Triunfos y disciplina – Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez #Columnista7días

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Triunfos y disciplina - Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez #Columnista7días 1Parece confirmarse que solo los que brillan con sus medallas, trofeos, camisetas, mejores equipos técnicos, contrataciones ostentosas en lo nacional e internacional se convierten en ídolos, pasan por los grupos élite, les hacen series de televisión, entrevistas por toda clase de medios, campañas publicitarias y hasta figuras para álbumes.

Está bien, y esa debiese ser una condición de igualad, equidad y verdadero ejemplo, que a cada uno de los integrantes de los llamados “equipos” se les reconozcan sus logros, el premio a sus esfuerzos y la dedicación a superarse, en todos los niveles, y se refleje en cada historia que van contando en las presentaciones, sociales, ante patrocinadores o de los eventos.

Lo anterior para llamar a familiares, representantes, padrinos, cazatalentos, apoderados, directores, gerentes y círculos que acompañan a talentos que su única ilusión es triunfar, darse una vida digna, satisfacciones a su entorno y servir de referente, para que den las mismas oportunidades y nivel a niños y jóvenes que decidieron o escogieron un deporte para hacerlo, con disciplina, su razón de ser, su mundo, sus triunfos por la vida, sin codazos.

No se compadece que, en competencias, torneos, eventos interbarrios, o simples materias de colegios, crear una rivalidad que se lleva hasta el profesionalismo, pero que no es sana, sino que lleva a extremos, manejos inadecuados de egos y hasta el “juego limpio” desaparece, con todas sus consecuencias.

No faltan las peleas en camerinos, terceros tiempos, rumbas o en vías porque no se saben manejar esas emociones que imponen los marcadores, los colores, las vueltas “olímpicas” y las celebraciones exageradas de un logro, que es el paso a otro… y así.

Todo nos lleva a pregonar: ¿si propusimos el deporte, igual se da en todos los saberes, en estratos sociales y clases, en lo privado y público, en profesiones que son liberales y las más conservadoras porque, infortunadamente, no sabemos ganar, ni perder y mucho menos empatar?

Cualquiera sea el resultado nos exageramos en justificarlos y para ello los apasionamientos pasan sus cuentas de cobro y dejan muchos saldos…

Vayamos despacio, con pies de plomo, en la formación o educación que se imparte, como para disfrutar del ballet, del concierto, de la misa, de la comida, con normas éticas que en vez del silencio cómplice pueda servir para crear patrones de comportamiento social, formar ciudadanos que no se “matan” por un deporte, sino que les sirve como distracción al agite diario.

Habrá fanatismo y eso también está en la política, en lo empresarial, en lo comercial, pero que no sea un signo que marque a nuestras generaciones que pasan por sobre todas las cosas, con tal de “tragarse el mundo”, lograr sus pretensiones y ser radicales en sus comportamientos.

No todo lo que nos rodea se debe tomar por deporte, debemos asumir responsabilidades, ser consecuentes con los espacios ganados y con las habilidades para hacerlas parte de nuestras vidas. No competir por ganar medallitas, sino por ganarse la medalla. No por un trofeo brillante, sino el reconocimiento de cruzar la meta. Así de sencillo nos vamos formando por sentir y vibrar con cada logro, con cada premio, con cada aplauso, con cada podio personal.

Ahora nos toca hacer realidad el que no llevemos a la exageración esos momentos. Sin máscaras.

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