Si nos alarmamos no actuamos…actuemos – Germán García Barrera #Columnista7días

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Germán García Columnista 7 díasQuizás hayan leído o escuchado el concepto ‘asimetría positiva – negativa’, este es sinónimo de otro utilizado por los profesionales en psicología y conocido como ‘sesgo negativo’.

La alusión a estos términos fue hecha por la comunicadora social Natalia Borrero Morales en la guía ‘Medio ambiente, un desafío periodístico’, publicado por Consejo de Redacción, a propósito de un artículo en el que propone nuevas narrativas para abordar temas como la crisis climática en la agenda noticiosa de los medios de comunicación.

Natalia cita allí a varios expertos e investigaciones publicadas en las cuales se demuestra que las personas se paralizan frente a las noticias negativas, y es curioso porque la condición humana prefiere este tipo de informaciones, es una especie de perversión natural.

Así lo explica la autora cuando se refiere al hecho de que la asimetría positiva – negativa “es la tendencia no solo a registrar estímulos negativos de manera más fácil, sino también a detenernos ante ellos”.

Natalia se remite a un estudio con jóvenes adultos de 2008 realizado por la Associated Press en el que se advirtió una fatiga noticiosa: “la exposición a las noticias catastróficas provocó una respuesta de impotencia condicionada en muchos participantes. Una y otra vez, el sesgo negativo de las noticias influye en el deseo de desvincularse”. Es como matar al tigre y asustarse con el cuero.

Hago referencia a este artículo motivado por el reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en el cual se indica que el calentamiento del planeta se está dando con más rapidez, principalmente por la dependencia de nuestra sociedad a los combustibles fósiles y la consecuente emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano.

“El planeta ya se ha calentado 1,2 grados centígrados”, refirió la CNN en un reporte sobre el particular.

El informe del IPCC es contundente. En uno de sus apartes se precisa lo siguiente:

“La estabilización del clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero, y llegar a cero emisiones netas de CO2. Limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire, especialmente el metano, podría tener beneficios tanto para la salud como para el clima”.

Uno desearía que el resultado de estas investigaciones y sus recomendaciones fuera asumido e interiorizado por los tomadores de decisiones regionales para emprender las acciones de mitigación y adaptación necesarias, y transitar, por ejemplo, hacia la formulación de proyectos de fuentes no convencionales de energías, y el impulso de estrategias de educación y comunicación dirigidas a que los ciudadanos comprendamos la importancia de tomar decisiones inteligentes y trascendentales asociadas a nuestros estilos de vida dada la coyuntura que vivimos, y la premura por asegurarle un mejor futuro a todas las especies.

Ojalá superemos la patria boba de las selfies oficiales y veamos a nuestros líderes, públicos y privados, encabezando los cambios que la actual crisis planetaria ameritan. Y el mensaje a los ciudadanos de a pie, que también tenemos enormes responsabilidades en estas materias, es que no cunda el pánico, que actuemos para desacelerar el nivel de calentamiento de la tierra. Usemos la bicicleta, reduzcamos el consumo de energía y de plásticos, hagamos que nuestras dietas sean más sostenibles. Acciones sencillas que tienen un enorme valor para nuestra casa común.

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