Un día como hoy murieron más de 1.200 hombres y mujeres en Paipa

Como si se tratara del libreto de una película, hace 202 años se escenificó uno de los actos más heroicos de la historia de Colombia. Después de ir perdiendo la batalla, la caballería patriota irrumpió en el campo de combate y sentenció lo que sería el principio del final de la hegemonía española en el territorio patrio.

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Obra del pintor boyacense Jorge Gómez Orozco, ‘Cocke’, que rinde homenaje a la caballería, fundamental en la batalla del 25 de julio de 1819. Se encuentra en el Batallón Silva Plazas. Foto: archivo particular

La Batalla del Pantano de Vargas, acontecida el 25 de julio de 1819, es el símbolo de la entrega, el valor y la decisión del Ejército patriota.

Pese a las circunstancias adversas, que presagiaban una inminente derrota, las decisiones del general Simón Bolívar y sus oficiales y el arrojo de los soldados permitieron dominar el épico combate.

“La Batalla del Pantano de Vargas constituyó el evento bélico más importante de la Guerra de Independencia, pues despejó el camino de los patriotas hacia Santa Fe, desanimó a los realistas y representó el combate más cruento, dado el número de bajas en ambos bandos, aunque sus partes de guerra son confusos e imprecisos”, dicen en un estudio los investigadores José Vicente Rodríguez Cuenca y Luis Daniel Borrero F., de la Universidad Nacional de Colombia.

En su trabajo de arqueología sobre este enfrentamiento, los investigadores señalan que la acción conjunta de dos frentes de infantería (comandados por Santander y Rook sobre el Picacho) y la caballería (comandada por Rondón y Carvajal sobre el camino real) decidieron la suerte de la batalla entre las 5:00 y las 6:00 de la tarde, hasta que se desató la tempestad.

De acuerdo con su estudio, la Batalla del Pantano de Vargas no fue desde el punto de vista táctico una acción decisiva. “Ninguno de los dos contendores quebrantó en forma absoluta la resistencia del contrario, no obstante que ambos proclaman en sus partes fechados sobre el mismo campo, el triunfo de sus armas (Cortés 1969, 67-68)”.

En su investigación entrevistaron al señor Bartolomé Hurtado Carreño, nacido en 1930 en Tópaga, quien les relató la historia oral que conocía de la Batalla del Pantano de Vargas.

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El sargento segundo José Inocencio Chincá falleció en Tibasosa, tras haber sido herido en el combate del 25 de julio de 1819. Era un lancero. Foto: archivo particular

“Don Bartolomé relata que, hacia el final de la tarde del 25 de julio de 1819, en el llano de Barital, el capitán Bedoya ordenó a la caballería realista, que comandaba, con cerca de 600 jinetes, detenerse para que desmontaran y ajustaran los aperos, pues iban a entrar en combate para rematar a ‘los mechudos’. En ese momento llegó la carga de la caballería patriota, lanza en ristre, embistiendo a los realistas, que se hallaban de pie, sorprendiéndolos y generando una estampida de los caballos, que en su huida se hundían en el pantano, y también de jinetes realistas”, señala el relato.

El documento de Rodríguez y Borrero indica que se han encontrado proyectiles en lo que fue el antiguo pantano, al occidente del cerro del Cangrejo, demostrando que algunos soldados huyeron adentrándose en este, recibiendo tiros provenientes del cerro. Otros corrieron hacia el cerro del Cangrejo, pero fueron perseguidos por los patriotas, quienes le dieron tres vueltas al mismo matando gente.

Concluyen los investigadores que, a juzgar por los partes de guerra y por los relatos de los testigos de la época, se ha subestimado el papel desempeñado por la infantería, que sostuvo entre las 12:00 m. hasta casi las 5:00 p.m., con grandes pérdidas de vidas humanas, el embate de los realistas, tanto sobre el camino —cuya tropa lideraba Anzoátegui—, como sobre el Picacho —al mando de Santander—, quien estuvo apoyado al final por una carga enérgica de los británicos.

“Tampoco se ha tenido en cuenta la importancia del apoyo de la caballería de Carvajal (al boyacense Lucas Carvajal, en ese momento coronel, se le llamó desde entonces ‘El León del Pantano’) sobre el camino real, como menciona el parte de guerra republicano”, afirman Rodríguez y Borrero.

Manifiestan que, al parecer, sin demeritar el valor y el heroísmo demostrado por las tropas republicanas, entre ellas los jinetes llaneros, hubo dos ‘golpes de suerte’: el haber encontrado a la caballería realista de pie en el llano de Barital, y haber sido conducidos por el baquiano Fructoso Camargo por el atajo de Arrastraculo, sobre la quebrada Varguitas, para sorprender a los realistas en el Picacho.

“Estos hechos contribuyeron a la victoria republicana hacia las 6:00 de la tarde, aunque a las 5:00 tenían todo perdido, pues quedó en poder del campo de batalla”, recalcan.

El balance de este enfrentamiento

Elías Prieto Villate, basado en los informes de Francisco Mariño y Luis Villate, partícipes de los hechos, escribió en 1893 que se habían recolectado 670 uniformes de los cadáveres tendidos en el campo de batalla; además, que se habían sepultado y quemado más de 1.200 cadáveres, fuera de los soldados heridos que huyeron lejos del campo y murieron en el monte.

“Esto significaría que se perdieron más de 400 patriotas y, según cálculos militares, hubo cerca de 1.000 realistas muertos y gran cantidad de heridos (Cortés 1969, 67). Para otros, las bajas habrían sido de entre 300 y 350 hombres de lado y lado (Riaño 1969, 242)”, describen en su informe José Vicente Rodríguez y Luis Daniel Borrero.

Agregan que en el campo de batalla puede haber entre 400 y 1.200 cadáveres enterrados, especialmente al lado del antiguo vallado (canal), a orilla del antiguo pantano, al pie de la lomita.

El doctor en antropología José Vicente Rodríguez Cuenca ha descubierto en sus estudios que en este combate fallecieron muchos civiles, dado que los ejércitos arrasaron comunidades enteras en su intento por dar con el enemigo.

Según sus investigaciones, los realistas no eran todos españoles. “La batalla realmente fue de criollos contra criollos, porque los españoles eran muy pocos”, afirma.

Rodríguez Cuenca advierte que el monumento a los 14 lanceros no hace honor a la verdad, ya que en esta batalla el que comandó la vanguardia fue el general Santander.

“También fue muy importante el apoyo de los británicos, pues los únicos soldados profesionales eran de allá y fueron los que apoyaron a la vanguardia liderada por Santander en la toma al cerro El Picacho”, recalca Rodríguez.

Algunas víctimas del enfrentamiento

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Coronel irlandés Jaime Rook, comandante de la Legión Británica, quien también fue herido durante el enfrentamiento en el Pantano de Vargas y murió luego. Archivo particular

En la Batalla del Pantano de Vargas fueron heridos y posteriormente fallecieron el coronel Irlandés Jaime Rook y el sargento segundo, natural de Tame, José Inocencio Chincá.

La tumba de Chincá se encuentra en Tibasosa. Los relatos también señalan que en este combate fue herida y murió Simona Amaya, quien luchó simulando ser un soldado.

Rondón y los 14 lanceros

Estos son los hombres que acompañaron al coronel venezolano

Juan José Rondón Delgadillo en su arremetida contra los españoles.

José Inocencio Chincá, sargento segundo, de Tame.

Valentín García, capitán, de Labranzagrande.

Bonifacio Gutiérrez Zambrano, subteniente, de Tame.

Saturnino Gutiérrez Zambrano, sargento, de Tame.

Pedro Lancheros, teniente, de Pauna.

Miguel Lara, capitán, de Támara.

Pablo Matute, teniente, venezolano.

Julián Mellao, sargento mayor, venezolano.

Domingo Mirabal, capitán, venezolano.

José de la Cruz Paredes, teniente, venezolano.

Celedonio Sánchez, capitán, de Paya.

Rozo Sánchez, teniente, de Paya.

Miguel Segovia, subteniente, venezolano.

Pablo Segovia, subteniente, venezolano.