Lectores de Largo Aliento – Laura Marcela Cabeza – Carlos Andrés Henao #DomingosDeCuentoYPoesía

Todos coincidimos, por lo general, en que la lectura es una práctica que enriquece el desarrollo de los seres humanos. Sin embargo, según las estadísticas más recientes publicadas por la cámara del libro, los colombianos en promedio leen 2.7 libros al año, la mitad de lo que se lee en otros países de latinoamérica.

El problema es que la lectura es un hábito que no se adquiere por fuerza, como hemos procurado por años en las escuelas, sino por placer.  Lo más placentero de la lectura no es la memorización de datos cuantificables, sino las sensaciones, las emociones y las experiencias emotivo afectivas a las cuales ella nos conduce. Es sobre todo la lectura estética de la literatura lo que hace lectores a largo plazo.

Hace algunos años nos encontramos en un libro de Daniel Pennac (1992) el Decálogo del Lector, allí el autor nombra diez cosa que un lector debe permitirse:

“El derecho a no leer, el derecho a saltarnos páginas, el derecho a no terminar un libro, el derecho a releer, el derecho a leer cualquier cosa, el derecho al bovarismo, el derecho a leer en cualquier sitio, el derecho a hojear, el derecho a leer en voz alta, el derecho a callarnos”.

Nos dimos cuenta que al tratar de crear hábitos de lectura en los niños, por lo general faltamos a casi todo lo que el autor propone. Los obligamos a leer, los obligamos a leerse los textos completos, les exigimos que terminen los libros, los regañamos por no seguir la lectura, les imponemos lecturas, les prohibimos ciertas lecturas, les pedimos que tengan momentos de lectura estructurados, les exigimos silencio y les pedimos que nos rindan un resumen de sus lecturas, sometiendo a juicio lo que han leído y juzgando la comprensión de su lectura. Así, en solo diez pequeños pasos hemos convertido algo que podría y debería ser emocionante y provocador en algo terriblemente aburrido y tedioso.

El asunto es que el decálogo no es compatible con los ritmos y exigencias de aprendizaje que se nos imponen a través del sistema de educación tradicional. Algunas ciudades del país han hecho esfuerzos significativos en la implementación de planes de lectura que tienen como eje principal llevar la literatura a los ciudadanos de manera informal, lúdica y constante.Se fomenta la lectura por placer, como actividad lúdica y no como obligación.

Entonces descubrimos la maravillosa extensión de la imaginación y la creatividad que son los libros ¿Qué se requiere? Un lector que disfrute las palabras, que al nombrarlas les de sentido; que la palabra avión cree el avión. La lectura es así un portal a través del cual soñamos, creamos, conocemos y nos apropiamos de conocimientos. No necesitamos entonces, contra todos los pronósticos académicos, enseñar de memoria la diferencia entre !ay¡ y ahí porque la hemos experimentado la hemos comprendido en la vivencia. Es así como llegamos a saber que el camino puede ser del gusto al entendimiento y de allí a la norma. De la emoción de una lectura ruidosa y compartida a la comprensión de la gramática y la ortografía. 

Otro elemento fundamental que es necesario revisar en los intentos de construir lectores es el gran valor que se le otorga a la velocidad. Leer no es una competencia, es más bien un viaje no hay que ir a toda prisa y llegar primero. Hay que disfrutar cada parte, sacarle el jugo y comprender que cada persona tiene un ritmo relativo a su experiencia personal.

Una lectura estética de la literatura implica que se involucren la vivencias, las emociones, los recuerdos, los sentimientos y es por esto que la misma lectura puede despertar en diferente lectores reacciones totalmente contrarias. Así, un lector puede abordar una lectura en minutos  y a otro puede costarle años, sencillamente porque sus entornos y experiencias de vida los han proveído de diferentes herramientas que les posibilitan abordajes diversos de una misma experiencia.

Sugerimos entonces abordar la lectura como goce, una experiencia que deje una marca indeleble aunque intangible, que sea compartida, emotiva, activa, ruidosa, cómica, profunda. Por último, necesitamos relajarnos un poco, empezar a disfrutar procesos y dejar por un rato la evaluación de resultados, los progresos van surgiendo y son, sobre todo, un presente invaluable para el que se va haciendo un lector de largo aliento. Todos tenemos la capacidad y el derecho de leer, lo que nos guste, en nuestros tiempos. Procuremos hacerlo vivo, inventemos historias, hagamos uso de la imaginación y la paciencia, aprender es un proceso que se hace en la suma de momentos y es mucho más efectivo en la medida en que los momentos son memorables. Nada más hermoso que ver la chispa del entendimiento que se enciende de pronto en un nuevo lector. Es tener la certeza de que alguien se ha salvado.

Biografías:

Laura Marcela Cabeza Cifuentes                                            

Promotora de lectura /Redactor Freelance

Antropóloga

Maestra en Literatura

Estudios de Especialización en Psicología Transpersonal

Carlos Andrés Henao Bejarano

Educador Homeschooling 

Sociólogo

Maestro en Educación

Estudios Formador Respiración Holotrópica 

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