¡Vida digna para icónicos cultores! – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Ante la desaparición y el estado deplorable de personajes ilustres que han hecho de su trabajo verdaderas consignas de filosofía para las presentes generaciones, vale la pena reflexionar y actuar prontamente para apartarnos de las postizas peroratas y emprender acciones decisivas.

Me refiero en primer lugar a los personajes que han partido de manera repentina en pleno fulgor de sus luchas por vencer la adversidad y ganar las mil batallas contra la indiferencia que pulula en nuestra enferma sociedad sin memoria.

El deceso inesperado del maestro Juan Francisco Mancipe Núñez, por poner solo un caso como ejemplo, dejó a todos perplejos y con muchos cuestionamientos, porque, como lo expresa el maestro Miguel Zabala Suárez en un justo reclamo, los honores y las “retahílas” escritas en decretos protocolarios por su partida no sirven de nada y solo avivan la indignación y el dolor por el trato que el referido maestro recibió en vida.

Dice el maestro Miguel Zabala Suárez, integrante del reconocido dueto Zabala y Barrera:

“Porqué mientras un ladrón de manos de seda, cobra estruendosos salarios por atragantarse con los dineros públicos, porqué, un personaje de los kilates del Maestro Pachito, ¿nunca recibió una paga decente por su invaluable labor?    

¿Por qué no fue escuchado en su clamor, para que su trabajo se oficializará de manera cierta y con garantía de la estabilidad laboral que le brindara tranquilidad y sosiego?” 

Éstas y otras reflexiones, no solo deben hacer parte de los “me gusta” de las redes, sino que debe llamar la atención de la dirigencia regional y nacional para actuar de inmediato y proveer de prolongación condescendiente  a quienes han entregado más que su existencia por el fortalecimiento del arte y la cultura y el surgimiento de generaciones cimentadas en los valores que proporcionan disciplinas útiles como la música, la danza, las artes plásticas, la literatura, la investigación o el teatro por mencionar algunas.

El sistema de contratación del absurdo estado colombiano es realmente paquidérmico y sus acostumbradas “perlitas” escritas por hábiles juristas, ponen contra las cuerdas la lógica y hacen cada vez más inviable el fortalecimiento del arte, renglón de la economía del cual derivan su sustento más de un 35% de nuestra población.

La modalidad de contratación de servicios establece en el numeral 3º del artículo 32 de la Ley 80 de 1993 que: “los contratos de prestación de servicios son los que celebren las entidades estatales para desarrollar actividades relacionadas con la administración o funcionamiento de la entidad”.

Esto quiere decir que es civil y no laboral, por lo tanto, no está sujeto a la legislación de trabajo y no es considerado un vínculo profesional al no haber relación directa entre empleador y trabajador, por ello, no genera para el gobierno la obligación de pagar prestaciones sociales y sí para el contratista el pago de planilla de salud por cada uno que realice, es decir que por cada acuerdo contractual se paga según el monto una  planilla diferente de seguridad social, fuera de pólizas, descuentos e impuestos, algo realmente absurdo salido de toda comprensión racional.

Como si fuera poco, este modelo de pacto estatal no garantiza estabilidad y mucho menos continuidad, toda vez que los contratos se hacen por 2 o 4 meses y luego de haberse culminado se debe esperar a que surtan los engorrosos trámites para volver a reanudarlo por otros 2 o 3 meses más, y mientras surten estas gestiones administrativas, ¿qué hace una persona como el caso del desaparecido maestro Mancipe y miles de cultores que hoy padecen esta circunstancia?

¿A caso los arriendos, el pago de servicios, la salud, la educación de los hijos, los impuestos, los bancos y el alimento, dan espera mientras se legalizan nuevamente esos tratados?, y eso contando con la reactivación inmediata del procedimiento, porque en la mayoría de los casos, terminado un contrato queda todo en el congelador hasta que se ubican nuevamente los recursos y se hace la eterna tramitología de los traslados presupuestales.

Esto por supuesto no es culpa de los desprevenidos que llegan a gobernar, que son los que finalmente pagan los platos rotos y quienes luego de eufóricas campañas, ovacionados discursos y pomposos actos de posesión, se sientan en sus escritorios y empiezan a comprender el penoso contexto de un irracional estado, diseñado por los “magos del papel” que acomodan todo en cuadros de excel, pero en la más completa desarticulación con la realidad ciudadana.

¿Qué decir entonces del viacrucis que tienen que padecer personajes como el reconocido maestro Jaime Barbini quien hoy postrado a una silla de ruedas, no solamente balbucea su anhelado sueño de hacer escuelas de teatro en Boyacá, sino que ha tenido que librar otras aguerridas batallas más para que su EPS le brinde el trato merecido que su enfermedad reclama?

¿Acaso su vida no la ha dedicado a la sublime labor del arte, catalogada en artículo 70 de nuestra constitución nacional como la obligación del estado en promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los colombianos en igualdad de oportunidades por medio de la educación permanente y la enseñanza científica, técnica, artística y profesional en todas las etapas del proceso de creación de la identidad nacional?

Si bien es cierto no todos los que practican el arte son merecedores de tales reconocimientos hasta no haber logrado perpetuarse en el imaginario colectivo, amén de sus particulares ejecutorias, si hay personajes icónicos que han triplicado con creces lo que le corresponde hacer al gobierno y han asumido esta responsabilidad transformando positivamente la vida de cientos de niños y jóvenes; tamaña tarea y más teniendo en cuenta las circunstancias en las que desarrollan su quijotesca y monumental obra.

Los BEPS son un programa del ente nacional a través del cual se ofrece una ayuda social a aquellos creadores y gestores culturales que no tuvieron la posibilidad de cotizar en el particular Sistema Nacional de Pensiones, o que no alcanzan el número de semanas necesarias, sin embargo, esto es tan solo un pañito de agua tibia que no soluciona de raíz tan vergonzoso dilema.

Escudriñar esta maraña absurda resulta más engorroso que la misma tramitología estatal, por lo que prefiero no ahondar más en este tema para no distraer el verdadero sentido de esta columna, donde el deseo va más allá de generar espacios de reflexión, para que miremos al detalle cómo dejamos de hacer parte de las estadísticas y nos convertimos en juiciosos analistas, capaces de generar respuestas a interrogantes como el que nos plantea el maestro Miguel Zabala Suárez.

¿A quién corresponde dar solución definitiva a este doloroso cuadro que no pasa de ser más que llamativos titulares de prensa y crónicas de programas de entretenimiento de la televisión nacional que alimentan el morbo?

Corresponde a los “Padres de la patria” y a los legisladores efectuar mesas de diálogo y trabajo concertado con los verdaderos actores para buscar una salida definitiva a uno de los tantos casos de los que solo hablamos en los discursos de tristes sepelios, o en acalorados debates de donde surgen “caudillos” que, al poco tiempo se convierten en candidatos, escudados en el abanderamiento de estas causas, pero que una vez puestos en esas posiciones de privilegio pasan a formar parte de las bancadas que a pupitrazo limpio aprueban y desaprueban leyes y proyectos según sus propias conveniencias.

Corresponde a la ciudadanía no tragar entero y digerir con sumo cuidado estos temas tan importantes para una sociedad. Corresponde a los representantes del pueblo, puestos allí como voceros de las necesidades, apostarles a estos argumentos para que quienes han dado y proporcionan futuros posibles a las comunidades puedan tener unos días, si no llenos de comodidades, sí por lo menos apartados de las afugias diarias que no permiten conciliar el sueño y van apagando poco a poco la existencia, como el cáncer silencioso que corroe traicioneramente hasta los huesos.

Como diría un colega y respetado cultor: “Gracias por los homenajes, por las medallas, los decretos, los pergaminos, las estatuillas y los honores, que, aunque son necesarios ya que todos necesitamos del reconocimiento, más útil resulta tener una vida digna que permita la tranquilidad de poder llevar el pan a la mesa de los hijos o responder a la extensa lista de pagos que por todo concepto llegan cada treinta días por debajo de la puerta y ahora por los tormentosos e inquisidores mensajes de texto”.

Respetuosamente los invito a que formemos un frente común donde converjan propuestas a inmediato plazo para que este tema sea visto con la prioridad y la seriedad que amerita, porque la patética situación de personajes como Jaime Barbini, o los que como el maestro Mancipe pierden la batalla y se marchan a otros hemisferios no da más espera, y mucho menos permite seguirle haciendo el “ole” a una situación tan penosa, convertida en chisme de corrillo o en reclamo permanente, que de tanto repetirlo se convierte, como dice el adagio popular, en “disco rayado”.

Seguramente que, en los próximos días en el calor de los discursos de los candidatos a dignidades regionales y nacionales, volverán a referirse a este tema de manera romántica o con frases rebuscadas que ni ellos mismos entienden, mientras el mal sigue avanzando y se va llevando injustamente a quienes han sido bastión y cimiento de esperanzadores mañanas.