Preocupaciones diarias – Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez #Columnista7días

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Ya no hay momento del día en el que por culpa de este o aquella noticia, situación, escándalo o personaje no nos comuniquemos con un mensaje, sentemos a departir una aromática, llamemos a un amigo, compartamos un trino o llevemos el tema a comparaciones con situaciones del entorno…

Llegamos a una situación que pensar en el desayuno (almuerzo y cena, onces o medias nueves) se ha venido convirtiendo en dolor de cabeza, porque o no hay para comprar los mínimos alimenticios tradicionales, saludables y nutritivos, o dejamos que se coma lo que hay, lo que se pueda, lo que quedó, todo porque así sea en silencio nos obligamos a cambiar hábitos ante situaciones económicas, de no trabajo, de crecimiento de familias y hasta por ahorrar para la semana. Ya no hay estrato que no se sienta golpeado, y en el mejor de los casos algo afectados, por poder mantener esas tradicionales fórmulas que se heredaron y que a la fuerza rompieron las rutinas.

No es para generalizar, pero hubo un reacomodo de agendas, esquemas y comportamientos, que aunque nos han llevado al sobrepeso, no es por preocuparnos más, que inciden en la salud física, corporal y del entorno que llevan a “apretarnos el cinturón”, la billetera, vacaciones, gusticos y sociabilidad. Ahora vienen nuevas normas individuales y de grupo que nos darán las rutas a seguir.

Todo para concientizar a propios, y los del futuro, que con códigos y disciplina podremos evolucionar. Como en los laboratorios entramos -o ya estamos- en plenas pruebas.

Y de esos me preocupa, así no lo reconozcamos ante pares, pasan los que miramos como lejanos y están cual imán. Unas llamadas entre personajes, que deberían ser para enriquecer planes, proyectos y programa y no a individuos con sus intereses o cuadrillas, que posan de honorables, de un Senador a Ministra, de un Diputado para que se siga teniendo la trinchera estratégica, de un concejal a su nuevo jefe para que soporte su sector y puedan mostrar resultados y hasta un delegado del alto gobierno para no perder vigencia o apellido y usufructuar de un “poder de agua”.

No más burlas en los niveles de decisiones porque así ganen lo presupuestado, o más, no dimensionan el daño que dejan como secuelas de las piezas que ponen a su gusto, placer y hasta compromiso personal. Eso también hace daño en el día a día. Eso es ingrediente para generarnos unos fuertes dolores que, aunque no son propios, si son los que nos degeneran en el malvado estrés.

Figuritas de estudios previos, obras sobredimensionadas, videos de ciertos corruptos recibiendo o entregando dineros, las 3 o 4 cotizaciones de los magos, ciertos operadores que se reactivan para festivales, eventos o actividades de colores, no vacunarse, EPS e IPS irresponsables, anuncios de tarifas diferenciales en peajes, cronogramas no cumplidos y otras bellezas, que les sirven para juicios sopesados, pagos o aportes a campañas y volteretas que nos dañan las horas, los segundos y hasta el infinito…

Los contenidos de las telenovelas, de los concursos emotivos de la noche, de los tire y afloje de los elegidos como ediles, concejales y demás, de los contratistas en cuerpos extraños, de los que se ufanan de comunicar pero tienen sus malas o pésimas posturas éticas y hacen de ellas la mejor forma de resistencia, temor, desprecio y rechazo por sus mañas y dañan a los buenos que son más.

Por hoy no pregonemos más de lo que se vive porque de seguro faltaran los que sufren por los goles, de los atracados, de los accidentados, de los ultrajados y de los que haciendo el bien, como autoridad legal, tienen que enfrentar a los que imponen sus leyes.

Hay preocupaciones que toca tragarnos, pero eso no quiere decir que sigamos silenciados y mucho menos sin tener controles para los desahogos y desafueros de las redes sociales, que tienen una esencia muy valiosa. Ya llegarán los salvadores, los que se burlaran de todo y de todos. YA.

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