Dos años después de su muerte, ella misma se hizo sentir para delatar a su asesino – #HistoriasDeHorrorEnBoyacá

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Una enfermera del Seguro Social permaneció desaparecida durante 21 meses, hasta que el afán de su esposo por esconder su rastro ocasionó que saliera a la luz lo que realmente le había sucedido a esta mujer, víctima de la violencia de género.   

El jueves 10 de febrero del 2005, personal del CTI y el DAS llevó a cabo un allanamiento en la vivienda de la calle 12 No. 26-19 de Sogamoso, de propiedad de Gustavo Cárdenas Granados, atendiendo denuncias de los vecinos que decían que de allí salían olores nauseabundos.

Lo que no se imaginaban los investigadores, es que lo que encontrarían en aquella casa iba a revelar uno de los más extraños misterios que desde hacía más de 20 meses intrigaba a la sociedad boyacense.  

Con luces forenses, especiales para la investigación criminal, pudieron detectar manchas de sangre en esa vivienda, ubicada en el barrio El Jardín, en el occidente de Sogamoso.  

El dueño de la casa era el esposo de la enfermera Gladys Stella Pérez Granados, mujer que había desaparecido misteriosamente 21 meses antes, después de que, un día hacia las 5:00 de la tarde, saliera de su trabajo, en el Seguro Social de Tunja, para regresar a la casa de sus padres en Sogamoso, con quienes vivía desde hacía tres meses, pero nunca llegó.

El día después de su extraña desaparición, la familia de la mujer viajó a Tunja e instauró la denuncia en el CTI. Viste traje de enfermera, se leía en los carteles que sus padres distribuyeron por todo el departamento.

La cronología de este aterrador crimen

El 29 de mayo del 2003, Gladys Stella Pérez Granados, de 34 años de edad, desapareció después de salir de su trabajo en el Seguro Social de Tunja.

Aunque sus familiares denunciaron su desaparición y la buscaron en varias ciudades del país, no volvieron a saber de ella.

El 9 de febrero del 2005, habitantes del barrio El Jardín de Sogamoso informaron a las autoridades sobre ruidos extraños en la casa ubicada en la calle 12 No. 26-19 y la posterior presencia de olores fétidos.

El 10 de febrero, el Fiscal Segundo delegado ante el Gaula allanó la residencia y encontró una bolsa negra con material blando en descomposición.

El 11 de febrero, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de Bogotá y Tunja exploraron la casa con luces especiales y encontraron evidencias del crimen. En el piso de una habitación y sobre trozos de concreto aplicaron reactivo, obteniéndose positivo preliminar para sangre lavada.

Ese mismo día, en una finca de la familia de Gustavo Cárdenas, ubicada en Tibasosa, las autoridades encontraron elementos con características similares a los hallados en la residencia del barrio El Jardín, los cuales emanaban un olor fétido.

El 16 de febrero, el CTI encontró en la vereda Tilatá Bajo, de Chocontá, una bolsa con los restos del cadáver de Gladys Stella Pérez Granados.

Detalles del asesinato de la enfermera

En la indagatoria, Gustavo Cárdenas Granados, esposo de la víctima, contó que el 29 de mayo del 2003 él se encontraba solo en su casa (en Sogamoso) y que a las 7:00 de la noche llegó Gladys Stella.

Manifestó que hablaron y que ella le dijo que no quería volver a vivir con él porque tenía otra persona que le daba todo. Señaló que él soltó las muletas y la abrazó tratando de besarla, pero que ella intentó zafarse y le pidió que la soltara, que él daba asco.

Agregó que como estaba dolido, sacó una pistola y le pegó un tiro por atrás de la cabeza y ambos se cayeron. Dijo que él se asustó y como salía bastante sangre de la cabeza de ella, envolvió el cuerpo en una cobija y le puso seguro a la puerta de la habitación para que nadie entrara.

Al día siguiente se fue para Bogotá y en la calle del Cartucho contactó a dos hombres, con quienes regresó a Sogamoso. Los acompañantes metieron el cadáver de la víctima en una caneca metálica, le echaron cal y luego la taparon con cemento y arena.

Gustavo Cárdenas relató, además, cuánto les pagó a los hombres que lo ayudaron, a dónde traslado el cuerpo, por qué decidió incinerarlo el 9 de febrero del 2005 y otros detalles que terminaron con el abandono de los restos de su esposa en un sector rural de Chocontá.

Gustavo Cárdenas Granados, teniente (r) de la Policía, fue condenado a más de 20 años de prisión por este crimen. Haber confesado el asesinato de su esposa le sirvió para que le rebajaran la pena.

Haber destapado la caneca para deshacerse del cadáver de Gladys Stella terminó delatando al asesino de ella. Aún después de muerta se hizo sentir, a través de los olores que percibieron los vecinos de la casa donde el cuerpo de la mujer se encontraba depositado en una caneca, sin una cristiana sepultura, sin que se le hiciera justicia y sin que su familia pudiera saber qué había pasado con ella. 

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