Se nos fue Sonia Martínez, la “Matrona” de Coclí Coclí

Una de las más importantes compositoras de la música andina colombiana emprendió su viaje sin regreso dejando un hondo vacío en el mundo de la música folclórica nacional y en especial en aquellos melómanos que por muchos años se deleitaron con su música.

Sonia​Martínez, la gran compositora del folclor colombiano. Fotografía Archivo particular.

Cómo no recordar cuando dos jovencitas con trenzas y trajes de marchantas campesinas acompañadas por su hermano en la bandola, se coronaron como “Princesas de la canción” entonando los versos de esta cantautora de colosal creación Sonia Martínez, expresando la jocosidad de sus textos y la sencillez de gran obra compositiva.

«El bambuco y la guabina se pusieron a jugar, ella coqueta y divina, él de estampa señorial. En el parque de mi pueblo, en reposos musicales por entre los cafetales se empezaron a besar. Agua pasó por aquí jugando coclí coclí…y tuvieron un bambuquito y le llamaron Coclí».

Así dice el estribillo de esta hermosa obra que Mireya, Paola y Juan Pablo Becerra Quiroz interpretaron en aquella oportunidad y que le dio la vuelta por los diferentes sistemas comunicacionales del país y el mundo difundiendo, no solo la noticia de las nuevas princesas de la canción de aquel tiempo, sino la sorprendente historia de amor del bambuco y la guabina.

Y es que se trataba de una de las tantas composiciones de Sonia Martínez, una refinada dama de apariencia altiva y coqueta como la guabina que menciona en su singular bambuco, convertido en una especie de himno popular interpretado por cientos de artistas a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Sonia Martínez era dueña de una alegre voz y una sonrisa que contagiaba señorío y altivez, propia de esas refinadas damas de abolengos enigmáticos, pero de una sencillez abrumadora que plasmaba con asombrosa sabiduría en sus canciones.

Su legado es inmenso y sus canciones seguirán retumbando en el pentagrama de la patria porque compositoras como Sonia Martínez, no solo llegaron para bañar de gloria y donaire el folclor, sino para consagrar en el recuerdo del imaginario colectivo sus versos de estirpe montañero.

Entre su interminable lista de logros, preseas y trofeos, Sonia guardó con celo los obtenidos en​grandes festivales como el Mono Núñez de Ginebra Valle del Cauca, el del Pasillo de Aguadas y el que le fue otorgado en el Festival de Cotrafa en Bello, Antioquia

Paz en la tumba de esta mujer que tras su muerte se convierte en una más de esas leyendas adosadas a las páginas sagradas de la gran enciclopedia de la autenticidad colombiana.

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