¿Cómo responder al caótico tráfico de la ciudad de Tunja? – David Sáenz – #ColumnistaInvitado

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Transitar por las calles de Tunja se ha convertido en un martirio. La ciudad en donde al parecer todo quedaba cerca ha quedado atrás. Día a día el tráfico y el estrés que éste produce le ha robado el encanto a la tranquila capital boyacense. El caos en las vías se ha convertido en un tema común entre los ciudadanos. Todos plantean soluciones, en especial que, se necesitan más vías para que sus habitantes puedan seguir invadiendo el espacio de humo de petróleo y de contaminación.

Ahora bien, Tunja goza de una situación particular a diferencia de las otras capitales colombianas. La capital boyacense no ha sido epicentro de la violencia del Conflicto Armado, ni tampoco de la hipnotización del polvo blanco, ni de la guerra que éste ha causado. Tunja, es una ciudad aparentemente pacífica, tiene otro tipo de violencias, pero no la que ha carcomido a Colombia como si fuese un cáncer. Precisamente por esto, puede pensar para sí otras cosas, diferentes a las que piensan ciudades como Medellín, Bogotá o Cali: ¡cómo convivir con el enemigo, con el que ha descuartizado, desplazado, asesinado, etc.!

Tunja puede pensar en su tráfico, sin embargo, tiene que hacerlo de una manera inteligente, es decir, en sintonía con el problema más urgente del siglo XXI: el cambio climático que amenaza la vida en todas sus formas y no corresponde a un proceso natural del planeta, sino al estilo de vida de los seres humanos. Por consiguiente, la capital boyacense necesita de la apuesta ciudadana y también de un liderazgo político que haga que la ciudad se convierta en una localidad con inteligencia ecológica.

En vez de hacer más vías, las cuales pueden estar más en la imaginación y en el sueño de los tunjanos, sí se puede pensar en una red de ciclorutas que conecte la ciudad. Indudablemente, sin bicicleta no hay paraíso. Este artefacto disminuiría la huella de carbono que dejamos quienes estamos bajo este mismo cielo. Por otra parte, movilizarse en bicicleta, puede contribuir de manera significativa a prevenir las enfermedades cardiovasculares, así mismo, sirve como una terapia anti estrés.

Seguro que en este punto muchos dirán que no es posible debido al frío y a la llovizna, para quienes piensan así, se hace necesario recordarles que Ámsterdam es una ciudad fría y gris y que Minneapolis, Minnesota, llega a temperaturas de menos 25 grados centígrados y que en ambos lugares la bicicleta se ha convertido en un símbolo de vida y en el medio de transporte más preciado.

Además de la bicicleta, se hace urgente que se mejore el sistema de transporte público, en especial de buses. Ojalá que sean eléctricos. Si los buses son agradables, pasan constantemente y cumplen con unos criterios de calidad y de sostenibilidad ambiental, seguro que muchos y muchas se animarán a hacer uso de este servicio.

Tunja es una ciudad llena de cemento y de concreto, por tanto, es una urbe a la que le falta el verde y los colores de la naturaleza. Entonces, se puede planear una ciudad con jardines, con flores, con árboles, con senderos que la comuniquen a través de los pies; una ciudad que invite a caminarla, a sentirla y respirarla.

Por último, se hace inexcusable un cambio de actitud frente a la ciudad. Los ciudadanos tenemos el poder de exigirles a los mandatarios que gobiernen para la vida. También tenemos el poder de empezar a propiciar estos cambios, es decir, utilizar la bicicleta, caminar más, no utilizar automotores que contaminan el espacio… En otras palabras, cambiar de idea de éxito y de ser exitoso. No nos hacemos menos profesionales ni menos personas al ir al trabajo o a la universidad en bicicleta o caminando. No nos disminuimos como seres humanos si decidimos no tener vehículo propio.

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