El niño que se convirtió en el símbolo de la honestidad

Un héroe boyacense, de solo 12 años, pasó a la historia como ejemplo de honradez y lealtad, al rechazar un soborno que le ofrecía el comandante general del ejército español.

Cuadro que representa la captura de Barreiro por parte del niño soldado, cuando el oficial español huía después de la derrota en la Batalla del Puente de Boyacá. Foto: archivo particular
Cuadro que representa la captura de Barreiro por parte del niño soldado, cuando el oficial español huía después de la derrota en la Batalla del Puente de Boyacá. Foto: archivo particular

Pedro Pascasio Martínez Rojas no tuvo una brillante carrera militar, ni gozó de la gloria de otros héroes de la Independencia, pero es uno de los soldados más destacados de la Patria.

Con apenas 12 años de edad empuñó las armas para darle honor a su terruño, Belén y Boyacá, y dejar un ejemplo perpetuo de honestidad y lealtad a la humanidad.

Su ingreso a las filas patriotas se dio cuando Juan José Leiva, eximio patriota boyacense de Belén, alojó al general Simón Bolívar en su casa.

Allí cedió a uno de sus efectivos peones para que acompañara al Libertador como tenedor de sus caballos: “era un muchacho vivaracho y despierto, de apenas 12 años, llamado Pedro Pascasio Martínez”.

La hazaña de este niño soldado boyacense quedó registrada en el parte de victoria de la Batalla del Puente de Boyacá, que escribió el general Carlos Soublette, jefe del estado mayor del Ejército, el 8 de agosto de 1819 en Ventaquemada.

“Todo el ejército enemigo quedó en nuestro poder; fue prisionero el general Barreiro, comandante general del ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla el soldado del Primero de Rifles, Pedro Martínez”, rubricó Soublette.

El Centro de Estudios Históricos del Ejército Nacional describe la participación del niño de Belén en las tropas de Bolívar así:

“El soldado Pedro Pascasio Martínez Rojas hizo parte del Batallón Rifles al mando del teniente coronel Arturo Sandes, que hacia parte de la Retaguardia del Ejército Libertador”.

Momento en que el niño Pedro Pascasio Martínez conoce al general Simón Bolívar, en la casa de Juan José Leiva, en Belén, donde se alojó el Libertador. Foto: archivo particular
Momento en que el niño Pedro Pascasio Martínez conoce al general Simón Bolívar, en la casa de Juan José Leiva, en Belén, donde se alojó el Libertador. Foto: archivo particular

Cuando el Ejército Patriota venció a las tropas realistas, el oficial José María Barreiro intentó escapar, pero se encontró con el soldado Pedro Pascasio.

“Este reconoció al militar español y a pesar del soborno que Barreiro le ofreció, Pedro Pascasio Martínez Rojas hizo caso omiso de tal ofrecimiento y lo tomó como su prisionero”, recalca el relato del Centro de Estudios Históricos del Ejército.

Varios historiadores narran que, tras negarse a recibir el soborno, el niño, que iba acompañado por el ‘Negro José’, le dijo a Barreiro: “siga adelante, sino nos lo arriamos” y le puso de nuevo la lanza en su cuerpo.

“Una vez capturado el general Barreiro, Pedro Pascasio lo llevó a la casa de Teja donde se encontraba el general Simón Bolívar, quien lo ascendió al grado de sargento y le otorgó la suma de cien pesos”, cuenta el Ejército Nacional.

Lamentablemente la bonificación y el rango militar se quedaron solo en las palabras del Libertador, pues luego de que el Ejército Patriota partiera victorioso hacia Santa Fe, Pedro Pascasio se quedó en su natal Belén, dedicándose al oficio de leñador, labor que realizó durante toda su vida.

Nunca más retornó a la milicia y solo 50 años después, en 1880, mediante la Ley 93 del 18 de agosto, el Estado le concedió a Pedro Pascasio una pensión vitalicia de 25 pesos, que disfrutó durante poco tiempo, ya que el 24 de marzo de 1885 murió en su pueblo a los 78 años de edad.

Fotografía de Pedro Pascasio Martínez Rojas en su ancianidad, con la humildad en que siempre vivió. Foto: archivo particular
Fotografía de Pedro Pascasio Martínez Rojas en su ancianidad, con la humildad en que siempre vivió. Foto: archivo particular

Algunos aseguran que Martínez Rojas solo cobró su pensión una vez, ya que únicamente se la pagaban en la capital y ese era un viaje costoso y complicado.

Su acto heroico y leal, si bien no fue reconocido debidamente por la patria a la que sirvió, es ni más ni menos que la muestra de la honestidad y la honradez de los campesinos boyacenses.

El niño soldado rechazó el oro que lo hubiera hecho rico y con el que habría podido atender las necesidades de su humilde familia, pero a cambio ganó la gloria de ser uno de los héroes de la Campaña Libertadora y pasar a la historia junto a grandes militares.

En su pueblo natal se le rinde homenaje a este campesino, al igual que en muchos rincones de Boyacá donde se conoce su gesta.

Algunos cuestionan el actuar de Martínez

No falta quienes hayan cuestionado la actitud de Pedro Pascasio Martínez Rojas, pues afirman que por ser un niño no conocía el valor del oro.

Así buscan restarle méritos a una acción de honradez, honestidad y de lealtad para con su Ejército y la patria a la que defendía.

El escritor boyacense Fernando Ayala Poveda manifiesta que otros aseguran que Pedro Pascasio no aceptó el soborno porque no sabía leer ni escribir y no entendía lo que era ese mineral dorado que le ofreció Barreiro a cambio de que lo dejara en libertad.

“Por consiguiente ponen en duda su honradez: que falacia más grande, porque Pedro Pascasio Martínez era un niño heredero de los valores de sus ancestros, de sus tatarabuelos, abuelos y padres”, recalca.

Dice que con el azadón y abriendo el surco se tienen unos ideales, una ética y un sentido del honor y la palabra como la que siguen teniendo los agricultores del departamento de Boyacá.

“Es gente recta, recia y fiel. A quién se le ocurre no concebir a un boyacense que no esté trabajando con el sol a la espalda, sembrando los frutos que la humanidad necesita”, indica.

Este escritor agrega que el niño Pedro Pascasio Martínez Rojas da un sentido del honor a la patria.

“Es un paradigma de honor y de belleza; es que no hay cómo un niño: es el niño más elevado y es el niño humilde, el agricultor, el niño campesino a quien no se le reconoció una pensión a tiempo y a quien el Estado no le ayudó como debería haber hecho”, señala.