Mezcla lesiva y peligrosa – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

-Publicidad-

Compartir:
Mezcla lesiva y peligrosa - José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días 1

Resulta muy resbaladizo para esta sociedad asociar amistad, negocios y trabajo y más, ponerlos a convivir juntos cuidando la aplicación estricta de cada uno sin confundir, tanto su significado, como sus premisas. 

La amistad es unarelación afectiva que se puede establecer entre dos o más, a la que están coligados valores fundamentales como el amor, el respeto, la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso, y se cultiva con el trato aplicado y el interés recíproco a lo largo del tiempo. 

-Publicidad-

Por su parte, un negocio es una actividad que se realiza para obtener un beneficio, especialmente aquel que consiste en realizar operaciones comerciales, comprando y vendiendo mercancías, bienes o servicios. Un negocio es también la ganancia o beneficio conseguido en un movimiento productivo o de otra índole, donde se dejan estipulados cláusulas y preceptos de utilidad para las partes. 

Y el trabajo es una acción especifica realizada por una persona en donde se adquieren adeudos, según el objeto que oriente la realización de ese encargo y que por lo general se hace como acuerdo verbal o escrito, fijando tareas, acciones, horarios resultados, evidencias, entregables y remuneraciones. 

La diferencia radica en que, tanto en los negocios como en el trabajo, se suele firmar unos pactos a los que se le denominan contratos donde se estipulan responsabilidades, cronogramas, deberes, derechos y obligaciones, todas ellas de estricto cumplimiento, so pena de hacer efectivas las cláusulas sancionatorias que se hayan anotado de común acuerdo en el mismo documento. 

La amistad en cambio no requiere pagarés, letras o articulados, porque es tan sagrada como la vida misma y tan sublime como el reconcomio de la ternura, algo intangible que no se puede ver, tocar, palpar, pero se siente más que cualquier otra emoción en ese músculo al que apodamos corazón. 

Los sabios proverbios de los abuelos nos han dejado muchas reflexiones y enseñanzas, todas ellas tan ciertas como la savia viva de las platas. 

“Amistad por interés, no dura ni un solo mes”, dicen los mayores, y es que si nos detenemos a recapacitar en esta sentencia concluimos que las amistades que basan su relación en el interés son tan volátiles y desaparecen tan pronto cuando se pierde el motivo del provecho, y qué decir de aquel refrán que reza: “Amigos buenos y mirlos blancos, son muy raros”, porque como dice el dicho, los amigos de verdad se pueden contar en los dedos de la mano, ya que la amistad verdadera es muy difícil de conseguir. 

Ahora bien, ¿si la amistad auténtica es un privilegio tan esquivo, ¿cómo se entiende que se confunda con los negocios, o el trabajo?, ésta es una frustrante verdad que por lo general está fundada en promesas sembradas en tierra movediza, porque si es tan difícil tener y encontrar amigos fidelignos, mucho más complejo resulta asociar ese supuesto afecto con los negocios y el trabajo, puesto que al parecer es una mezcla peligrosa que solo trae ruina, desazón y desencanto. 

“Confíe en mí que yo jamás le voy a fallar”, es la mentira recurrente que suelen utilizar los falsos y avivatos aliados, tan ilusoria como aquella que dice: “cuénteme el secreto que yo soy una tumba” y tan falaz como el amor eterno que se juran algunas parejas ante el altar para coleccionar matrimonios, divorcios, pleitos y separaciones de bienes. 

La amistad indiscutible se traduce en un vocablo inmensurable y valioso conocido como la confianza, término que significa esperanza, fe, seguridad, certeza, así como familiaridad y llaneza, de ahí que a quienes lo practican con rigurosidad le llamamos confidente. 

Algo parecido sucede con la persona leal que se adhiere, por decirlo de alguna manera, a otra y sabe mantener una relación duradera, pues cumple fielmente con los deberes y las obligaciones de la relación, incluso cuando las circunstancias son adversas.  

Por su parte la palabra lealtad nos hace pensar en virtudes como la fidelidad, la adhesión y la devoción y son también pocas las personas que tienen la fortaleza moral necesaria para ser leal a las demás, virtudes puestas a prueba en esos días lúgubres y aciagos que describió con melancolía lastimera el gran Pablo Neruda. 

Expongo hoy tan complejo tema con tres expresiones que manipulamos a diario sin detenernos a pensar siquiera en su verdadero significado y menos en la grandeza que encierra cada una, porque ser un buen amigo que sabe distinguir entre los negocios y el trabajo, parece ser cada vez más difícil, de ahí que haya tantos enemigos cercanos, como lo describo en una de mis composiciones y en otras, que sin ser de mi cosecha, he admirado siempre por la veracidad comprobada de cada silaba, como el poema  Desiderata, Amigos de Roberto Carlos o A mis amigos de Alberto Cortez.   

Ser leal significa no tener miedo a ser honesto y directo, el amigo dice las cosas con franqueza, no adula ni se congracia con lo mal hecho, con el fraude, la estafa, la trampa y menos con la mediocridad, el amigo establece reglas en los negocios para cumplirlas y hacerlas cumplir, el verdadero compañero es recto a los compromisos adquiridos, honra con hechos su palabra, ratifica la gratitud con su trabajo y muestra resultados para refrendar el apego por el otro en cada momento y cada instante, aplicando la premisa, entre más amigos más claras las transacciones y mejor hecho los encargos.  

La traición, la deslealtad, el dolo y la mentira es un daño que hiere muy adentro y causa impotencia, rabia, humillación, desgracia y desconsuelo, sin embargo estas prácticas se han convertido en parte del paisaje, como dicen coloquialmente, y han venido haciendo carrera hasta llegar a ser utilizadas, con mucha frecuencia, como un hecho normal que se ejerce con desfachatez y sin el más mínimo sonrojo, de ahí que debería existir un manual ilustrado, desde el preescolar, donde se enseñe a ser verdadero amigo en la cotidianidad, los negocios y el trabajo. 

“Entre más conozco a mis amigos, más quiero a mi perro” dice otro sabio refrán, porque como sabemos y hemos validado con creces, no hay amigo más fiel que ellos. Incondicionales, silenciosos, prudentes, leales, salen siempre en nuestra defensa cuando alguien nos agrede, olfatean el peligro y advierten sus riegos, manifiestan con saltos su alegría a nuestro regreso y caminan a nuestro lado, aun sin saber hacia dónde vamos. 

Como quisiera entonces trabajar o hacer negocios siempre con mi perro, para no tener en la vida tan lesivos desengaños, porque cuando de negocios, préstamos o trabajo se trata, recordamos con tristeza otra célebre frase que dice: ¿Amigo? Amigo el ratón del queso. 

Compartir: