Ángela Alvarado, una boyacense reconocida en Estados Unidos por sus obras enfocadas en la violencia de género, nos cuenta su historia en #LaEntrevista7días

Sus obras a gran escala hablan por ella, o mejor, hablan por las mujeres maltratadas y por la injusticia social. Ángela Alvarado Corson, es una artista oriunda del municipio de Tibasosa que cuenta con más de 20 años de experiencia en instalaciones y murales a gran escala, así como un magistral manejo en el trabajo con carboncillo, óleo y pintura acrílica.

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Ángela Alvarado Corson una boyacense oriunda de Tibasosa lleva más de 20 años en Estados Unidos instalando murales a gran escala y haciendo otros trabajos con carboncillo, óleo y pintura acrílica. Foto: Archivo Particular

Su investigación artística ha incluido recientemente la creación de esculturas en metal. La principal inspiración de esta boyacense proviene de su comprensión de las limitaciones del lenguaje y en los últimos años en sus obras refleja la violencia de la cual es víctima la mujer. Según ella, a través de sus piezas, busca expresar lo que no se puede expresar con palabras y encontrar la manera de llenar los vacíos que se encuentran en la comunicación escrita y oral, todo para hacerle frente a un flagelo invitando a la reflexión.

¿Quién es Ángela Alvarado Corson?

Bueno, yo no soy muy buena para hablar, prefiero pintar. Nací en Tibasosa, no me preguntes mi edad, pero mi mamá era de Tibasosa. Nos fuimos a Bogotá y allí crecí, estudié dos años psicología en la Universidad de La Sabana y un día decidí irme del país. Viajé y me quedé en los Estados Unidos donde ya llevo más de 27 años.

¿Cómo fue ese cambio de estudiar psicología a explorar en el mundo del arte?

Siempre quise el arte, siempre estuve buscando arte. Mi papá quería que estudiara otra carrera que no fuera arte, dizque para que me fuera mejor en la vida y pudiera ser independiente. Alcancé a estudiar unos semestres de sicología, pero cuando me vine a este país, decidí hacer lo que más me gustaba que era el arte. Aquí empecé a tomar cursos, clases y me he dedicado unos diez años de tiempo completo al arte.

¿Cómo fueron sus inicios en el arte?

Como la mayoría de los artistas en esta área, empezamos con aprender a manejar el color o manejar la forma. Hice muchos retratos, trabajé mucho con carboncillo, con óleo, también me dediqué a pintar murales en diferentes escuelas y en casas.

¡Pero en los últimos años su inspiración y su arte han ido cambiando!

Si, mi arte cambió; te puedo decir que mi arte tuvo un vuelco así de casi 90 grados, cuando conocí a Consuelo Córdoba, una mujer que fue víctima de un ataque con ácido por parte de su esposo en Colombia.

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Las obras de Ángela se han mostrado en exposiciones en los Estados Unidos y en otros países. Foto: Archivo Particular

¿Y cómo llegó a ella, cómo la encontró?

Mi hermana es abogada y le estaba llevando su caso, entonces, cuando conocí a Consuelo, me impactó tanto que dije bueno: mi hermana le está ayudando en su tema legal, pero Consuelo es una mujer que necesitaba ayuda económica y organicé un grupo aquí para ayudarla. La verdad, es que me puso a pensar.

¿Y la impactó tanto aquel caso, que le marcó su estilo?

Sí, porque además me di cuenta que muchísimas mujeres estaban viviendo casos similares, que sufrían de la violencia de género. Entonces empecé a crear mi arte con un tema de social, porque pues hay mucho arte para decorar, pero yo quería hacer un arte más para impactar, para crear más conciencia, para que dejara algo más que sólo la impresión de algo bonito y lo artístico.

¿Y al punto de ser invitada a la exposición del museo Holocausto de Houston?

Lo que pasa es que para mí el hecho de hacer esta clase de obras, porque hago mucha obra que impacta, no tiene como objetivo cambiar el mundo solo porque es una obra impactante, no. Para mí el hacer estas obras es el empezar una conversación con el espectador y que esta persona continúe esta conversación con su amigo, con su vecina, con su hijo, con su hija, para empezar a hablar del tema, porque así es como se empieza a hablar del tema, empieza a destapar como este mito. La violencia de género no es un problema exclusivo de Colombia, es un flagelo de todos los países, es una problemática del mundo entero.

¿Es muy diferente lo que pasa en Colombia con lo que ocurre en Estados Unidos?

En Estados Unidos una de cada tres mujeres ha sufrido, sufre o sufrirá una violencia de género y casi siempre por las personas con las que convive. Entonces considero que, si empezamos a hablar del tema a través del arte y en mi caso he tenido esta respuesta, para mí es algo increíble. Que una o dos, que decenas de personas respondan positivamente a esta obra, para mí ya es una ganancia, para mí es algo increíble que a través del arte podemos crear conciencia y disminuir abusos y muertes contra las mujeres.

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Desde 1995, esta boyacense se radicó en Estados Unidos y se ha hecho un nombre por las características de su obra.

¿Qué es ‘Ni una más’?

Una de las obras más apreciadas en esta exposición fue ‘Ni una más’. Para mí el hecho de la violencia de género que sufren muchas mujeres en todos los países, de todas las edades y sin importar su posición social, su condición económica, su nivel cultural, siempre es el mismo, violencia. Es que la violencia de género existe.

¡Y eso es lo que plasmó en esta obra!

Correcto. Decidí hacer esta obra para llamar la atención sobre este problema. Costa de los pies, que son en porcelana y que empecé a trabajar con la cerámica y con escultura. En ‘Ni una más’ transmito que el tema de la violencia de género, no para con simplemente un golpe o una mala palabra, termina cuando la mujer quiere cambiar, o cuando decide irse y el hombre no la deja y es cuando ya pierde su vida por tratar de lograr escapar de esto que ha vivido y sigue viviendo.

¿Qué otras obras tiene en la exposición?

La otra es acerca de las mujeres y se llama ‘Unidas nuestras voces serán escuchadas’. Aquí en Estados Unidos se celebraron en el 2019 los 100 años del derecho al voto de la mujer, entonces dije yo nací con ese derecho, o sea, ese es un derecho por el cual yo no tuve que luchar, pero para llegar aquí a que yo tenga este derecho, hubo muchas mujeres que lucharon por él y así lo concebí.

¿Y qué característica tiene esa obra?

Es una obra en la que encontramos unas flores en cerámica, también en porcelana, flores  blancas y negras que tienen sonido. Lo que quiere decir es que no importa nuestra raza, nuestra edad, nuestro nivel social, si nosotras permanecemos unidas, va a llegar el día en que nuestras hijas van a poder tener todo ese potencial, no solamente el derecho de votar como ya se ha logrado, sino una igualdad entre hombres y mujeres. Esto no implica que nosotros queramos ser más, simplemente queremos estar al mismo nivel de trabajo, de pago y de oportunidades, es solo eso.

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Detrás de cada una de las obras de esta artista hay un llamado directo a la reflexión, al cambio. Foto: Archivo Particular

¿Y cómo nació la obra ‘Número’? 

Esta es otra de las obras en exposición. Cuando yo estaba un día viajando, manejando para mi estudio escuché en el radio una entrevista a un hombre que acababa de salir de la cárcel, lo habían dejado salir después de 42 años por un crimen que él no había cometido. Es una persona de color, entonces hablaba acerca de la injusticia que se da en las cárceles simplemente por la discriminación de raza. Entonces pensé esta persona, por ser de color no tuvo una buena defensa, hay un 40 por ciento de gente de color en las cárceles y también uno de cada cinco prisioneros es latino, pero esas estadísticas, esa situación quise plasmarla en una obra y así nació ‘Numero’.

¿Y cómo la representó?

Es la representación de una cárcel, con unas bolas en cerámica que simbolizan a la población, donde hay más bolas de color que blancas y donde tienen números y los números son porque la gente que va a la cárcel pierde su identidad, empieza a ser solamente un caso, un número más, en el sistema. Esas solo son algunas de las obras con las que llamo la atención, con las que invito a la reflexión.