Las 15 primaveras de la Arena

¿Como se puede entender que la Arena esté celebrando sus 15 primaveras?

15 años entre escenarios, bambucos y torbellinos. Fotografía Archivo particular

Muy sencillo, porque hoy la exitosa y aplaudida integrante del dueto infantil Arena y Mar, Sofia Fonseca Ortiz ha llegado a la plenitud de la adolescencia y celebra, por lo alto, sus 15 años de vida en abundancia.

Sofia nació un 22 de septiembre a las 10:30 de la mañana, en el hogar de Lupe y Fredy, dos músicos dedicados a la convivencia entre pentagramas, rumores de serenata, sonidos y arreboles esperanzadores que supieron de manera asertiva transmitir con la música, primero a Sofia y luego a Juliana, con quienes formaron el dueto Arena y Mar para evidenciar en ellas, tanto su talento prodigado por la Divina Providencia, como la formación en valores, aquellos que se entienden y asimilan más cuando el arte se convierte en el motor de la presencia.

Sus abuelos por parte de mamá Hilda Graciela Peña y José Plinio Ortiz y los abuelos por parte de papá José Dioselino Fonseca y Alejandrina Fonseca han visto en este retoño la prolongación de su existencia y por eso con amorosa devoción, han sido artífices del crecimiento artístico y humano de Sofia, convertida en gemela de un cariño «alcahueta» con el que se refrenda el apego de los mayores por sus nietos.

Esta niña que tuvo como juguete las resonancias del ancestro y por sonajero, el galopar de bambucos y pasillos, es el fiel reflejo de lo que ocurre cuando en el hogar se afianzan los valores y se enseña a conocer las bondades del folclor, donde se dibujan bodegones de ilusiones y se pondera la sabiduría ancestral como fuente y pebetero de la naturaleza humana.

Desde sus primeros pasos, Sofia entendió que el tiple y la bandola, eran los más fieles traductores de la identidad, por eso arrancó sonidos a estos instrumentos para convertirlos en imagen y semejanza de su fina cadencia en la que se refugiaron, con cautela, los aires de la tierrita.

Siempre cálida, talentosa, disciplinada y amorosa, Sofia se convirtió en eje y motor de renovadores anhelos que sirvieron, además, como cuna para mecer los sueños de su hermana quien llegaría luego para complementar esta fórmula de ternura y convertirse en centinela y cómplice de tantos propósitos que, como dueto han logrado enarbolar, refrendando con ésto el amor por la autenticidad y el arraigo por lo nuestro.

A sus escasos 15 años, Sofia es hoy una reconocida figura del panorama actual de la música andina y los escenarios del país guardan su eco de párvulos anhelos, porque su registro recio y delicado hace parte ya del inmenso catálogo de atesorados recuerdos del pentagrama colombiano.

Cuantas niñas quisieran llegar a sus 15 años con un santoral de experiencias y momentos de felicidad como los que guarda Sofia en su corazón, porque ella como fiel defensora de nuestras raíces musicales, ha recibido mil manojos de ovaciones y hoy es el espejo en el que otras de sus pares se quieren mirar para lograr, a tan corta edad, la armonía plena y el afianzamiento de futuros posibles, porque cuando se tienen cosechados en la parcela valores, amor y nobles proyecciones, la conquista del éxito se convierte en camino y sendero para llegar a la cima donde habitan las victorias.

El mundo de la música celebra hoy la adolescencia de la Arena y se congratula con la entonación de cantos de esperanzas que llegan para Sofia en la compañía fiel de su inseparable Mar y en la dulce caricia de sus padres, abuelos, familia y amigos.

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