El justo medio aristotélico – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

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En el libro Aristóteles: de la potencia al acto, de Ruiz Trujillo, se explica con claridad la virtud ética aristotélica, entendiendo la virtud como un justo medio entre dos extremos considerados vicios, uno por exceso y otro por defecto. 

En este escenario, un ejemplo recurrente en textos y medios de divulgación es el del comportamiento de un hombre que actúa valientemente frente a una situación de peligro, siendo la valentía la virtud y los extremos indeseables la cobardía (por defecto) y la temeridad (por exceso). 

Así, para el ethos colombiano, vale destacar que “las virtudes éticas se refieren a una manera habitual de actuar frente a determinadas situaciones”, de acuerdo con la interpretación que hace Ruiz Trujillo de Aristóteles. De esta manera, el justo medio no sería siempre apropiado simplemente de manera circunstancial, sino que se trataría de una manera habitual de actuar y en el fondo de una manera de ser. 

Por otra parte, una mirada superficial de este tema podría llevarnos a pensar que el justo medio es la opción “ganadora” frente a cualquier situación, cuando realmente se trataría de un hábito virtuoso y no de una medida conveniente para maximizar las ganancias. 

Claramente las circunstancias pesan, no se puede juzgar el comportamiento de todas las personas de la misma manera, no se trata de un punto geométrico exacto, pero no se debería relativizar el comportamiento ético privilegiando los resultados sobre las virtudes.  

Acá podemos retrotraer críticamente esa propuesta de Julio Cesar Turbay de reducir la corrupción a sus justas proporciones para reflexionar sobre estos conceptos. Entonces, podríamos inferir un esquema en el cual hay una corrupción deseable y una indeseable, por lo que en este caso la proporción justa nada tendría que ver con el justo medio aristotélico, ya que se estaría escogiendo un vicio, entre otros vicios, en lugar de una virtud. 

Este análisis también cabe en otras latitudes, por ejemplo, hay pensadores que comparaban en el siglo XX las diferencias entre la corrupción en Reino Unido y la de Italia, concluyendo que aquella en este último país resultaba más dañina. 

En el contexto colombiano debemos hacer esfuerzos para enseñar los comportamientos éticos en función a hábitos virtuosos, no sólo en las instituciones educativas sino también en las familias, en lugar de limitarnos a pensar en términos de prohibiciones y utilidades. 

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