Naturalizando la segregación espacial – Carlos David Martínez #ColumnistaInvitado

Naturalizando la segregación espacial - Carlos David Martínez #ColumnistaInvitado 1Es común que se nos repita en diferentes medios que Colombia es uno de los países más desiguales del planeta, frente a esto es importante que cuando se hable de crecimiento económico la población en general tenga la capacidad de preguntarse por la desigualdad en los ingresos.

La teoría bajo la cual se entendía que después de un crecimiento económico acumulado vendría una redistribución de las riquezas parece no haber funcionado bien en nuestro país. Caben hipótesis como la corrupción y la ineptitud en algunas entidades gubernamentales, desafortunadamente ejemplos sobran, donde el escándalo más reciente del Ministerio de las TIC es una prueba de cómo son desatendidas las necesidades de los más vulnerables.

Existen varios conceptos que pueden resultar de utilidad para entender la desigualdad.

El coeficiente de Gini sirve para medir la desigualdad en los ingresos, indicando si la riqueza esta distribuida en muchas manos (baja desigualdad) o en pocas manos (alta desigualdad).

La segregación espacial, merece un análisis especial en el contexto colombiano, entendida como la tendencia de los grupos sociales a concentrarse en algunas áreas particulares, dicho de una forma sencilla: ricos aparte y pobres aparte.

La metodología de dividir la población por estratos nació en nuestro país con una intención aparentemente noble: que los estratos más altos ayuden a subsidiar el acceso a los servicios de los estratos más bajos; pero pareciera que esta estrategia burocrática, o técnica, si se prefiere, terminó por acentuar la segregación.

También existe el concepto de la segregación digital, tristemente fácil de entender hoy por los bajos niveles de conectividad en algunas regiones del país, el cual también se relaciona con las dificultades de acceso a dispositivos digitales.

Otrora se discutía en términos de centro-periferia y varios detractores de este modelo explicativo señalaban que era muy limitado; de cualquier manera, hoy es claro que en el caso colombiano se requiere hacer muchas cosas, ojalá técnicamente (reconociendo las teorías económicas contemporáneas más acertadas) y políticamente (con voluntades reales), y preferiblemente sin caer en los discursos facilistas de la lucha de clases del siglo XX, o mejor, sin acusar a quienes señalen este fenómeno como promotores de odio.

Realmente debería llamar nuestra atención si experimentamos otros fenómenos que puedan acrecentar la segregación espacial: la xenofobia (el rechazo a los extranjeros), la aporofobia (repugnancia a la pobreza) y el distanciamiento social impuesto por el Covid-19.

Quienes puedan acceder a servicios de salud oportunamente muy seguramente tienen probabilidades más altas de superar sus complicaciones médicas, aunque esto parece obvio, este es otro ejemplo de desigualdad. Esperemos que las medidas de distanciamiento social no ayuden a naturalizar la segregación espacial.

Esta es una situación que no se superará simplemente proponiendo abrazos y encuentros, aunque ese romanticismo es válido y funcional para muchas cosas, se requiere una mirada profunda para entender que todos se benefician si obtenemos una sociedad más equitativa. Es posible que el asistencialismo no sea la solución, lo que sí se requiere es esfuerzos que apuesten por cambios estructurales.