¿Política o economía? – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

Parece ya bien sabido que hoy el verdadero poder no lo ostentan los políticos que en apariencia gobiernan una nación sino las personas con más dinero, o capital si se prefiere; tal vez es más exacto decir que muchas de estas personas prefieren no ostentar sino simplemente ejercer, muchas veces tras bambalinas; claro está que hay políticos con muchos negocios que se pueden ver afectados, aunque por lo general beneficiados, por sus decisiones como gobernantes. 

Un ejemplo muy claro es algo que ocurre en todo el mundo y es que muchas veces los políticos gobiernan a favor de quienes pagan sus campañas y no de quienes los eligen; en Colombia se mueve mucho dinero que no se registra en las cuentas de las campañas, por lo que en apariencia se respetan los topes, pero en Estados Unidos simplemente no hay límites establecidos para la financiación. 

En un escenario más académico, digamos en el marco de las ideas, podríamos cuestionarnos sobre qué es más preponderante para la toma de decisiones si la política o la economía. Ya decía Platón que los negociantes debían dedicarse a los negocios y los políticos a la política. Pero en la actualidad hay una serie de hibridaciones que hacen más difícil esta separación en la práctica. 

Incluso en la guerra fría del siglo XX en la que se disputaba la hegemonía de un modelo político, claramente había intereses económicos de por medio. Las tensiones actuales entre Ucrania, Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, la OTAN, pueden llevarnos con mucha facilidad a pensar en el siglo pasado, pero la verdad es que hoy más que nunca relucen los intereses económicos y geoestratégicos por encima de las enarboladas ideologías o patriotismos. 

Si se trata de mantener el statu quo, pareciera que no hay mucho que razonar, nos dicen que la confianza facilita la inversión, pero cuando se trata de lograr cambios las especulaciones pululan y surgen temas que no resultan tan fáciles de entender para algunos.  

Para las próximas elecciones es posible que ya no sea tan fácil asociar la pobreza y la inflación con un único espectro político, ya que se está experimentando en países con diferentes ideologías; de la misma manera, es posible que se matice la visión de algunos que suelen proponer una dicotomía profunda entre intervencionismo o libre mercado; o al menos tendrán que trabajar en su eficacia comunicativa si no quieren sonar absolutamente anacrónicos. 

Las situaciones económicas pueden presionar decisiones políticas, aunque muchos pensadores plantean que la política tiene prioridad ante la economía.  

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