Balances, Calificaciones y Acciones – Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez #Columnista7días

Estamos a pocos días de recibir el 2022… y eso nos obliga a que entre todos dejemos de lamentarnos por lo que se hizo, se dejó de hacer o se hizo a medias, y lo que es peor por aquello que se prometió y no se cumplió. No solo en lo público sino en lo privado, en lo personal y en la sociedad. Así que auto reflexionar, contrición, unirnos y que cada aporte individual refuerce lo colectivo.

No se entiende, o por lo menos no se comprende o justifica, que a quienes dimos el poder de “representarnos” hayan sido tan inferiores o lejanos a los retos. Basta con revisar sus redes sociales y ver –con desagrado- que se convirtieron en espejo al ego, a la idolatría y a la demostración de ser “superiores” a costillas de frases, buenas fotografías y aduladores sonriendo.

¿Cuántas de las administraciones presentaron sus obligadas rendiciones de cuentas?, ¿Cuántos de los eventos -realizados con recursos públicos- y justificados haber dado “oportunidades a los locales”?, ¿Qué hay de la comparación entre lo prometido y lo cumplido?, es decir de los balances que dejarán para que sirvan de pretexto a sus apoyos a los amigos, copartidarios, jefes o patrocinadores y así poder justificar que se debe votar por x, y o z, e incluso por w.

Con medios comunitarios, comerciales, en las redes sociales, en la web y hasta pudiéndolo hacer en las plazas públicas, en teatros, en auditorios o en sus despachos, parece que a sus grandilocuentes asesores se les olvida que en sus estrategias está el hablar, explicar, informar y comunicar a las comunidades, porque ya con hechos cumplidos “no hay Santa Lucía que valga” dice el refrán.

Hemos dejado pasar muchas cosas sin el escrutinio de ser veedores ciudadanos, de los entes de control que se amañan para lograr titulares y por estos aplausos. Nos tiembla volver a dar o emitir calificaciones de las actuaciones, porque de seguro no hay un equilibrio entre lo que se piensa, dice y hace. Y que no se excluyan las presiones, cobrar por hacerlo, pagar para que haga, aprovechar que se les da la mano y se cogen el hombro y hasta los que pregonan pero no aplican.

Decepciona encontrar que las malas prácticas llegan hasta en casos como incumplir un arreglo en la sastrería, pedir o recibir unos pesos para anunciarlos en tarimas –que son de eventos públicos-, llegar tarde a citas y tratar de justificar lo que no tiene vuelta de hoja, mentir por sólo quedar bien, pedir favores cuando nunca se ha hecho uno, atrincherarse en cargos para politiquear, cerrar puertas con comentarios por resquemores, utilizar sus redes y grupos para enviar las publicaciones y así congraciarse con los patrones, utilizar los cubos para lograr pautas y hasta ganarse puestos en las filas de vacunación con pretextos estúpidos y así salir a celebrar que se burlaron de todos.

Que dentro de un año o dos, si es que estamos por estos lados, podamos haber levantado la cabeza, ver cambios, alejar malas ondas o energías, ver la realidad de las acciones de los que se van y de los que llegan, dejarnos de auto engañarnos, de cerrar a los ojos sabiendo que hay cosas que están mal y de aportes es que podemos enderezar el rumbo.

Somos superiores a estar en la primera o última líneas, pero no hemos aprendido a orientar las velas y llegar a puertos seguros, acá no es que sálvese quien pueda, es salvémonos todos y direccionemos las vías, los servicios, la educación, la alimentación y ante todo ser consecuentes con que la pandemia no tuvo cristales antirreflejo porque ya llegó la cuarta ola y nos reíamos de los expertos que nos anunciaron, incluso la quinta, y no aprendimos, o no quisimos aprender, y lamentarnos solo nos lleva a la incertidumbre del 2022. No es envidia o temor, es reiterar el llamado a la sensatez y cordura en todos los escenarios.

En los sectores productivos hay preocupación porque vienen retos que habrá que afrontar, pero no solos, dispersos, divididos o polarizados. Ojalá tanta repetición de palabras -sin hilo conductor o por salir del paso-, en las novenas, nos deje tiempo para ajustar las cargas. Dejar de lado las ambiciones desmedidas, compartir de verdad, balances equilibrados, calificaciones justas y proporcionas y unas acciones futuristas pero concretas nos lleguen con los reyes magos.

Que tengamos un feliz año 2022, que la cacareada prosperidad se vea, que las pascuas sean de verdad felices, que la sinceridad sea de frente, que Usted y yo podamos pregonar con altura y que de ser posible estas líneas se guarden y queden como una “autorreflexión”, sin dolores.

Gracias y buen descanso.