‘El hombre de las leyes’: un militar y un estadista

El prócer al que hirieron en combates, que estuvo al frente de la vanguardia del Ejército Libertador, que fue condenado a muerte, estuvo en el destierro y regresó para ser presidente.

‘El hombre de las leyes’: un militar y un estadista 1Su amor por la patria lo llevó a abandonar los estudios de abogado y a enlistarse en el Ejército.

Así era Francisco José de Paula Santander Omaña, por cuyas venas corría la sangre indígena y la europea, ya que descendía de la familia formada por la unión del conquistador español Diego de Colmenares con la hija del cacique de Suba, Ana Sáenz.

“Abrazó Santander desde los albores de la revolución la carrera de las armas y mereció la confianza de los que la rigieron después de su transformación política”, escribió de él Daniel Florencio O’Leary, oficial irlandés quien fue edecán del libertador Simón Bolívar.

Al delinear los perfiles de los altos oficiales del Ejército Libertador, O’Leary señaló que desde muy temprana edad mostró grande aplicación al estudio.

“Cuando Morillo sometió en 1816 las provincias independientes del Nuevo Reino de Granada, Santander, que era el jefe de estado mayor de la división republicana derrotada en Cachirí, se retiró a los llanos de Apure con el mismo carácter en la división de Serviez”, relato O’Leary.

Santander participó en la campaña de 1818 como subjefe de estado mayor general y una vez finalizada, regresó a Angostura donde fue promovido al rango de general de brigada y nombrado comandante general de la provincia y jefe de la división de Casanare.

Según Daniel Florencio, era de todos los granadinos que se hallaban en el cuartel general, el más idóneo para desempeñar el puesto a que Bolívar le destinó.

Lo describió como un joven entusiasta y ambicioso, con mucha aplicación a los negocios; infatigable en los trabajos del bufete, pero que gustaba poco del movimiento y el ejercicio de la vida militar.

Para el antropólogo José Vicente Rodríguez Cuenca, doctor en antropología, el héroe de la Batalla del Pantano de Vargas fue Santander, quien peleó con tanto ímpetu que los enemigos tenían que bajarse del caballo para confrontarlo.