La vieja maña de gobernar con el retrovisor puesto – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Los recursos del estado son del estado y de ninguna manera se pueden endosar a personas o a proyectos políticos. 

Y aunque en nuestro país estamos acostumbrados a marcar con placas las obras de los mandatarios de turno, acción que en ocasiones es necesaria por la aguda amnesia de la gente, es importante anotar que los proyectos tanto tangibles como carreteras, puentes, salones comunales y alcantarillados entre otros como los intangibles; la formación, la educación y los programas sociales, hacen parte de un plan de desarrollo estructurado mediante metodologías de participación comunitaria donde se pondera y prioriza las necesidades más sentidas de poblados, ciudades, departamentos y la nación. 

En este sentido es claro que el desarrollo de proyectos obedece a la criollización de una agenda que tiene asignados los recursos, tanto propios derivados de los impuestos de la gente, como los que llegan por participación y asignación de la nación y los que el mandatario(a) gestione ante entidades del orden regional, nacional e internacional. 

Sin embargo, una de las costumbres más repudiables de los mandatarios y secretarios es la de gobernar con el retrovisor puesto, satanizando las obras que dejó su antecesor, hábito atizado por los falsos aduladores que, como “Judas» le hablan al oído, y por ganar la simpatía de sus jefes los ponen en contra de todo lo que suene al pasado, como si la historia hubiera nacido con ellos. 

¿Cómo se puede entender que un proceso se tenga que truncar porque se inició en la administración de x o y gobernante y no en la de la actual vigencia? 

¿Tienen la culpa las comunidades que han emprendido programas exitosos y cuando están en el esplendor de sus propósitos se acaban porque llegó otra administración que no quiere saber nada de ellos? 

Que equivocadas están estas estrellitas fugaces que lo creen saber todo y llegan a reinar con el alma envenenada, atrincherados tras un falso discurso que proclaman de boca para afuera, en tanto que en su corazón solo hay envidia, odio y rencor enquistado. 

Por supuesto que cada mandatario está llamado a dejar huella y acometer obras y macroproyectos de su propia cosecha, plausible acción que beneficia a los sectores, más cuando esos programas son de grandes magnitudes y logran transformar verdaderamente los territorios. 

Un ejemplo claro de esta reflexión es el programa que conocemos como “Marca Ciudad”, que no es otra cosa que el nombre o eslogan al que se asocia una serie de atributos singulares y exclusivos con lo que una persona puede identificar, reconocer y valorar para distinguir una ciudad de otra, así como identificamos a Juan y sabemos lo que lo diferencia de Pedro. 

Ahora bien; si estas y otras metodologías construidas de manera técnica hacen parte de la marca ciudad y para la aplicación y creación de la misma se contrataron expertos que conocen de este tema, ¿es lógico que otro(a) mandatario(a) llegue a cambiarla y a reemplazarla por el eslogan de su campaña política? 

Repito que éste es tan solo un ejemplo de las absurdas contradicciones que se presentan cuando los elegidos cada cuatro años llegan con el alma corroída por el engreimiento y arremeten contra todo lo que encuentran, unos de manera dictatorial y otros en forma soterrada y sistemática, sin que se note tanto, pero al final terminan por cumplir su acometido hasta dejar moribundos los proyectos y procesos que venían del pasado. 

Contrario a esto, hay administradores que respetan esas obras y proyectos y llegan a cristalizar la culminación y continuidad de las mismas, y aunque les hacen algunos cambios con aportes enriquecedores, les dan persistencia a valiosos sueños que en su momento nacieron con sanas intenciones y más cuando tienen en su ADN el componente de comunidad, que en últimas es la que legitima todo y lo vuelve en sello inherente del colectivo. 

Los llamados elefantes blancos le han hecho un daño terrible a la dinámica social y a las finanzas de nuestro país, por eso da grima, impotencia y dolor ver tantas obras abandonadas convertidas en ruinas y todo porque al mandatario(a) de turno no le pareció importante su culminación, así su antecesor(a) haya dejado aprovisionados los recursos para su finalización. Esto de los elefantes blancos se convirtió, como muchas otras cosas, en parte del paisaje y hasta sección tiene en los noticieros de televisión sin que los organismos de control se pronuncien con oportunidad y eficacia frente a tan aberrante despropósito. 

Cuántos recursos de la gente hay enterrados en el olvido, cuántos coliseos a medio terminar saqueados por los vándalos a causa de su abandono, cuántas carreteras interrumpidas y cuántos procesos sociales echados a menos por culpa de la absurda vanidad de quienes tienen el balón en su terreno y administran el tesoro del pueblo como si se tratara de su chequera de bolsillo, invirtiendo solo en lo que les parece a ellos y sus aduladores de cabecera. 

Los votos que colonizan los candidatos son de las comunidades, las mismas que se han beneficiado de uno u otro programa adelantado en una y otra administración; en tanto que un niño que pertenezca a un sistema formativo no le importa o nunca pregunta si ese derecho fundamental se lo otorgó éste o aquel. ¡NO!… eso no es relevante para un infante y lo que sí es importante es que nuestros niños y adolescentes accedan a programas que protejan y fortalezcan su desarrollo, físico, intelectual y humano. 

Hay muchos ejemplos frente a nuestros ojos, casos que poco se denuncian por el temor a ser ignorados y olvidados por los mandatarios y secretarios, convirtiendo este flagelo en una absurda herencia que, como la traición, se mantiene de una generación a otra evidenciando la doble moral y la sinvergüencería de los que se quedan callados y no denuncian, esperando a que les unten también la mano y con un contrato o una obra les compren sus débiles conciencias. 

Rechazo total a las acciones de estos mandatarios y funcionarios públicos que utilizan estrategias sagaces para diezmar las cosas grandes sembradas en los surcos de históricos momentos, repudio a sus enjuiciadas acciones y castigo con la muerte política a quienes han faltado a sus promesas de campaña, porque en ellas se camuflaron tras el traje de ovejas y cuando llegaron al poder se despojaron de él para dejar ver su piel de lobos. 

Aplauso y apoyo a los alcaldes y gobernadores que llegan con una mirada conciliadora para mantener en su corto periodo las obras y proyectos que le hacen bien a la gente, sin mirar por el retrovisor que tanto daño le hace a la maniobra de su timón o les obliga a desviar el camino por el rumbo equivocado. 

Las rendiciones de cuentas se hicieron para calificar el avance de los planes de desarrollo y examinar el adelanto y cumplimiento de metas e indicadores, y es ahí donde se debe tener el ojo abierto para poder premiar o penalizar las acciones de los mandatarios, pero no solo debemos hacer el riguroso seguimiento a dichos planes, sino que más importante aún es mirar cuál ha sido el comportamiento o crecimiento de proyectos y programas históricos, aquellos que nacieron con el pueblo y para el pueblo. 

“Por sus obras los conoceréis” reza el adagio popular, refrán que tenemos que aplicar a la hora de considerar la gestión de los caudillos, pero opiniones producto de verdaderas encuestas que estén en sintonía con la percepción de la gente y no las que contratan los supuestos líderes con empresas amañadas donde califican de exitosas, la corrupción, la negligencia y la mala administración. 

Aquí se aplica otro refrán que reza: “A quien le caiga el guante que se lo plante”, porque solo los mandatarios saben si han dado continuidad o no a las obras y en su conciencia están las verdaderas respuestas, esas que casi siempre distan de lo que les dicen sus astutos “cepilleros” que los siguen como perritos falderos, eso sí, mientras tengan el poder y les den el pedazo de carne por debajo de la mesa.  

Lo del pueblo es del pueblo señores y por eso se llama público lo que le pertenece al colectivo y no a la vanidad individualista de aquellos que levitan con el poder y luego los vemos con las manos en los bolsillos recibiendo la indiferencia de los que pasan por su lado sin percibir siquiera su presencia.  

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