¿Prensa? ¿Medios? – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

Lo pensé mucho antes de escribir esta columna, y digo lo pensé porque soy consciente que éste, como otros temas, son muy sensibles y en esa susceptibilidad se agazapa la doble moral de aquellos que reclaman en voz baja pero no se atreven a manifestarlo públicamente con la contundencia que el caso amerita, tal vez por temor al matoneo y las represarías de las que pueden llegar a ser víctimas.   

Al tenor del crecimiento de la revolución industrial los medios de comunicación de masas hicieron su aparición y se desarrollaron permitiendo un progreso en la difusión cultural y de la información de la sociedad en general.  

La prensa escrita, la radio y la televisión se convertirían en los principales vehículos informativos para conocer el acontecer de la sociedad, tanto a escala local, regional, como nacional e internacional y el periodismo cobró fuerza, lo que llevó al sistema universitario a crear las facultades de comunicaciones y en ellas los programas de profesionalización a fin de capacitar a aquellos que, sin tener título, venían ejerciendo el oficio de manera empírica.   

La radio en Colombia se remonta a 1923 año desde el cual cuenta con frecuencias públicas y privadas, pasando a ser la fuente principal de información para el 85 % de la población colombiana; en tanto que la televisión fue inaugurada en nuestro país el 13 de junio de 1954, durante el gobierno del tunjano Gustavo Rojas Pinilla, quien quedó impresionado por el nuevo invento durante su estadía en la Alemania nazi como agregado militar.    

Por su parte, los periódicos comienzan a publicarse a finales del siglo XVIII. El primero en Colombia fue «El aviso del terremoto», creado precisamente después de un movimiento sísmico y para mitad del siglo XIX los periódicos dieron un gran salto dentro de la sociedad, no solo colombiana, sino del mundo.   

Ese fue el escenario para que los periodistas encontraran varias posibilidades de ejercer su profesión, dando paso a la aparición de grandes figuras de la comunicación que, por respeto a tantos hombres y mujeres, prefiero generalizarlo antes que atreverme a dar nombres de los que  admiro profundamente y por los que profeso un legítimo respeto dada la impecable maestría con la que desarrollaron, en su momento, el periodismo bien hecho y el inmenso legado que dejaron para las siguientes generaciones.  

Las grandes casas editoriales hicieron su aparición y los grupos más poderosos de la economía en Colombia habilitaron mercados comunicacionales, tanto hablados como escritos y de televisión pues se dieron cuenta que a través de ellos se tenía dominio y poder, ya que un medio lo que hace es direccionar el pensamiento de la opinión pública y ponerlo en sintonía, tal vez con la intencionalidad misma que se genere la noticia. 

Apostarle a crear un medio de comunicación serio en este país es una arriesgada pericia, toda vez que no solo se debe enfrentar la gigantesca mole de la tramitología legal e impuestos, sino que se tiene que contratar a un personal de alto perfil, con todos lo que esto implica en cuanto a salarios, seguridad social, primas, comisiones, liquidaciones, por mencionar apenas unas de las tantas obligaciones que adquiere el empleador a la hora de vincular a una persona a su empresa.

La planta física y los implementos son también los grandes determinantes, por lo que durante mucho tiempo solo los poderosos podían adquirir las sofisticadas maquinas, bien fuera para desarrollar las comunicaciones escritas, habladas o de televisión; de ahí que esta actividad pasó a ser el fortín de los grupos privilegiados que manejan la economía en el país quienes a través de las comunicaciones adquirieron mayor dominio y jerarquía.   

Llegaron los medios comunitarios promovidos por el estado y muchos soñadores esperanzados en el boom de esta herramienta se metieron en esa aventura, en tanto que otros más osados se la jugaron por crear sus propias empresas para competir con los grandes pulpos de las noticias en Colombia dando paso a la aparición de periódicos y canales privados regionales que aún y pese al desmoronamiento de la economía, permanecen de pie dando la batalla.   

Este esquema se ha mantenido desde sus inicios hasta nuestros días, sin embargo, con la llegada de la internet el concepto cambio sustancialmente hasta el punto de distorsionar por completo la esencia pura del periodismo, muy similar a lo que ocurrió en el área de la grabación y las producciones en los estudios y sellos discográficos.

Tener un computador o montar con tutorial una página web es ahora condición suficiente para entrar al mundo del periodismo y adquirir el rótulo de “medio de comunicación” o “periodista” y atrás quedó la verdadera filosofía de una de las carreras más sagradas que ha tenido la dinámica social a lo largo de la historia donde se indagaba, investigaba, redactaba, diagramaba, recreaba y publicaba una noticia luego de un cuidadoso proceso, que por supuesto requería y requiere de profesionales en el área como cualquier otra labor que nos lleva a recordar el adagio popular “zapatero a tus zapatos”.   

A los que sí les ha ido bien con la proliferación de este triste fenómeno es a los confeccionistas y empresas de chalecos, por cuanto son muchos los que ahora portan uno de ellos con un letrero a la espalda que dice “PRENSA» quienes, sin ruborizarse, entran a los grandes eventos o a las reuniones donde hay cocteles para degustar del fino licor y la exquisita gastronomía; en una mano llevan el micrófono y en la otra la cuenta de cobro y el talego con el mecato a casa.  

Algunas dependencias de prensa de los entes públicos también montaron sus páginas web e ingresaron supuestamente por la puerta grande de las comunicaciones a través de las aplicaciones en donde dicen tener miles de seguidores, argumento que le transmiten a sus mandatarios quienes comen cuento y se llenan de argumentos cultivados en un cascarón ensimismado donde solo hay espacio para la mentira y la adulación mutua que dista mucho de la realidad y la calificación que dan de ellos sus gobernados.  

Que errados están quienes les hacen juego a estas ​prácticas mediáticas desconociendo a los verdaderos medios que, por su estructura, trayectoria y hegemonía se han ganado por años el respeto y la credibilidad de la opinión pública, porque su labor ha estado orientada por preceptos de la ética, el conocimiento, el servicio y el seguimiento estricto de derroteros señalados por todo lo que hay detrás del encantador y complejo mundo de las comunicaciones.   

Hace mucho tiempo que los canales privados de televisión utilizan los rostros de las reinas de belleza como gancho para atraer seguidores y lograr el rating que les dé más posicionamiento y por eso, tristemente hemos sido testigos de aquellas caras bonitas y cuerpos voluptuosos con pésima redacción y mermado léxico con el que desinforman y crean confusión ya que están muy lejos del manejo y dominio de los temas que difunden y más aún del glosario que circunda el espectro de cada noticia.     

Lo mismo ocurre con algunos presentadores que están más pendientes del look, la gomina y la pinta que detenerse a leer bien el libreto del teleprompter, cometiendo verdaderas aberraciones literarias a la hora de hacer pública una primicia y poniendo en evidencia que esa no es precisamente ni su profesión ni su oficio, porque como se dice, «están en el lugar equivocado».   

Si bien es cierto que ha surgido una producción enorme de contenidos multimedia, que se ha dado forma a nuevos discursos, lenguajes y narrativas, que cada vez es más común el uso de dispositivos móviles para la emisión y recepción de mensajes y que han cambiado la gestión de la información, las prácticas de comunicación y los procesos socioculturales; también es cierto que la práctica original del periodismo no se puede refundir en estas avalanchas tecnológicas, sino por el contrario, tiene que estar a tono con la actualidad pero sin castrar el genuino propósito cual es ejercer una labor seria, respaldada por una empresa legalmente constituida  con el lleno de los requisitos y el soporte ante cualquier novedad, reclamo o transacción legitima. 

Éste es ahora el vergonzoso y desolador panorama de las comunicaciones en Colombia, una digna profesión que paso a ser manipulada por todos, sin filtro alguno y para la cual no se necesita más que una improvisada página, un celular y por supuesto que no falte el chaleco que diga “PRENSA” con el cual se adquieren todos los privilegios que a pulso han hecho valer durante décadas los precursores de esta noble labor en el mundo. 

Con la pandemia y mucho antes que llegara la emergencia sanitaria ya se planeaba el reinvento de muchos medios, por eso Semana y Caracol se han reestructurado, Televisa Colombia y el canal de televisión de El Tiempo cerraron, los medios regionales de la misma casa editorial fueron cegados y tan solo uno que fue adquirido por inversionistas subsistió, como el caso de Boyacá Sie7e Días. RCN Televisión y NTN24 llevaron a cabo despidos masivos y qué decir de los que luego de 30 o más años de labores le dijeron adiós a sus audiencias, en tanto que otros insisten, luchan, perseveran y se niegan a cerrar sus puertas.   

Este doloroso escenario ha dejado a centenares de profesionales del periodismo en el desempleo y ahora el desafío es mayor desde que aparecieron las redes sociales y plataformas digitales que cambiaron radicalmente las formas de consumo, porque al parecer la inmediatez, la improvisación y la usurpación agresiva de los nuevos “zares de la comunicación» llegó para quedarse, con el auspicio de aquellos mandatarios que tienen “rabo de paja” y les es más conveniente patrocinar el surgimiento de páginas web y aplicaciones donde les aplauden y les tildan de héroes, que darle la cara a la verdadera prensa en Colombia.  

No es médico aquel que peligrosamente se auto fórmula, no es arquitecto el que hace algunos trazos y esboza torpemente unas líneas en una hoja, tampoco es ingeniero el que sin cálculo alguno propone un puente o una carretera, no es piloto el que monta bicicleta y mucho menos es periodista todo aquel que tiene una web, un celular de media gama o un chaleco que dice “PRENSA”.   

¡Respeto con las profesiones! que la seriedad, la hegemonía, el conocimiento y la trayectoria no se compran en “todo a mil” ni se improvisa, ya que para coronar la cúspide de la respetabilidad y el reconocimiento hay que andar paso a paso el camino y no pretender llegar a ella con astutos saltos de garrocha.  

Bienvenidos los creadores y promotores de empresas editoriales virtuales, programas de radio, televisión y/o diarios de difusión virtual y en general todo sistema serio, estructurado y responsable de comunicación que llegue a robustecer el área y la industria privada y mi arriesgada denuncia y rechazo público a los invasores que en ocasiones nos hacen dar vergüenza de esta bella y noble profesión del periodismo que por su importancia y utilidad, merece otra suerte muy distinta a las mañas que desde hace tiempo se vienen enquistando con el silencio cómplice de todos.    

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