¿Qué hace un buen docente universitario? – David Sáenz #ColumnistaInvitado

Durante los últimos dos años, ha habido muchos trabajos que se han tenido que readaptar debido a los tiempos pandémicos. Uno de ellos es el trabajo docente, el cual no tuvo ningún tiempo de adaptación, especialmente el del profesor universitario. No hubo ningún proceso de transición entre la presencialidad y las clases sincrónicas mediadas por las Tics.

Los profesores universitarios han tenido que aprender a utilizar herramientas tecnológicas que hasta el momento no eran tan conocidas, Zoom o Google Meet, entre otras. También han aprendido a usar otros software para hacer más didácticas las clases. Ahora las universidades buscan que sus profesores sean avezados en el manejo de estas tecnologías. Así mismo, muchos estudiantes evalúan a sus profesores con base en el uso de estas metodologías. En otras palabras, el uso de las tecnologías es uno de los elementos más tenidos en cuenta para la permanencia de un profesor en una universidad, particularmente, en las privadas.

No obstante, el uso de las nuevas tecnologías que hacen parte de las mediaciones didácticas y pedagógicas pueden ocasionar una confusión: creer que las tecnologías son un fin y no un medio y suponer que el mejor profesor es quien más utiliza herramientas didácticas mediadas por las tics.  En antaño se utilizaba la pizarra y la tiza, así como las carteleras en papel, etc., estos eran puentes, medios, no fines. Seguramente nadie confundía la tiza con un fin. Bien es cierto que la tecnología, debido a su novedad y a sus facilidades nos pueden generar ciertos imaginarios, más del lado de la fantasía que de la realidad.

Ahora bien, ¿qué hace que un profesor sea un buen profesor? ¿Qué es lo que más se le ha de valorar? Indudablemente, el conocimiento. Las horas de lectura y de estudio, que son la misma vida.

El trabajo de un profesor universitario no se reduce al buen manejo de la tecnología. El trabajo docente es más amplio. Un profesor universitario ha de pasar la mayor parte del tiempo leyendo y estudiando. Este es lo único que hará que le pueda compartir a los estudiantes conocimiento actualizado y crítico.

Por otra parte, el profesor no solamente tiene que dar respuesta de su disciplina, también tiene que entender el mundo en el que vive. Sólo así podrá ayudarle al estudiante a conectar los contenidos del espacio académico con los problemas actuales, verbigracia, el cambio climático, la migración, la violencia de género, la crisis de la democracia, la inequidad, el sinsentido de la vida para muchos, etc. Si el docente no puede establecer asociaciones entre lo que enseña y las problemáticas de la sociedad, difícilmente será un buen docente. Para que el educador pueda lograr este objetivo, necesita de tiempo para leer prensa, literatura, historia, filosofía, periodismo literario, etc.

Si el profesor no lee, si no se expone a la contemplación, dejará de ser un maestro capaz de motivar en los estudiantes el deseo de aprender para la transformación.

Por consiguiente, las universidades tienen que brindar los tiempos necesarios a los profesores para la lectura y no confundir la calidad de la educación con las mediaciones tecnológicas. Por otra parte, si un profesor no es un ávido lector debería replantear su oficio, pues evidentemente no tiene la vocación de profesor universitario, que es la opción por la universalidad.