¿Qué hacer ante la muerte violenta del padre? – David Sáenz #ColumnistaInvitado

“¿Qué me importa que los verdugos vayan al infierno, qué puede hacer el infierno cuando los niños ya sufrieron su martirio? Yo quiero perdonar, donar y abrazar, no quiero que nadie sufra”.

Fiodor Dostoieveski – Los hermanos Karamazov

Colombia ha tenido una historia marcada por la Violencia. Violencia que ha dejado más de 200.000 muertos y más de nueve millones de víctimas. Ha habido más muertes por el Conflicto Armado que por la pandemia, que como bien sabemos, ha paralizado el país. Pese a la tragedia y el dolor de la muerte, en Colombia morir de viejo o de muerte natural resulta ser un privilegio. Tanto así que el país, especialmente en las regiones más apartadas, ha dejado muchos niños y niñas sin padres, huérfanos que se han convertido en armas de la venganza y/o en mártires obligados a perdonar lo imperdonable y lo imprescriptible.

Este es el caso de Camila, la excombatiente de las Farc a quien Jesús Abad Colorado entrevistó en el documental El testigo. En el cortometraje se recuerda que,  en la vereda La Resbalosa, en Tierralta, después de haber visitado a su abuela, Camila se enteró de que la Brigada 17 del ejército, en alianza con los paramilitares, habían matado a sus padres y  a sus hermanos. Tal situación le llenó el corazón de dolor y le dio las fuerzas para entrar en la guerrilla de las Farc, sin embargo, después de años de lucha, frente a Jesús Abad, reconoció que cree en la paz y que la venganza no es el camino; está dispuesta a perdonar a quienes mataron a sus padres y a trabajar por construir un país en el que sea posible vivir juntos.

Otro escenario de muerte violenta es el de Alberto Uribe Sierra, el padre del expresidente de la República, Álvaro Uribe. Lo mataron en el año 1983, lo más seguro es que hayan sido guerrilleros de las Farc quienes perpetraron el hecho. Desde aquel entonces, el hijo, quien se ha dedicado a la política, no ha hecho otra cosa sino buscar la venganza por la muerte de su padre. Este dolor lo ha llevado a la presidencia de Colombia y a ser uno de los antagonistas del proceso de paz con la extinta guerrilla. Fruto del dolor ante la violenta muerte de su padre, su retórica es de odio y de venganza.

Por otra parte, Héctor Abad Gómez, el padre del escritor colombiano, Héctor Abad Faciolince, fue asesinado en 1987 por fuerzas paramilitares que lo acusaban de ser de izquierda, cuando lo único que hacía era ejercer la medicina desde el enfoque de la salud pública. Trabajaba para que los más empobrecidos de Medellín tuvieran derecho a gozar de agua potable, educación, salud, etc. Es necesario decir que este país es tan violento que tener una postura política o ser endilgado con el rotulo de izquierda, es una condena de muerte. Sin embargo, ¿qué hizo su hijo frente a la muerte de su padre?

Escribir…

Héctor Abad Faciolince, en sus diarios, reunidos en una edición de Alfaguara, llamada, Lo que fue presente, escribió:

“Este cuaderno se me había perdido y no pude escribir en otra parte que el 26 de agosto por la noche, sucedió el hecho que más dolor me ha dado desde que estoy vivo: mataron a mi padre. Mataron a mi papá… Ya ha pasado más de un mes y quisiera llorar otra vez para dejar testimonio de mi dolor en estas páginas. Uno quisiera poder llorar todo el día, gritar, protestar, luchar. Pero la vida se obstina en llevarlos por un rumbo más o menos estable, más o menos mediocre. Creo que ningún niño, ningún adolescente ha querido tanto a su padre como yo al mío. Cuántas veces no lloré, antes de su muerte por su muerte… A tu memoria voy a escribir los libros que tú hubieras querido ver publicados con mi nombre. Estudiaré y me aplicaré para hacerlo todo de una manera digna de tu memoria…

Ahora bien, Héctor Abad Faciolince, pese al dolor, no optó por el camino de la venganza. No tomó las armas, ni decidió empezar una carrera política que utilizara las fuerzas del Estado para ejercer una venganza personal. Por el contrario, optó por la vía del arte, la cual es la más cercana a la experiencia del dolor. Convirtió su dolor en una obra maestra y de tal manera domesticó el horror; fruto de su aflicción escribió el libro, El olvido que seremos. Del cual recientemente se lanzó una película con el mismo nombre.

En definitiva, la venganza sólo conduce al odio. Por tanto, frente a tanto dolor que hay en el país, el arte, tiene mucho que decir, que denunciar, que domesticar. Sólo será el arte el que nos permita llegar a esta exclamación: “¿Qué me importa que los verdugos vayan al infierno, qué puede hacer el infierno cuando los niños ya sufrieron su martirio? Yo quiero perdonar, donar y abrazar, no quiero que nadie sufra”. Fiodor Dostoieveski – Los hermanos Karamazov

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