Boceto biográfico de Julio Flórez

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Al exaltar la memoria de Julio Flórez es tocar el alma del pueblo colombiano, sensibilizada en la profunda expresión poética del bardo chiquinquireño, nacido el 21 de mayo de 1867, en el cálido hogar de don Policarpo maría Flórez y Doña Dolores Roa. Aquí pasa su infancia recogiendo las impresiones culturales-artísticas que se reflejarán más tarde en su verso sencillo y delicado, con el cual identifica el sentimiento cultural de nuestro pueblo.

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También en su infancia asimila en Chiquinquirá la imagen del paisaje de la campiña, surcada de sauzales y rodeada de robledales con el fondo del azul del cielo, que no fue testigo de la desilusionada vida y la melancólica alma de Julio Flórez, quien a la corta edad de seis años componía versos, como:

“Fue mi lecho la América del Norte,

La América del Sur, mi cobertor;

Recliné mi cabeza en el Atlántico

Y me dormí del Niágara al rumor”

Durante 1879 y 1880 continuó sus estudios en el colegio de Vélez, donde su padre era rector. En 1881 la familia se trasladó a Bogotá, ciudad que para entonces contaba con unos setenta mil habitantes. Allí julio Flórez entró a estudiar literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, actividad que interrumpió dadas las circunstancias que rodearon el ambiente familiar y la vida socio-política del pueblo colombiano que se debatía entre las guerras civiles impulsadas por los partidos tradicionales que se disputaban la dirección del estado. 

Diríase entonces, que el bagaje político y los aciagos hechos familiares transformaron al niño hombre. Para entonces julio Flórez ha alimentado su espíritu en las ideas liberales, expresadas a través del romanticismo literario, cuya fuente de inspiración desde comienzos del siglo XIX la constituía el poeta y novelista francés Víctor Hugo, a quien los jóvenes latinoamericanos leían ávidamente en este continente que acababa de hacer su independencia, sin encontrar aún la definición política que los gobernara.

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El 3 de Julio de 1884, a la edad de 17 años, Julio Flórez sorprende al público, declamando espontáneamente unos versos en honor del poeta y amigo Candelario Obeso. A partir de entonces, surge la leyenda de julio Flórez asociada con una vida palaciega y bohemia que se robaba el corazón de las mujeres y cantaba las dichas y desilusiones del pueblo, cuya alma adquiere dimensión lírica en el fino verso que caracterizó el acervo poético de Flórez y que muchas veces solía improvisar, dando testimonio de las dotes artísticas con que la naturaleza había prodigado al insigne bardo.

La temática poética de julio Flórez toca diversos y connotados aspectos de la vida humana, impregnados de una profunda melancolía, propia del sentimiento romántico que buscaba plasmar la angustia y ansiedad metafísicas de la existencia, en medio de ese mundo hostil 

 Del desarrollo tecnológico que desplazaba la mano de obra del obrero europeo, o que traslucía el anhelo de libertad política y religiosa de las nuevas generaciones del espíritu latinoamericano, oprimido por la aristocracia político-social a que se consolidó en el poder después de las guerras de independencia.

Pleno sentimiento romántico encontramos en el soneto Abstracción, igualmente en ¡Oh Poetas!, poema escrito a mediados de 1896,para ser declamado en el Teatro Colón con motivo de la Corona de laurel que sería entregada al poeta; solo que este mensaje ponía en ascuas al Gobierno de Miguel Antonio Caro, razón por la cual, se quiso censurar y julio Flórez rehusó aquel acto público a en su honor.

Sin embargo, este episodio de la corona de laurel, dio origen a una de sus obras inmortales: “La Araña”:

“Entre las hojas de laurel marchitas,

De la corona vieja

que en lo alto de mi lecho suspendida,

Un triunfo no alcanzado me recuerda,

Una araña ha formado

Lóbrega  vivienda

Con hilos tembladores

Más blancos que la seda”

El corte simbolista y la perfección estilística de este poema, lo colocan al lado de obras universales como “El Cuervo” de Edgar Allan Poe, el “Nocturno” de José Asunción Silva, o Los “Camellos” de Guillermo Valencia, entre otros.

El alma nostálgica de Julio Flórez, no se dejó ahogar en el tedio del provincialismo que por entonces se respiraba en Bogotá. Estremecido por el relámpago de cañones que devoraba vidas humanas en medio de guerras fratricidas. Su alma creativa, halla respuesta en la bohemia como excusa para sus divagaciones poético-ideológicas.

Emprende entonces su peregrinaje por otros países, en lo que se ha denominado un diplomático destierro, que le brindó ovaciones, gloria y éxitos en Venezuela, (1905), Nicaragua, el salvador y Guatemala (1906), Honduras, Costa Rica, Cuba y México (1907) y finalmente España y Francia (1908 y 1909).

A su regreso a la Patria, Julio Flórez decide temporalmente ubicarse en la Costa Atlántica, buscando quizás sosiego a su atormentada alma y reposos a su cuerpo, alejándose del ambiente citadino que antaño lo había agobiado. Fijó su residencia en Usiacurí, atraído por un romántico amor que había anhelado desde su adolescencia; allí encontró el corazón de Petrona Moreno, de solo 16 años de edad, quien conquistó el desilusionado mundo del poeta, dándole sosiego y paz a su atormentado espíritu, pero no a los achaques de su cuerpo.

El 14 de enero de 1923 julio Flórez recibió la esquiva corona de laurel. El acto se llevó a cabo en Usiacurí en momentos difíciles de la vida del poeta; que recibió por mandato del presidente Pedro Nel Ospina.

Al morir el 7 de febrero de 1923 nos legó un vasto acervo poético, recopilado en varias obras.

*Por: Pedro Pastor Peña Ruíz

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