¿Qué es más inteligente, hacer amigos o enemigos? – David Sáenz #ColumnistaInvitado

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¿Qué es más inteligente, hacer amigos o enemigos? - David Sáenz #ColumnistaInvitado 1(Este texto tiene spoilers sobre la película, El poder del perro)

Las relaciones humanas e intersubjetivas son constitutivas de nuestra condición antropológica. Una persona que se aleje totalmente de la vida en comunidad y pierda el contacto con los otros nos puede llegar a parecer temeraria y más inclinada al mundo ficcional que al mundo real. Todos sentimos la necesidad de los otros, no solamente para fines relacionados con el trabajo que los demás saben hacer, sino en términos de lo afectivo y de la construcción de la personalidad.

Tal tema ha hecho reflexionar a diversos pensadores, por ejemplo, Platón decía que los otros son los espejos en los que nos vemos. Tal afirmación nos hace pensar que para que la figura que tenemos frente al espejo se mueva, tiene que haber un movimiento, es decir, no es posible que la figura que está en el espejo se altere si no hay una correspondencia. Lo mismo sucede con las relaciones humanas, los movimientos de los otros, entendidos como, palabras, formas de ser, actitudes, etc., inevitablemente alteran la forma en que nosotros nos configuramos con el mundo y con nosotros mismos.

Sin embargo, las relaciones con los otros son conflictivas. El otro es precisamente eso, otro. Esta otredad en muchas ocasiones molesta e interpela, de tal manera que, aunque sea casi imposible prescindir de las relaciones humanas, éstas no carecen de animadversiones y de dificultades que, en muchos casos terminan en violencia.

Bien es cierto que, tenemos la manía de leer la realidad con ojos maniqueos, con dualismos que oscilan en dos extremos, entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo grande y lo pequeño, etc. Así también nos relacionamos con los otros, a partir de estas fronteras.

Por tanto, ya que esa es en gran medida la forma como nos tratamos con los otros, quisiera plantear la siguiente cuestión: ¿Qué es más inteligente, hacer amigos o enemigos?

Para responder a tal incógnita, hablaré un poco de la película del director, Jane Campion: El poder del perro. Hay un personaje enigmático llamado Phil, este siempre tiene un aspecto malhumorado. Sus actitudes son toscas, agresivas y dominantes. Su hermano George contrae matrimonio con una viuda, Rose. Quien se muda a la hacienda que, aparentemente pertenece a George y a Phil. Este último es humillante con la recién casada. Ejerce tal grado de intimidación que, Rose se convierte en alcohólica y vive en los lindes de la depresión y la locura.

Sin embargo, Rose no está sola. Tiene un hijo, Peter. Este es un joven estudiante de medicina. Luce tan enjuto que, se ve muy frágil y débil, en otras palabras, es la antítesis de Phil, quien es el macho fornido, alto, fuerte, resistente al dolor e intimidante. En las primeras escenas de la película, Phil también somete a Peter al ridículo. Se burla indiscriminadamente de él. Lo expone ante los otros para que sea objeto de la mofa y el acoso.

Pese al miedo que siente Peter por Phil, se acerca poco a poco a él. Gana su confianza. Lo deslumbra con su inteligencia. El joven estudiante de medicina tiene un plan, el cual no se hace evidente en gran parte de la película: deshacerse del verdugo psicológico de su madre. Al final del film lo logra, no diremos cómo, ojalá que el lector se anime a ver el largometraje y a averiguarlo por sí mismo.

Ahora bien, ¿era Phil tan malévolo como para que no se pudiese vivir en un mundo en donde él habitara? Indudablemente no. Phil era un hombre amargado pero no peligroso. Su gran error, el que lo condujo a la muerte: granjearse un enemigo. Subestimar al otro. Iniciar una relación en donde media la dominación y el miedo.

Llegado a este punto, se plantea que, aunque las relaciones humanas son conflictivas, la mejor forma de relacionarse con el otro, es a través de una inteligencia cordial. No diría que a través de la amistad, dado que esta es una relación especial que necesita del tiempo y del conocimiento mutuo e íntimo para consolidarse. Entonces la mejor forma de vincularse con los otros consiste en no propiciar nada que conlleve a la enemistad, a tener un enemigo. Este es un acto suicida y poco inteligente para lograr la armonía necesaria para lograr vivir en comunidad.

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