Sobre la banalización y los radicales – Carlos David Martínez – #Columnista7días

Desde la perspectiva de la denominada comunicación estratégica, es altamente recomendable usar mensajes cortos que generen impacto y fácil recordación, a pesar de esta premisa, en el debate público se corre el riesgo de caer en la banalización o en la superficialidad cuando se alude a frases demasiado breves y no se abordan los fenómenos importantes con detenimiento. 

De esta manera, muchas veces quienes apuestan por la polarización y la radicalización se alimentan de la ignorancia de quienes no se esfuerzan por razonar las palabras en los discursos, ya sea por pereza o porque únicamente buscan confirmar sus creencias o prejuicios, desdeñando de todo aquello que suene contrario a sus propias ideas, incluso si hay lógica en los argumentos contrarios a los propios. 

Lo que algunos analistas políticos parecen no dimensionar es el cambio que ha introducido Internet en el debate público, particularmente en lo que tiene que ver con el poder de repetición que tienen los medios alternativos. 

Antes, simplemente los canales aliados no tocaban un tema, le daban poco tiempo o lo banalizaban con palabras light tipo bancrim (que suena como a helado de chicle) o parapolítica (dejando por fuera el tema de las armas, el narcotráfico, etc.), y así podríamos señalar muchos ejemplos. Otro ejemplo, de película, aunque se veía en la vida real, era la compra de todos los periódicos disponibles si la noticia impresa no favorecía. 

Pero ahora hay un montón de medios alternativos dispuestos a ser críticos con el establishment, algunos con un trabajo periodístico muy profesional, otros aparentando ser periodistas sin serlo y otros declarados abiertamente activistas políticos, curiosamente dando una lección dura a los que se declaran periodistas siendo más activistas que otra cosa. 

Si bien la calidad informativa de muchos de estos medios es cuestionable, ciertamente su capacidad de repetición (locución, divulgación, masificación) puede tener un impacto en la conformación de la opinión pública. De cualquier manera, no siempre la información se convierte en aprendizaje ni en opinión. 

Algunos “radicales” se seguirán nutriendo de la ignorancia para aludir a estereotipos sin argumentos para generar odios o miedos aludiendo a historias parcializadas o fragmentadas. Aunque también hay que tener cuidado con no confundir el cultivo del intelecto con el tener siempre “la verdad”. 

En este orden, hay muchos retos para la ciudadanía: leer los programas de gobierno para no quedarse solamente con el slogan de campaña; leer la noticia completa y no únicamente el titular; intentar seguir en redes y escuchar los discursos de quienes piensan distinto con la intención genuina de razonar y contrastar; entender que los medios raramente son neutros y hay mensajes que pretenden ser informativos, pero muchas veces tienen una carga de opinión.  

En fin, no hay fórmulas mágicas, pero los ciudadanos tenemos responsabilidad sobre nuestra capacidad de pensamiento, no podemos simplemente culpar a los medios por ser parcializados, así como tampoco podemos achacar a los políticos ser banales o superfluos si nosotros mismos no estamos dispuestos a razonar profundamente. 

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