Despenalización del aborto – Catalina Pulgarín #Columnista7días

A través de una decisión histórica, la Corte Constitucional despenalizó el día de ayer, 21 de febrero de 2022 el aborto en todos los casos hasta la semana 24 de gestación.

Se trata de una decisión que por fin, permite a las mujeres decidir sobre su propio cuerpo. Si bien el escenario ideal no es el del aborto y para evitarlo deben fortalecerse las políticas públicas para la prevención de los embarazos no deseados y trabajar en educación sexual y reproductiva a lo largo y ancho de todo el país, de todas maneras, era necesario que se despenalizara la decisión que debe de manera libre poder tomar una mujer sobre la gestación que ocurre en su cuerpo.

Los embarazos no deseados que culminan con el nacimiento, en muchas ocasiones causan rechazo de la madre hacia el hijo. Es a todas luces preferible un aborto dentro de las 24 primeras semanas de gestación, que un niño padeciendo abandono o maltrato físico y sicológico como consecuencia del repudio de una progenitora obligada a parir por estándares religiosos o restricciones legales.

Tal vez si cada persona que se opone a esta decisión de la Corte Constitucional tuviera la oportunidad de leer o escuchar todos los días las denuncias por maltrato infantil, si pudieran conocer de primera mano las vejaciones  físicas y  sicológicas inimaginables a qué son sometidos miles de niños y niñas diariamente, quizás se compadecerían mucho más,  del infante que padece todos los días la tortura que representa para él existir , que del feto al que, de nacer, podría esperarle una vida para nada deseable.

Es que es fácil señalar , juzgar y condenar desde la comodidad de quien no ha sufrido maltrato infantil, de quien no ha padecido hambre , de quien no ha sido agredida sexualmente, de quien no es víctima permanente de violencia de género o de quien simple y llanamente no sabe lo que es parir sin desearlo.

Ahora bien, en esta discusión se deben dejar de lado los sesgos morales y religiosos pues el debate es constitucional y sobre ponderación de derechos. Aquí lo que hizo la Corte fue revestir de legalidad el que la mujer sea libre para decidir. Las que deseen ser madres podrán hacerlo, pero las que no, enbuenahora, podrán decidir legalmente no serlo.

No obstante, legal o no, delito o no, dentro de unas causales o por fuera de ellas, el aborto siempre ha existido. El gran problema han sido las condiciones bajo las cuales se practican de manera subrepticia en la clandestinidad, provocando en muchos casos graves problemas a la salud y hasta la muerte a muchas de estas mujeres, que debían someterse a acudir a lugares que no cumplen con la condiciones sanitarias requeridas para adelantar estos procedimientos, no podían ser debidamente medicadas, ni atendidas por los profesionales  idóneos y soportando el peso de la especulación en los precios  de los mismos.

A nadie se le ocurre pensar que es bueno embarazarse para abortar, o que deba adoptarse como método anticonceptivo el aborto. Insisto en que lo que hay trabajarse en prevención del embarazo es demasiado. El Escenario ideal es que no haya necesidad de interrumpir los embarazos porque quienes quedan embarazadas quieren ser madres y quienes no quieren serlo planifican. Sin embargo, este es un escenario lejano casi que utópico, y mientras tanto se hace necesario que las mujeres puedan decidir libremente cuando quieren ser madres. 

Los sesgos morales sobre el tema son subjetivos y del resorte interno de cada quien. La mujer que no esté de acuerdo con esta decisión simplemente no abortará, pero sin duda alguna este es un gran avance en el reconocimiento de los derechos que tenemos las mujeres para decidir nada más y nada menos que sobre nuestros propios cuerpos. Y como no son pocos quienes se cuestionan sobre la ponderación de derechos entre el nascitirus y la mujer gestante, la invitación es a leer la decisión para contar con argumentos en las discusiones que se estarán generando por estos días en espacios académicos, laborales y familiares, entre otros.

Juzgar con fundamento en la propia experiencia de ser madre, no es objetivo. No necesariamente cada mujer que se encuentren en algún momento preñada, debe culminar su embarazo con un parto. No por valorar la vida de nuestros hijos quienes los tenemos, se debe imponer una obligación de parir a aquellas mujeres que un momento determinado no desean hacerlo.  Traer vida humana a este planeta debe ser algo planificado o por lo menos deseado. La idea de reproducirnos por la sola consecuencia natural de ser gestantes es una concepción bastante primaria de lo que es la vida. Los niños no llegan con un pan debajo del brazo, no todos los niños son amados, valorados y respetados y para muchos es una gran pesadilla haber nacido. En últimas, SÍ, esta es una decisión para celebrar.

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