Centenario del nacimiento de Monseñor Salcedo

Monseñor Salcedo, el visionario que acudió a la radio para educar al pueblo campesino, a distancia.

Monseñor Salcedo, con sus hermanas Isabel y Cecilia en Miami. Fotografía – Archivo particular

La quijotesca figura del curita recién egresado del Seminario Mayor de Tunja, hombre de personalidad y liderazgo, hizo realidad una fantasía que en su momento fue una ilusión lejana y hasta imposible: llevar educación y una luz de esperanza a los campesinos del municipio de Sutatenza, y más tarde a la comunidad rural de Colombia.

El siglo veinte llegó a la mayoría de edad en 1921, año en que nació José Joaquín Salcedo Guarín, en Corrales, Boyacá, el 8 de diciembre. La mayoría de edad de los ciudadanos colombianos, que era de 21 años, fue rebajada a 18 por la ley 27 de 1977.

Corrales, municipio agrícola famoso por sus génovas, fue fundado el 28 de enero de 1782 por Vicente de Rivera y Mendoza, en donde inicialmente funcionaron los corrales para dar descanso al ganado procedente de los llanos de Casanare.

La Colombia de los años veinte era un país rural campesino aferrado a sus tradiciones y prejuicios religiosos y políticos; su estructura era la misma que heredamos de los conquistadores españoles, la minoría privilegiada, descendientes de familias criollas y europeas que habían llegado durante la colonia.

Por esa época, la población de Colombia no superaba los siete millones, y estaba dividida en dos estratos sociales perfectamente definidos: la clase alta y el pueblo. Los padres de José Joaquín eran descendientes de familias europeas. Su padre, José Joaquín Salcedo Cújar, de raíces españolas, y su madre, Eva María Guarín Perry, de origen inglés. La familia Salcedo Guarín llevaba su día a día con modestia. Por aquel entonces, ser pobres no significaba hambre, su existencia era frugal soportable.

A los catorce años ingresó al Seminario Mayor de Tunja, donde, después de salvar algunos inconvenientes por su edad y duda de los teólogos de la vocación del novel aspirante, fue admitido. Su tío Martín Guarín Perry le hizo a la medida el catre, ya que, por su estatura, un metro noventa centímetros, en el Seminario no había una cama en la que se pudiera acomodar, además le obsequió la primera sotana.

De izquierda a derecha padre Antonio José Salcedo G, padre José Joaquín Salcedo G, Ingeniero Guido Salcedo G.1948. Fotografía – Archivo particular

José Joaquín jr. fue encargado del mantenimiento de los laboratorios de química y física, labor a la que se dedicó con gran devoción y entusiasmo, al igual que a la filosofía, cátedra que dictaba el presbítero boyacense Adán Puerto, quien hacía énfasis en la lógica y el pensamiento aristotélicos, temas que cautivaron a José Joaquín, quien fue consciente de que en ningún otro claustro podría profundizar y conocer más la filosofía aristotélica.

No obstante, a pesar de que Aristóteles, la lógica y la literatura marxista estaban en el índice del Vaticano como textos prohibidos por la iglesia católica, estos libros le darían la base y orientación al novel seminarista en su compromiso con la problemática social de Colombia.

La vocación y afanes pedagógicos del seminarista lo llevaron al Batallón Bolívar de Tunja, del que era comandante el entonces coronel Gustavo Rojas Pinilla, futuro presidente de Colombia en el período 1953-1957.

Cuando Joaco le informó al comandante el porcentaje tan alto de analfabetas que conformaba la tropa, se sorprendió y no dudó en autorizarlo para que emprendiera la campaña de alfabetización que le había propuesto. Así comenzó a tener contacto con el pueblo que él quería educar y orientar.

José Joaquín jr. fue ordenado el 31 de mayo de 1947 y enviado como coadjutor del padre Eliécer Pinto, párroco de Sutatenza, el 23 de agosto de 1947.Sutatenza era una pequeña población ubicada en el sur-oriente del departamento de Boyacá, en el Valle de Tenza. Más que un valle, es una bella y caprichosa formación montañosa andina y meandros del río Sunuba o Bata, a 1.800 metros sobre el nivel del mar, en la cordillera Oriental.

En Sutatenza, el padre Pinto, hombre culto, militante del partido conservador, gozaba de una privilegiada posición económica, gracias a las pequeñas ganancias que lograba de los diezmos y primicias, el ofrecimiento de los Sacramentos, que eran tasados según la categoría del parroquiano. Allí, José Joaquín tuvo que sortear las dificultades de hospedaje, adaptación y la animadversión del párroco, quien veía en su coadjutor un peligro para sus objetivos políticos y sus negocios.

El 16 de noviembre se realizó la primera transmisión de prueba de la nueva frecuencia, el saludo del padrecito y la presentación de un dueto campesino que interpretó un aire de la región. La señal fue captada a dos kilómetros en un radio General Electric alimentado por una gigantesca pila Eveready. Por tanto, esta fecha es considerada el nacimiento de Radio Sutatenza, ACPO (Acción Cultural Popular). De esta forma llegaba a los campesinos una voz amiga que los conectaría con el mundo del que habían estado aislados y marginados por la ignorancia y las distancias geográficas y sociales.

A partir de ese día los campesinos de Colombia comenzarían a recibir educación a distancia, una luz que iluminaria sus mentes, una revolución positiva que tuvo eco en el gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez. No faltaron las voces que censuraron al padrecito por alborotar a los campesinos, quienes no debían ser educados, ya que ellos estaban destinados a los trabajos del campo, sus sementeras, cosechas y animales, y educar a esa gente podría ser peligroso y contraproducente.

Radio Sutatenza nació con un transmisor de radioaficionado y 20 receptores General Electric de tubos, pues aún no se había comercializado el transistor. El valor del radio y la gigantesca pila Eveready era de 150 pesos. Las primeras clases a distancia las dictó el propio padrecito y su tía, Edelmira Salcedo viuda de Parra, quien era la directora de la escuela femenina de Sutatenza.

La primera Escuela radiofónica funcionó en la casaquinta de la familia Sastoque, en las afueras del área urbana de Sutatenza. Constaba de un radio General Electric, una pila, un tablero y un pedazo de riel de 50 centímetros donado por los Ferrocarriles Nacionales de Colombia al padrecito Salcedo, que hacía las veces de campana.

Doña Conchita Sastoque fue la primera auxiliar inmediata, nexo entre radio, alumnos y tablero. Después de cumplir con las faenas del campo, los campesinos atendían puntualmente a las cinco de la tarde el llamado del sonido de un pedazo de riel colgado a un árbol y golpeado con otro pedazo de metal por doña Conchita Sastoque. Este era el llamado para comenzar diariamente las clases a distancia.

El éxito en la disminución del consumo de chicha en Sutatenza llegó a oídos del ministro de Higiene, Jorge Bejarano, quien por orden del presidente Mariano Ospina Pérez había iniciado una agresiva campaña para eliminar legalmente el consumo de chicha. El doctor Bejarano visitó Sutatenza para entrevistarse y conocer al padrecito y los detalles de la obra del curita. La admiración fue mutua a partir de ese encuentro: el padrecito encontró un amigo y leal aliado para sus proyectos.

El 6 de septiembre de 1948, el presidente Mariano Ospina Pérez inauguró oficialmente las Escuelas Radiofónicas, con palabras que dejaban en claro su compromiso con la obra del padrecito Salcedo: “Al llegar las sombras de la noche se inicia para los campesinos de Colombia el amanecer a su inteligencia y de sus mentes”.

Antes de finalizar 1948 Radio Sutatenza contaba con un transmisor de 250 vatios donado por la General Electric y se habían entregado 103 receptores a igual número de escuelas radiofónicas, comenzando así la educación a distancia modelo, que fue la gran novedad de la primera mitad del siglo XX en Colombia.

La Radio Sutatenza y el legado de Monseñor Salcedo. Fotografía – Archivo particular

Gracias a su amistad con Luis Alejandro Salas Lezaca conoció a su tía, la pedagoga María del Rosario Lezaca, quien fue definitiva en la programación y dinámica de la educación a distancia, novedoso sistema que tuvo eco en la prensa capitalina, noticia que llegó a la Unesco, organismo especializado de las Naciones Unidas para el desarrollo de la educación y la cultura, y despertó gran interés por la obra del padre Salcedo, por lo que enviaron a dos expertos para que le colaboraran a la funcionaria.

El año 1954 fue definitivo para Sutatenza. De ser una pequeña población de quince casas, se convirtió en el municipio modelo de Colombia, con calles pavimentadas, se construyeron los institutos femenino y masculino para auxiliares inmediatos de las Escuelas Radiofónicas, se inauguró el barrio Monseñor Ángel María Ocampo, para los empleados de ACPO, las instalaciones para los transmisores y de la sede se ACPO, las residencias Unesco, en donde se hospedaban los visitantes internacionales, quienes llegaban a conocer la obra de monseñor Salcedo.

Se abrieron las granjas experimentales para los alumnos de las Escuelas Radiofónicas y para los niños huérfanos del padre Luna. Se inauguraron el club social, el alumbrado público, el alcantarillado y la arborización de los parques del municipio.

El padre Salcedo, al ser designado prelado doméstico como reconocimiento a su obra y apostolado, es nombrado monseñor por el Papa Pío XII en enero de 1955. Diez años más tarde, el 30 de marzo de 1965, el Papa Paulo VI lo nombra protonotario apostólico, rango pontificio honorífico que lo distingue como monseñor de grandes méritos.

De 1944 a 1947 se le identificó como el seminarista rebelde preocupado por la educación de los menos favorecidos; de 1947 a 1953 como el padrecito Salcedo, el quijotesco coadjutor de Sutatenza que luchaba contra viento y marea por lograr su objetivo: la educación a distancia.

De 1953 a 1955 como el padre Salcedo, el cura que había logrado proyectar sus ideales y obra ante el gobierno colombiano e instituciones internacionales como la Unesco, y la iglesia y el gobierno alemanes. De 1955 en adelante, monseñor Salcedo fue una institución ante el mundo como el gran gestor de la educación a distancia, pionero de la radiodifusión colombiana y quien masificó este medio, gracias a la transistorizacion de la radio en las áreas rurales, pequeñas poblaciones y ciudades intermedias.

En la personalidad de José Joaquín Salcedo Guarín se conjugan las virtudes y la cuota humana de un líder: tacto diplomático para lograr sus objetivos, suspicacia, humor negro, ironía, autoritarismo. Dosificaba la lógica con sus afanes por lograr metas. Trabajador incansable, siempre pensó en grande, visionario, jefe exigente y meticuloso, no descuidaba el más mínimo detalle. Sus amigos lo querían y admiraban, sus enemigos le temían, pero todos lo respetaban.

José Joaquín Salcedo y Luis Alejandro Salas Lezaca se conocieron en el seminario de Tunja, y de este nexo surgió una gran amistad. Luis Alejandro Salas fue uno de los pocos amigos a los que monseñor Salcedo le aceptó sus críticas, acotaciones y recomendaciones. Luis Alejandro era consciente del liderazgo, carácter y energía del curita Salcedo, a quien descifró y entendió. Y para los que muchos consideraban una locura de Salcedo, para Salas era una genialidad de su personalidad.

En el caos del 9 de abril de 1948, Luis Alejandro fue quien rescató a las hermanas menores de José Joaquín Salcedo, Isabel y Cecilia, estudiantes del Colegio María Auxiliadora, acto de gallardía que acercó y unió la familia Salcedo Guarín con los Salas Lezaca, nexo que llevó al altar a Luis Alejandro e Isabel Salcedo el 5 de mayo de 1956. Salas Lezaca terminó su bachillerato en el Colegio San Bartolomé La Merced. Estudió medicina en la Universidad Javeriana, realizó prácticas en la Clínica Santa Bárbara y el año rural en Sutatenza, a petición de su cuñado.

Durante los tres años que vivió en Sutatenza se integró a la infraestructura de ACPO para comprometerse con la medicina rural, colaborando con programas de radio, dictando cursos en los institutos campesinos para auxiliares inmediatos y escribiendo artículos de salud en el periódico El Campesino. También enseñó a los campesinos normas de higiene, moral, física y mental.

El primero de febrero de 1960 el doctor Salas se integró a la institución como docente y consultor médico a distancia. Sus programas de radio y artículos en el periódico El Campesino fueron de gran utilidad para las Escuelas Radiofónicas y la comunidad rural de Hispanoamérica.

El 17 de febrero de 1989 fue nombrado director de Salud y de la División Cultural de ACPO, y en 1990 como director general de ACPO. Luis Alejandro Salas Lezaca, un profesional que, sin ningún afán de figuración, fue definitivo en la proyección de Acción Cultural Popular, un hombre en quien se funden grandes virtudes, difíciles de encontrar en un profesional: lealtad, ética, mística y vocación de educador, comprometido con los campesinos sin otro interés que el del filántropo. Su existencia la ha vivido con el sentimiento y compromiso de la medicina y la educción.

Monseñor Salcedo en Miami 1980. Fotografía – Archivo particular

A comienzos de los años cincuenta llegaron a Sutatenza dos ingenieros electrónicos italianos, Luigi María Pick y Guillermo Quacchia, quienes se encargaron de instalar los transmisores y las tres antenas; además de ellos estuvieron los técnicos Joaquín Bermúdez, Carlos Julio González, Luis Jorge Parra Salcedo, quien fue el que le cedió la beca para el seminario a su primo Juaco; el padre Juan José Mojica, director de ACPO Sutatenza; Numa Pompilio Meza, docente radial; los hermanos cristianos Jorge e Ismael, religiosos franceses expertos en asuntos agropecuarios; Mario Riveros, primer locutor de Radio Sutatenza; Mario Fuentes, técnico automotriz y monitor deportivo; Efraín Medina Mora, director de la Banda musical de Sutatenza, la mejor de Colombia a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta.

Llevó como ama de llaves de la sede de ACPO, residencia en la que se hospedaban las personalidades que visitaban Sutatenza, a Ana Sixta Rodríguez, quien fuera su niñera y nana; su hermana Luisa Salcedo Guarín le colaboró cuatro años en la coordinación y administración de ACPO Sutatenza. En 1954 llevó a Radio Sutatenza a dos grandes profesionales de la radio: Fernando Gutiérrez Riaño, pionero de la radio colombiana, y Juan Clímaco Arbeláez.

El 23 de agosto de 1968, gracias a la cercanía de monseñor Salcedo con el Papa Paulo VI, a quien conoció en el Vaticano cuando gestionaba ante la Secretaría del Estado pontificio ayuda para ACPO. El entonces cardenal Montini quedó gratamente impresionado con el curita colombiano empeñado en educar a los campesinos.

Monseñor Salcedo le inspiraba gran confianza al Papa Paulo VI como comunicador y hombre de medios, por lo que no dudó en llamarlo a Roma en 1965 para que hiciera un concienzudo análisis de su visita a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Esta era la primera vez que un Papa pisaba tierra americana.

Este fue el resumen del informe de José Joaquín Salcedo al Papa. “Su santidad, gracias a la gran cadena mundial de medios de comunicación, se calcula que la audiencia de su alocución en las Naciones Unidas fue de 60 a 70 millones de personas. Es decir, 30 o 40 mil sacerdotes habrían necesitado 20 años para cubrir esa misma audiencia y difundir su mensaje”.

Con el liderazgo que caracterizó a Salcedo, no dudó en invitar al Pontífice a visitar Colombia con estas palabras: “Santo padre, usted ya fue a la América rica, ahora tendrá que ir a la América pobre”. Cuando el Papa decidió visitar la América pobre, concretamente a Colombia, se comunicó con monseñor Salcedo para oficializarle su deseo de dedicarle un día a ACPO para estar en contacto con los campesinos.

Dentro y fuera de la iglesia le hicieron oposición a monseñor Salcedo para que Paulo VI no se reuniera con los campesinos, argumentando falta de seguridad. Afortunadamente Salcedo contó con el apoyo del presidente Carlos Lleras Restrepo y su ministro de Defensa y Gobierno, Misael Pastrana Borrero. El 23 de febrero de 1968, en Moquera (Cundinamarca), Paulo VI inauguró el nuevo transmisor de 250 Kilovatios de Radio Sutatenza y bendijo la cadena radial más potente de América y se reunió en el campo de San José con los campesinos.

El 23 de febrero de 1968 marcó el momento estelar de José Joaquín Salcedo Guarín. Ese día, los campesinos de Colombia, el presidente Carlos Lleras Restrepo, sus ministros y representantes de todos los países de Latinoamérica le cumplieron la cita a monseñor Salcedo para que saludaran al Papa Paulo VI.

La llegada a la presidencia de Alfonso López Michelsen, accionista de Caracol Radio y hombre de grandes pasiones, no había olvidado los roces y celos con monseñor Salcedo, originados por motivos de protocolo durante la visita a Colombia del Papa Paulo VI, en agosto de 1968.

Como accionista de Caracol Radio veía una competencia desleal en Radio Sutatenza, la cadena radial más potente de América, con 730 kilovatios en antena. Porque recibía ayuda del exterior, tenía contratos con el gobierno y no pagaba impuestos por ser una cadena cultural, que destinaba estos fondos para la educación del pueblo, a diferencia de Caracol, que distribuía sus dividendos con sus accionistas.

Lo que significaban ACPO y su fundador para el pueblo campesino despertaba cierto temor en López Michelsen, quien ya lo había manifestado: “¿Se despertará el león y se meterá a la política?”. El ministro de Educación de López Michelsen, Hernando Durán Dussán, suspendió los contratos del gobierno con ACPO y continúo ejerciendo su poder político en contra de monseñor Salcedo. Alfonso López Michelsen fue el único presidente de Colombia que no visitó a Sutatenza, por su animadversión a monseñor Salcedo y a ACPO

Monseñor Salcedo, amenazado de secuestro y muerte por el M19 en 1984 y atacado por los obispos, quienes no estaban de acuerdo con las reformas de los estatutos de ACPO, decidió trasladarse a vivir a Miami. En febrero de1987 le diagnosticaron un edema pulmonar, estuvo tres días en cuidados intensivos, con la prohibición de volver a Bogotá y ciudades que estuvieran por encima de los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Además, la recomendación de los médicos fue estricta: reducción del ritmo de trabajo. El 2 de septiembre, monseñor Salcedo renunció al cargo de director de ACPO ante la junta directiva.

En José Joaquín Salcedo se conjugaron virtudes y defectos, que él hizo factores positivos para lograr hacer realidad su fantasía de ilusiones lejanas para el seminarista que soñó educar a sus hermanos campesinos, en un país tan difícil y desigual como la Colombia de 1947, y cuarenta años después su obra era el ejemplo a seguir a nivel mundial, la cual, gracias a los oficios politiqueros y desleales, se interrumpió, privando de educación al pueblo campesino y a las clases menos favorecidas.

José Joaquín Salcedo lo logró todo partiendo de la nada. Si este líder hubiera encontrado el apoyo leal y verdadero, Colombia sería otra y habría superado el miserable círculo: ignorancia más abandono gubernamental igual a violencia y pobreza.

Monseñor Salcedo, uno de los diez personajes más sobresalientes del siglo XX de Colombia y uno de los 100 en el mundo, fue la más positiva imagen de Colombia ante el mundo, admirado por quienes escribieron la historia del siglo XX, e ignorado por la clase política criolla.

José Joaquín Salcedo Guarín falleció en Miami el 2 de diciembre de 1994, y sus cenizas reposan en el monumento a San Isidro en Sutatenza.

Por: Edgard Hozzman – Londonderry Estados Unidos
Para: Boyacá Sie7e Días