes, tal como Jesús, siguen siendo condenadas por el establecimiento: el día 28 de marzo de 2022, en Puerto Leguízamo, en el Putumayo colombiano, en fronteras con el Ecuador, el Estado, representado por el Ejército Nacional, mató a 11 civiles y usó una de sus viejas costumbres: hacer pasar a inocentes por guerrilleros.

Tal situación debería indignar a la ciudadanía, pero como en Colombia no hemos llegado a ejercer ciudadanía plena, es decir, no somos modernos ni ilustrados, podríamos recurrir entonces a la indignación que produciría la espiritualidad cristiana: sentir el dolor que produce la injusticia de las víctimas inocentes, tal como lo fue Cristo.

El respetado lector podrá creer que este texto no se encuentra hilado, aun así, si se piensa en las prácticas religiosas que no conducen al amor al otro, en este caso a las víctimas, es un cristianismo muy parecido a aquello que, en la Epístola Primera del Apóstol Juan se dice: “Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano” …

Cuando era niño, me llamaba la atención que en el catecismo que enseñaban en la escuela había una imagen de Cristo Crucificado. También había allí una inscripción que decía: “cada vez que pecas lo vuelves a crucificar”. Durante mucho tiempo esta frase me causaba desconfianza. Al crecer la sentí como una fórmula para manipular las conciencias y para exacerbar la culpa. De todos modos, el 28 de marzo recordé esta expresión y sentí tristeza, porque me di cuenta de que con por cada víctima inocente, seguimos crucificando a Jesús.

Lo crucificamos con nuestra omisión y con nuestra indiferencia. De igual forma, lo seguimos clavando en la cruz al permitir que quienes lideren los destinos de este pueblo de 8 millones de víctimas, como Jesús, sigan siendo los Poncio Pilato, es decir, los que se lavan las manos al decir que, “No es la primera operación donde caen mujeres embarazadas y menores de edad combatientes”. (Estas palabras entre comillas, fueron del general Eduardo Zapateiro, sobre el operativo que terminó en una masacre en Putumayo. Tomadas de El País de España).

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