El narcotráfico: un monstruo experto en reconstruirse – David Sáenz #ColumnistaInvitado

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El narcotraficante colombiano, Dairo Antonio Úsuga, conocido con el alias de “Otoniel”, ha sido capturado por las fuerzas armadas del Estado colombiano. Según el presidente Iván Duque, la captura del peligroso capo “le pone fin al Clan del Golfo”.

Después de varias décadas de lucha contra las drogas, creer en las palabras del mandatario sería errar por incautos e ingenuos. Puede que el Clan del Golfo desaparezca nominalmente, sin embargo, ¿será que su arresto tendrá como consecuencia que los otros mandos que trabajaban con él, decidan acabar de una vez por todas con sus labores?  Es más, ¿cuántos de sus socios no estarían detrás de la caída del capo para ocupar su puesto en la estructura criminal? O simplemente, ¿cuántos delincuentes colaborarían con la caída de Otoniel para aprovechar la diseminación de la organización y así poder crear otras estructuras criminales más pequeñas?

En el caso colombiano se ha visto que el narcotráfico ha encontrado la forma de reconstruirse todo el tiempo, es una especie de monstruo que cuando se le quita un brazo le salen diez más robustecidos; si se le quitan las piernas les sale alas; si se les saca un ojo les aparecen cinco…

Entonces la estrategia de capturar capos no da ningún resultado significativo, lo único que consigue es crear un ambiente festivo para los gobernantes de turno que no se cansan de jactarse de sus mediocres logros y, por otra parte, dar elementos para que se creen las futuras narco-novelas o narco-series. También les da a los noticieros tema para hablar durante semanas y dejar pasar por alto graves situaciones que van quedando en el olvido: los Panamá papers y el caso de Abudinen. 

Es verdad que la política de lucha contra las drogas la ha impuesto Estados Unidos y que Colombia ha sido obediente a sus directrices. Sin embargo, a Colombia le ha faltado mayor protagonismo en promover maneras más efectivas e integrales de luchar contra el narcotráfico. Por ejemplo, apropiarse de los territorios, no abandonar a los campesinos que en muchos lugares de Colombia no tienen una opción diferente a sembrar coca. Comunicar al país con vías para que los campesinos puedan sacar sus productos a los mercados.

Y, por último, aceptar que capturar narcos no acaba con el problema, o si no, preguntémonos: ¿se acabó el narcotráfico en México con la captura del Chapo? O ¿Se terminó el narcotráfico en Colombia con la muerte de Escobar?  

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