¿Qué nos ha enseñado la pandemia en los últimos dos años? – David Sáenz #ColumnistaInvitado

Desde hace casi dos años la pandemia se instaló en la vida de la humanidad. Miles y miles de muertes ha dejado el tiempo COVID. Se han paralizado los mercados y las fronteras se han cerrado. En otras palabras, ha sucedido lo que jamás el proyecto de la globalización hubiera imaginado.

Ahora bien, gracias a la vacuna y a que los seres humanos tenemos la capacidad de adaptación, la vida está volviendo a recuperar cierto tono de libertad, es decir, las personas estamos de nuevo en disposición de tomar decisiones relacionadas con la movilidad, con el encuentro con los otros, con el lugar de trabajo, con los horarios en los que hacemos nuestros diligencias y con los sitios que preferimos visitar, etc.

Seguramente lo que más le ha costado a mucha gente en los tiempos Covid es ser tratados como seres sin libertad de decidir.

Sin embargo, esa limitación a nuestra libertad y todo lo que implica la pandemia, nos ha dejado varias enseñanzas.

Al finalizar el año 2021 y al cumplir prácticamente dos años de la pandemia en el mundo, podemos decir que hemos entendido que lo más sensato es vivir en el presente. No sabemos en qué momento la vida nos puede cambiar. La pandemia nos ha recordado nuestra finitud, la cual nos permite saber que no podemos pasar toda la vida posponiendo lo que en realidad nos hace felices.

Por otra parte, este tiempo nos ha recordado que los seres humanos somos profundamente necesitados del otro. Por más que nos cueste la convivencia con los demás, es imposible pensarnos la vida sin el afecto del otro; sin la ayuda del otro, sin la palabra, la amistad y la familiaridad de los demás.

Por último, la pandemia nos ha recordado que somos seres para la libertad. Vivir en un mundo en donde no podamos tomar nuestras decisiones es distópico. Por tanto, este es un tiempo que nos ha permitido saber que la libertad de decisión es constitutiva de nuestra condición humana y que siempre tenemos que hacer lo que esté a nuestro alcance para propiciar que las estructuras que construimos no vulneren nuestra libertad de decisión.

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